Boca no se frena ante nadie
Sin Basile, ni Battaglia, ni Silvestre, ni Ibarra, Boca enfrentaba una nueva prueba de fuego, esta vez en La Bombonera, ante otro de los equipos que, al menos en los papeles, parece querer pelearle el liderazgo: el Estudiantes de Simeone y de Verón. Venía de triturar en el Nuevo Gasómetro a otro enemigo, el San Lorenzo de Ruggeri, y antes había hecho lo propio con el Independiente de Burruchaga. Es que el equipo dirigido hoy interinamente por Ribolzi viene ejerciendo una llamativa hegemonía en el fútbol local. Tal vez aquellas ausencias podían equilibrar el trámite ante el enemigo de turno.
Pero el pasado reciente indica que cuando cae un soldado en este equipo, el que lo reemplaza rinde. Pasó con las idas de Abbondanzieri, Bilos e Insúa, ausencias que supieron cubrir Bobadilla, Cardozo y Marino. Hoy era el turno de Ledesma, Morel Rodríguez y Calvo de refrendar su presencia en el plantel, para acompañar a los Gago, los Palacio y los Palermo.
Sólo once minutos tardó Boca en empezar a torcer la balanza a su favor. Entró muy nervioso Estudiantes, como sintiendo el peso del compromiso. Errores en las marcas hacían presagiar una caída, tarde o temprano, del arco de Herrera. Pudo haberse puesto en ventaja cuando Galván remató defectuosamente, sólo en el segundo palo, un centro de Pavone. Pero llegó la desatención de Casierra, habilitando a todos parado junto a un palo después de corner. La pelota quedó suelta en el área chica y el oportuno Palacio sólo tuvo que empujarla a la red.
Boca es tremendamente eficaz. Y al mismo tiempo su propuesta es simple. El equipo juega igual, calcado, domingo a domingo. Abre los partidos, los controla y, si le dan espacios los liquida con una frialdad que asusta a cualquier rival. Tiene en Palacio un delantero inspirado y picante, que aparece por derecha o por izquierda para abrir las defensas más cerradas. En Gago un distribuidor criterioso del juego. Y junto a ellos ninguno de los intérpretes desentona.
Desde que se puso en ventaja reguló el partido a voluntad. Tuvo suerte, es cierto, cuando un derechazo de Pavone se estrelló en el travesaño. Y en el final del primer tiempo, cuando un zurdazo de Calderón se fue ancho del segundo palo. Pero también pudo haber aumentado su ventaja en un par de contras que no fueron bien resueltas o terminaron en las manos del arquero Herrera.
Estudiantes mostró lo suyo. Más allá de las distracciones defensivas mencionadas, cuando tuvo la pelota Verón juntaba marcas y descargaba la pelota por los laterales para abrir espacios y burlar la presión asfixiante de la defensa de Boca. Pero pronto, a poco de comenzada la segunda mitad, se quedó sin una de sus puntas, Pavone, por doble amonestación –le entró muy mal a Morel Rodríguez-. Y su defensa seguía siendo una invitación para los delanteros locales. El equipo de Simeone quedó pronto contra las cuerdas, le llegaban una y otra vez con mucha facilidad y, con Calderón muy solo arriba, se quedó sin peso ofensivo.
Y aunque se las ingenió para llegar un par de veces con el único delantero que le quedaba, fue Boca el que volvió a gritar. Gago puso un pase profundo para la escapada de Cardozo. El volante eludió al arquero y tiró un centro bajo que se metía en el arco: Martín Palermo la empujó y no festejó por su pasado pincharrata.
Faltaban unos veinte minutos y a Estudiantes no le quedaba otra que la resignación. Seguía defendiendo mal, y encima le expulsaron al arquero –Herrera lo bajó mal a Palacio afuera del área, y Lunati le mostró la roja-. Agotados los cambios, Pablo Alvarez se tuvo que calzar el buzo y los guantes. Si once contra once Boca era muy superior, con dos jugadores más no había partido. Sus jugadores se apiadaron del rival y levantaron el pie del acelerador. Los ole bajaban de los cuatro costados de La Bombonera. Y sólo hubo que esperar el final.
Boca es una máquina de ganar. Es de otra galaxia. Llegó a las 12 victorias consecutivas y le falta una para igualar el récord del San Lorenzo de Manuel Pellegrini. Encima ya enfrentó -y les ganó- a tres de los rivales directos por el Apertura 2006. Recién van cinco fechas y, aunque falten 14, da la sensación que el torneo avanza hacia un final repetido.
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