BOCA LO RESOLVIÓ MUY RÁPIDO Y ES FINALISTA
Un trámite. Ni más ni menos. Sin que suene despectivo, así se podría sintetiza el paso de Boca por Colombia. Pero para alcanzar esto tuvo un mérito grande, más allá de los desajustes (por no decir otra cosa) defensivos del América. Es que Boca, aún con la diferencia que logró en Buenos Aires, para muchos decisiva, salió a jugar con una convicción admirable. Quería más, más y más. Parecía insaciable. En los primeros minutos, de visitantes para mayores datos, arrinconó a los colombianos y de la nada creó un puñado de situaciones netas, de esas que se gritan antes que entren.
Por momentos llegaban todos. Tevez, el gran Tevez, manejaba la batuta. Para aquí, para allá, siempre con sutileza, en la individual, también en la colectiva. Sí, vale la repetición: siempre Tevez. Un fenómeno cada día más importante para este Boca dispuesto a todo. Y tuvo al lado a socios que no desentonaron. Delgado, incluso en este mal momento, sacó a relucir el mucho fútbol que tiene adentro. Y sus desbordes por todo el frente de ataque fueron determinantes. Jerez, este atrevido que parece tener un gran futuro, se cansó de pedir la pelota y cuando la tuvo, resolvió como si estuviese jugando en el patio de la casa. Hasta Cagna, a quien se nota inseguro y con falta de fútbol, se lo vio muy metido en lo que quería su equipo. Ni hablar defensivamente. Se armó una línea de cuatro muy segura. Los centrales, sin lucir, fueron impasables. Iba Burdisso y cortaba. Iba Schiavi y también cortaba. Clemente, sabiendo sus limitaciones, se estacionó en el lateral izquierdo y no lo pasaron nunca.
Enfrente, en cambio, la historia era bien distinta. Porque América salió nervioso, sin tener en claro qué quería realmente. ¿Atacar? ¿Defender? Ni una cosa ni la otra. Quedó en una nebulosa intermedia que invitó a Boca a que sacara lo mejor de sí. Y Tevez fue el abanderado. Primero con una definición solitaria, hasta amigable podría decirse. Porque recibió casi en el área chica (con rivales mirándolo de lejos), se acomodó y la tocó al fondo del arco, en forma displicente. Primer gol de la noche. A esa altura todavía no todo estaba resuelto. Pero cuando Tevez metió el segundo, esta vez con una definición soberbia, ahí no se habló más. La clasificación estaba resuelta. Y para rematarla, a los 38 minutos Delgado encaró muy decidido al área. González lo bajó y el árbitro cobró penal. Fue Schiavi y con mucha seguridad le pegó a un costado. Tres a cero. Asunto cerrado, pese a que todavía faltaban cuarenta y cinco minutos.
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