BOCA PEGÓ UN GRITO EN MATADEROS
El nuevo-viejo Boca visitaba por primera vez en su historia Mataderos, luego del enroque de DT, Basile-Lavolpe, y coincidiendo con la desaceleración de su racha ganadora: primero en La Plata (faltan 45 minutos, es cierto), quince días atrás, y en La Bombonera, la semana pasada, con un empate ante Godoy Cruz. Difícil compromiso para uno de los punteros del Apertura 2006, ya que Chicago había ganado los tres partidos jugados como local.
Acompañado por una multitud, el equipo de Motta salió a la cancha muy enchufado y tardó sólo 50 segundos en asustar al de La Volpe: Pellerano robó un pase de Gago y probó directamente al arco: su derechazo se estrelló en el palo derecho de Bobadilla ya vencido.
Tardó Boca en asentarse en el partido y, sobre todo, en el nuevo esquema impuesto por el técnico, con tres en el fondo, cinco volantes y la dupla Palermo-Palacio en el ataque. Una estructura bastante dinámica que por momentos mostraba a un Calvo bajando para sumarse a Díaz en el sector derecho del fondo, o a Gago mucho más adelantado, sorprendiendo casi como un “10” tradicional. Está claro que lo que quiere La Volpe es generar, precisamente, sorpresas.
Como la llegada de Neri Cardozo, a los 11, en posición de “9” para cabecear muy solo un centro de Palacio (había desbordado por derecha) y abrir el marcador. Hay cosas que ya se han visto en la era Basile y sobre eso trabaja La Volpe para agregarle al esquema lo que sus convicciones futboleras le indican.
Y así como había demorado el visitante en acomodarse al partido, tardó Chicago en asimilar el golpe. Anduvo errático por un buen tiempo, sin encontrar la forma de llegar. Porque Donda, Higuaín y Zarif no se conectaban con precisión y Carranza quedaba muy solo arriba como para desequilibrar al prolijo fondo de Boca. No obstante, los locales se las ingeniaban para empezar a tener un poco más la pelota. Los visitantes regulaban y apostaban a un contraataque con la velocidad de Palacio y Cardozo.
A los ponchazos, el equipo de Motta empezó a llegar con cierto dominio de la pelota cerca del área. Sus jugadores tiraban centros desde los costados, principalmente el derecho, y sobre el final de la primera mitad tuvieron dos situaciones de mucho peligro. En la primera, Higuaín saboreaba el empate luego de una serie de rebotes, pero su disparo de zurda encontró bien ubicado a Bobadilla. El mismo destino tuvo una pared entre Zarif y Carranza, que terminó con un derechazo del volante, a las manos del arquero paraguayo.
El comienzo del segundo tiempo fue entretenido, aunque no bien jugado. No habían pasado 8 minutos que Chicago acumulaba dos situaciones claras para alcanzar el empate, ambas de pelotas paradas. Mariano Fernández cabeceó un corner a las manos de Bobadilla y Federico Higuaín capturó un rebote en el área y le pegó de volea con su zurda: la pelota salió apenas por encima del travesaño. Boca respondía con corridas de Palacio, siempre peligroso.
Los locales ponían ganas y algo de fútbol que generaban el Pipa, fundamentalmente, acompañado de Donda y Zarif. Empujaban el partido hacia el área de Bobadilla, pero a menudo pecaban al centralizar el juego y enredarse en la maraña que proponía la defensa visitante. Los dos estaban muy imprecisos. Y en Boca no aparecía la claridad que suele imponerle Gago al mediocampo.
Para bien de los visitantes, el partido se planchó y se hizo muy cortado en el medio. Piernas fuertes, amarillas, pelotazos sin destino cierto y la ausencia de un juego asociado por parte de ambos equipos fueron los rasgos predominantes de un espectáculo que se fue apagando adentro de la cancha y lentamente dejó de tener emociones.
Pero se enchufó la hinchada local y, empujado por su gente, el equipo de Mataderos empezó a apretar a Boca contra su área cuando faltaban quince. Higuaín tuvo su tercera oportunidad y no fue la vencida; un potente zurdazo de Carranza encontró una vez más bien ubicado a Bobadilla y un cabezazo de Sigali se fue por arriba del travesaño. Chicago hacía méritos para llevarse, aunque sea, el empate y encendía el partido con más ganas que fútbol. Boca estaba apurado en el fondo y sacaba todo lo que le tiraban como podía. La pasaba mal.
En su búsqueda de la igualdad, los locales se descuidaban atrás y entonces volvieron las emociones. En una contra, Franzoia (entró en el PT por el lesionado Marino) estrelló un zurdazo en el travesaño: ¿picó adentro del arco la pelota? En otra, Dátolo cabeceó a las manos del arquero Vega. Y del otro lado, Bobadilla salvaba una vez más a Boca ante una entrada de Mattiuzzo, y Krupoviesa despejaba justo a tiempo un centro de Carranza, ante la entrada de Nahuelpan. El final estaba, al parecer, abierto: o empataba Chicago o Boca lo liquidaba.
Los locales lo pelearon hasta el último minuto. El arquero Vega fue a cabecear la última bola de la tarde al área de Bobadilla. Merecieron ampliamente el empate pero sus jugadores fueron imprecisos a la hora de definir. Por eso su público, a pesar de la derrota, aplaudió y cantó hasta varios minutos después del pitazo final de Maglio. El Boca de La Volpe se fue de Mataderos con los tres puntos. Aunque, a juzgar por la expresión final del técnico, con muchas dudas de cara al futuro.
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