BOCA PEGÓ UN GRITO EN CALI QUE TUVO TODO SU SELLO
Y el Boca coraje aparece cuando tiene que hacerlo. Arrancó mal el año, pero cuando tiene que poner sobre el césped toda su autoridad, dice presente. Porque sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. No seduce, no es vistoso. Pero tiene una eficacia digna de todo elogio. El campeón del continente derrotó a Deportivo Cali con justicia —con un gol de Fabián Vargas, ex América, para colmo— y se trepó a la punta del grupo 8 poniendo las cosas en su lugar.
Los primeros 45 minutos fueron interesantes por la propuesta táctica de ambos equipos y por la intensidad que tuvo el encuentro. Pero faltó lucidez. Hubo ritmo, por momentos vértigo, muchas ganas aunque poco fútbol asociado. Y dentro de ese panorama, Boca lo controló bien al Deportivo Cali. Porque con las dos líneas de 4 que le puso por delante, le cortó el circuito de juego a los colombianos de tres cuartos de cancha hacia adelante. Así, no le permitió desarrollar el fútbol fluido y rápido a Máyer Candelo, Alvaro Domínguez, Barbacoa Castillo y a los dos carrileros, Hurtado y García.
El primero objetivo —cortarle el juego al Cali— Boca lo cumplió con creces. Pero no se quedó sólo en eso. Cuando pudo, intentó el desprendimiento de algún volante. Y el que más se desenganchó fue Fabián Vargas. Aunque otras veces, fueron Villarreal y —en menor medida— Caneo. Destacable fue también el esfuerzo que tuvieron que hacer Tevez y el Mellizo Barros Schelotto para retrasarse en búsqueda de la pelota. Y Cascini fue importante en lo suyo. Casi jugó el partido ideal porque metió pierna fuerte (fue el primer amonestado, a los 8 minutos, por bajarlo a Juan García), por hablarle todo el tiempo al uruguayo Jorge Larrionda, por manejar las cosas desde adentro de la cancha.
Y en dos jugadas, Boca estuvo a punto de romper el cero. A los 15 minutos, Guillermo bajó de cabeza un centro desde la derecha de Perea, Tevez se la tocó a Vargas y la media vuelta del colombiano pasó cerca del poste derecho. Y a los 37 minutos, Guillermo mandó el tiro libre al corazón del área y el furibundo cabezazo de Schiavi (ganándole a Mera) fue desviado espectacularmente por el arquero Breinner Castillo. Boca, la solidez de Boca, merecía que cualquiera de las dos acciones terminaran en gol.
Lo de Cali fue más limitado. Intentó con pelotazos cruzados y lo único que consiguió fue arrimarse a Abbondanzieri con algunos tiros de esquina. Sólo cuando la pelota pasó por Alvaro Domínguez, el cuadro local tuvo alguna chance de inquietar al Pato. Porque lo poco que tuvo Cali nació del juvenil volante que se destacó en el Preolímpico de Chile. Como ese cabezazo sin potencia, a los 35 minutos, que detuvo sin problemas el arquero de Boca. O el remate desde 30 metros, en tiempo de descuento, que Abbondanzieri pudo controlar en dos tiempos.
El segundo tiempo fue más abierto porque aparecieron los espacios y hubo más jugadas de peligro, especialmente en el arco de Brecas Castillo. Bernardo Redín puso un delantero (Moreno) por un defensor (Mosquera) pero eso no mejoró el aspecto ofensivo del Cali. Boca siguió manejando la pelota y lo hizo más en el campo local que en el primer tiempo.
Y casi por decantación, llegó el gol. Sacó mal el arquero Castillo, la recuperó Boca en el medio, Villarreal tocó al medio, la dejó pasar Tevez, y Vargas (la pelota pegó en el defensor Barragán) puso el justo 1-0.
Antes, Tevez casi clava un tiro libre en el ángulo derecho. Después, pudo ampliar Villarreal. Hubiera sido merecido. Y habría evitado ese sofocón final, cuando los colombianos —con más vergüenza que fútbol— chocaron con la seguridad de Abbondanzieri para que las cosas quedaran como tenían que quedar.
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