BOCA VOLVIÓ CON EL PODER DEL GOL
No hay mejor remedio para una crisis futbolera que una buena goleada. Y si es una goleada estridente, frente a un rival directo en la lucha de las posiciones, tiene un valor suplementario. Así fue como Boca, en un miércoles de primavera, encontró el aire para curar su asfixia de derrotas, impaciencias y rumores. El estruendoso 6-0 frente a Vélez, nada menos, no permite profundizar análisis ni críticas. Porque habla por sí solo. Pero tiene aristas, claro. Y destellos. El de Carlos Tevez, por ejemplo. El jugador más desequilibrante de la actualidad futbolera, a los 20 años. Participó en los cinco goles que marcó su equipo mientra él estuvo en la cancha. Alcanzaría con eso para calificarlo. Pero sumó lujos y precisiones cada vez que tomó la pelota. Como si hubiese resurgido de cansancios y lesiones, tras la infinita sucesión de partidos internacionales, para proyectar el empujón anímico que precisaba su equipo.
Y brilló también el destello de Neri Cardozo, un jugador para tener muy en cuenta. Veloz, astuto, hábil, se movió con soltura por todo el ancho de la cancha en posición de volante adelantado. Acaba de cumplir 18 años y ya sumó la experiencia suficiente. Ellos dos fueron los soportes de la goleada. Y quienes ayudaron a disimular algunas falencias, especialmente defensivas.
Alberto Fanesi, el entrenador, planeó para Vélez una formación con tres volantes de llegada (Castromán, Batalla y Gracián) y un delantero real (Valdemarín). Ausente Roly Zárate (no está en plenitud e ingresó en el complemento), el objetivo fue contar con gente capaz de tener la pelota, de jugar con seguridad. Y pareció moverse con coherencia el conjunto visitante en los primeros minutos aprovechando algunos desacoples de la defensa rival por el lado de Morel Rodríguez y Traverso. Pero rápidamente llegó el gol de la descompresión para Boca. Lo inició, claro, Carlitos Tevez. Picó, gambeteó ante Bustamante, giró y remató cruzado. Sessa desvió hacia un costado. Parecía que era de Palermo pero lo cruzó Pellegrino, llegó Guly y la empujó.
Boca dependía de los aciertos de Tevez (un centro atrás fue cabeceado por Palermo y Sessa desvió espectacularmente al córner), pero Vélez manejaba mejor la pelota. Un tiro libre de Gracián tocó un palo y siguió. Sin embargo, Boca establecía el dominio psicológico del desarrollo, aunque no se insinuaba la goleada. Hasta que un tiro libre de Tevez (todos esperaban el remate al arco) fue directo a la cabeza goleadora de Schiavi. Y la etapa cerró 2 a 0.
Vélez quiso modificar sus intenciones y Rolando Zárate ingresó por Gracián. Y también Gorostegui por Bustos. En Boca, el chico Ormazábal —otro buen proyecto— reemplazó a Vargas. Pero no hubo tiempo para nada. Tevez entretuvo la pelota junto al banderín del córner ante Gorostegui y Pellegrino, la pisó, la amasó y la metió de caño (hubo un roce) para Jerez, quien tiró el centro de primera. Cardozo conectó un cabezazo perfecto. 3 a 0. Y partido terminado. El impacto aplastó a Vélez. Y agrandó a Boca. El asunto era disfrutar de Tevez. Y Tevez encaró solo, des pués de ganarle a Pellegrino, por la derecha, gambeteó a Sessa y se iba al gol. Pero Pellegrino, que volvía, lo desplazó con su cuerpo. No pareció penal pero Daniel Giménez lo sancionó. Lo ejecutó Palermo y no falló. 4 a 0.
Y llegó el quinto. El broche de Tevez. Gran pelota de Palermo. Quedó solo. Pero no esperó. Le pegó rápido al segundo palo. Y se fue con una ovación, reemplazado por Cangele. Boca jugaba solo. Se lucía Ormazábal, crecía Ledesma. La gente festejaba cada intervencion de Palermo. Fuentes completó la desgracia de Vélez con un gol en contra.
No hay mejor remedio para una crisis futbolera que una buena goleada. Boca la concretó tres días después de su hecatombe ante Independiente. Y recuperó las ganas de reír.
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