BOCA SACÓ LA DIFERENCIA Y AHORA ESPERA TRANQUILO
Victoria de Boca sobre América de Cali. Dos a cero en una Bombonera repleta. A esta altura, el hincha se pregunta si la final ya está asegurada. ¿Alcanzan esos goles para ir a la revancha a Colombia? ¿O es poco? Ganar siempre sirve, por más suene a frase de Perogrullo. Y más por dos goles. Por eso, con la diferencia en el bolsillo y con el segundo tiempo jugado, la tranquilidad es evidente de cara a lo que viene.
De menos a mayor
Boca arrancó muy apurado, como queriendo resolver todo de un plumazo. Y así, claro, no tardó en caer en repetidas imprecisiones. Para colmo, los colombianos se tiraron atrás y por nada en el mundo quisieron la iniciativa. Un planteo mezquino, podría decirse, pero ojo que también sacaron rápidas contras que, más de una vez, dejaron mal parada a la última línea local.
El problema de Boca en el primer tiempo pasó por su falta de precisión a la hora de manejar la pelota. Ninguno de los volantes se adueñó de la conducción y esto obligó a que el Chelo Delgado, quien salió jugando de punta junto a Tevez, se tirara unos metros atrás para arrancar en tres cuartos de cancha. Y a partir de esto, Boca controló mucho más la pelota, pero perdió peso en los metros finales, donde Tevez quedó solo y su alma para lidiar contra los defensores rivales.
Para colmo, los laterales no le aportaron salida al equipo. Ibarra, después de la inactividad que tuvo por una lesión, no fue el mismo. La pedía siempre, es cierto, pero le costaba proyectarse como lo hace habitualmente. Mientras que Clemente Rodríguez, en el otro lado, jugó mitad con la idea de atacar y la otra mitad preocupado por las corridas de Vásquez, quien se las ingenió para ganarle las espaldas.
Los minutos fueron pasando y el cero se mantuvo. Boca era puro nervio y, en medio de la desesperación, apostó a los pelotazos que no condujeron a ningún lado. También hubo imprecisiones, algunas infantiles como las de Donnet. ¿América? Se lo vio muy tranquilo, como seguro de su poderío y, fundamentalmente, del inteligente esquema con que salió a jugar a una Bombonera repleta.
Cuando aumentó la inquietud, adentro y en las tribunas, todas las quejas recayeron sobre el árbitro paraguayo Epifanio González, a quien culparon (no siempre con razón) de todos los males que andaban dando vuelta.
Así se fue yendo un primer tiempo en el que Boca tuvo el manejo del juego, pero le faltó ese momento de pausa para tratar de lograr el desequilibrio.
A los 41 minutos llegó la primera gran explosión de la noche, cuando el Flaco Schiavi, puro coraje, metió un cabezazo que tras dar en el palo se metió. Uno a cero. Y Boca siguió buscando para tratar de aumentar.
Otra fue la historia en el segundo tiempo. Por ahí sí, Boca se pareció a Boca. No lució ni tiró caños, pero tuvo otra predisposición. Indudablemente el gol lo tranquilizó, le hizo bajar un cambio y no tardó en arrinconar al América, que ya no mostró la seguridad del comienzo. Al contrario, se desesperó y por momentos la pasó verdaderamente mal. Porque Delgado, ya jugando en todo el frente de ataque, se asoció muy bien a Tevez. Además, Caneo (salió a jugar el segundo tiempo en lugar de Donnet) le dio mucha más dinámica al mediocampo.
En el final, el partido se ensució. Se fueron expulsados Ibarra y Castillo, hubo forcejeos y el segundo gol, esa definición exquisita de Tevez, calmó los ánimos. Fue la sentencia de la victoria que permite respirar con tranquilidad.
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