BOCA REENCONTRÓ SU PODER OFENSIVO
Boca un día tenía que volver a ser Boca. No era posible que, de buenas a primeras, se haya olvidado de jugar. Y demostró que tiene fútbol sobre sus espaldas para aspirar a grandes cosas, tanto en la Libertadores, como este caso, o bien en el Clausura.
Boca salió a decir “aquí estoy yo”. Con una actitud arrollador de búsqueda, con el adelantamiento de todos, con el inconfundible apoyo de la gente y, fundamentalmente, con el enorme talento de Carlos Tevez y Guillermo Barros Schelotto.
No extrañó, entonces, que el peligro se instalara desde el vamos en el área chilena. La pelota no salía. Primero fue Carlitos Tevez el que hizo una genialidad y de casualidad no la mandó adentro. También lo tuvo Caneo. Ahí, a esa altura, los hinchas se frotaban las manos y ya se empezaron a ilusionar con una gran actuación.
Hasta que llegó el penal. Fue un momento en el que se mezclaron muchas cosas. Alegría, por un lado. Pero de golpe también aparecieron los fantasmas y, por supuesto, las dudas. Quién debía patearlo era el interrogante. Antes de que desde la tribuna bajara un contundente “Guillermo, Guillermo…”, el propio delantero agarró la pelota y nadie se la pudo sacar. Es verdad, no le dio bien y casi erra un penal por tercera vez consecutiva, pero el gol le dio tranquilidad.
Después de veinte minutos de pura intensidad, el equipo de Bianchi aflojó el ritmo. Por cansancio o conformismo, lo cierto es que Colo Colo pudo salir del encierro e incluso, sin hacer mucho, se las ingenió para merodear la zona de Abbondanzieri.
Igual, siempre fue Boca el que tuvo las riendas del partido. Era cuestión de proponérselo y desequilibrar. Así quedó reflejado cuando Cascini probó de media distancia y el arquero Bravo sacó como pudo.
En los minutos finales de la etapa inicial el juego se emparejó. En realidad, Boca le tiró la iniciativa a Colo Colo para que saliera. Y ahí, con espacios, casi aumenta sobre la hora, cuando Clemente y Tevez armaron una jugada fenomenal que terminó con un violento remate del mellizo. Y otra vez respondió el arquero.
Similar actitud tuvo Boca en el arranque de la segunda parte. Mantuvo la presión y fue decidido a definir el partido. Es que sabía que la diferencia no era garantía absoluta. Tevez, con un cabezazo esquinado, obligó a que el arquero (una vez más) se esforzara para evitar el segundo.
Hacía falta meter el segundo para poder respirar aliviado. Tevez, en el cuarto de hora, llegó al fondo y tiro un centro razante. ¿Los defensores? Mirando la luna. Clemente Rodríguez, en cambio, estaba muy atento y sacó un remate que se fue por arriba.
Muda se quedó La Bombonera cuando en una contra aislada, Espina quedó mano a mano con Abbondanzieri. El volante definió bajo y el arquero, para tranquilidad general, tapó con el pie lo que parecía el empate.
Lo merecía y finalmente llegó. Y fue el mellizo, con una definición cruzada, inatajable, el que marcó su gol número 16 en Copa Libertadores y el segundo de Boca en la noche.
Clemente Rodríguez, con ese andar incansable, siguió buscando. En uno y otro lado. ¿Colo Colo? Desaparecido en acción. No daba señales de vida, mientras que Boca quería más y acumulaba situaciones hasta que llegó el final que tuvo aplausos y más aplausos para una producción muy efectiva.
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