BOCA PENTACAMPEÓN DE AMÉRICA
A lo Boca. Así lo planteó Bianchi el partido y, una vez más, le salió redondo. Porque se sabía que los brasileños, con la desventaja encima, iban a atacar desde el primer minuto. Por la derecha, por el medio, por arriba, por abajo. Sí, de todas las maneras posibles. Con Diego, el talentoso Diego, como amo y señor del mediocampo. Y con Robinho arriba, para tratar de ganarle los espacios a Burdisso y a Schiavi.
Este fue el planteo de los primeros quince minutos. Y nobleza obliga, Boca ahí no la pasó nada bien. Primero con un tremendo cabezazo de Alex, de esos que se gritan antes de entrar, y después con una mediavuelta de Diego, que hicieron pensar que el gol brasileño estaba a punto de llegar. Para colmo, Boca se metió muy atrás, con dos líneas de cuatro, que inclinaron en esos primeros minutos decididamente la cancha. Pero de a poco Boca se fue acomodando, a partir de rendimientos individuales muy altos. Uno por línea. Atrás, Burdisso anduvo fenómeno en los cruces y tapó todo lo que andaba por su lugar y también le salvó las papas más de una vez a sus compañeros. En el medio, Battaglia fue león. Corrió a todos y no se cansó nunca, ni siquiera cuando Diego, con esas gambetas profundas, se tiraba hacia los costados y lo obligaba a hacer un recorrido mayor en la cancha. Y arriba, tanto Tevez como Delgado, rotaron por todo el frente de ataque y aprovecharon los espacios que les daban los brasileños.
Con eso le bastó a Boca para salir del ahogo. Y se fue animando, cada vez más. Hasta que Battaglia, en una gran jugada colectiva, habilitó a Tevez, quien adentro del área, con un ojo en la pelota y otro en el rincón donde la tiró, definió a lo grande. Gol. Uno a cero y a esa altura más de uno se sintió campeón.
De ahí en más se vio el mejor Boca, que aprovechó la desesperación de Santos y tuvo mucho tiempo la pelota. Hizo lo que deben hacer todos los equipos cuando quieren defenderse: jugar lejos de su arco. Se adelantó diez metros y esto desorientó a los locales, que no sabían si atacar o defenderse. Así, claro, todo era pura confusión. Y los minutos fueron pasando, en un primer tiempo que Boca lo manejó con su inteligencia habitual: la pasó mal al principio, después sacó la diferencia y de ahí hasta el final se dedicó a jugar. Perfecto en todo sentido.
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