BOCA SÓLO PIENSA EN EL MILAN Y COLÓN SUPO APROVECHARLO
Se trataba del último paso antes de la gran final. Y en la mente de Carlos Bianchi y sus jugadores, Santa Fe surgía como una enorme sala de preembarque con tribunas. Enfrente, además, había un equipo con camiseta rojinegra, los amenazantes colores del Milan. Y aunque es cierto que Esteban Fuertes no tiene nada que ver con Andrei Shevchenko, muy temprano se mostraba contundente como el delantero ucranio. Es así, nomás. Boca tuvo el cuerpo a orillas del Paraná, pero el alma en Tokio. Es que nada tiene que ver el equipo que perdió ayer ante Colón, una versión de emergencia, con aquél que ganó con autoridad este campeonato y buscará el domingo otra Copa Intercontinental en Japón. Y aunque hubo una digna actuación de estos suplentes que merecieron el empate, no hubo lamentos, más allá de una estadística: este Boca es el campeón que menos puntos cosechó en torneos cortos. A pocos les habrá importado. ¿No es lo mismo un punto más o uno menos si al final del camino hay una vuelta olímpica?
Colón, la vedette del torneo en los pronósticos, terminó con un poco de gloria entre tanta pena. Pero no fue sencillo para los santafesinos, quienes creyeron que se iban a comer crudos a los chicos de Boca. Sobre todo después del gol de Fuertes, el más rápido que se anotó en el torneo. Bianchi todavía no se había terminado de sentar en el banco y ya sufría su primer susto: a los 23 segundos, el Bichi, de pasado en River, ganó su Superclásico en las alturas empujando con su cabeza un centro de César Carignano. Uno a cero y, al parecer, asunto resuelto.
Sin embargo, Boca no estaba dispuesto a dejarse llevar por delante. Y entre algunos de los jugadores que irán a Japón (Vargas, Caneo y Colautti) y otro que lo mirará por televisión (Barijho) comenzaron a inquietar a la línea de tres compuesta por Jorge Martínez, Alcides Píccoli (terminó con un esguince en su rodilla derecha) y Ariel Pereyra.
Y se arrimó Boca, con dificultades en la gestación por la ausencia de un conductor con claridad, pero se arrimó. Sobre todo gracias a la participación de Barijho. Después de una buena combinación entre Colautti y Caneo, el Chipi se sacó de encima a un marcador en la puerta del área chica y salvó Tombolini. Enseguida, desbordó Calvo, la peinó Ledesma y otra vez Barijho, entrando por el segundo palo, remató hacia las nubes. La tercera fue la vencida, pero llegó acompañada por una polémica: en la jugada previa, hubo una infracción de Calvo sobre Capurro dentro del área que Pompei cobró afuera. Era penal. Y unos minutos después, Caneo habilitó a Barijho, quien consiguió el empate.
Colón acusó el impacto y con un gran despliegue de Delgado, por fin tomó las riendas del partido. Casi viaja al entretiempo con un triunfo, pero un remate de Geovanni Hernández pegó en el palo. Y en el segundo tiempo estuvo cerca de desequilibrar: Caballero tapó ante Fuertes y Carignano, y también se lo perdieron Píccoli y Maceratesi. Boca respondía con el buen manejo de Vargas y el entusiasmo de Barijho. Pero Tombolini estaba inspirado. Y evitó el segundo ante Colautti. Hasta que los santafesinos se reencontraron con el gol: cambio de frente de Fuertes para Jair Benítez, desborde del colombiano, peinada de Carignano y definición de Maceratesi.
Boca no resignó su búsqueda. Estuvo cerca Barijho, pero Tombolini primero y el travesaño después evitaron que el ex delantero de Huracán redondeara una tarde espléndida. Y Pompei no observó una mano de Benítez en el área. Festejó Colón. La fiesta de Boca había sido hace dos semanas, en la cancha de Racing, ante Arsenal. Ahora, sólo importa buscar la gloria mundial.
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