BOCA Y CIENCIANO SE ENFRENTAN ESTA NOCHE A LAS 21.30
Y, qué fue? ¿Varón o mujer?” La ocurrencia de Carlos Squeo alegró la guardia periodística y ratificó lo que deparó esta semana de estadía en Fort Lauderdale: la Recopa Sudamericana fue un parto. Sin la anestesia epidural, claro. Hubo que pujar y pujar hasta que al fin todos quedaron contentos. Bah, no todos.
Porque fueron dos horas y media de presiones, discusiones y explicaciones. ¿Todo para qué? Para confirmar ayer lo que ya estaba estipulado. Que Boca y Cienciano jugarán hoy a las 20.30 de Fort Lauderdale, las 21.30 de la Argentina. Pero nada de lo que rodeó a esta final fue fácil de resolver o comprender.
La reunión estaba pautada para las 10 y a la hora señalada ya estaban en el lobby del hotel Jorge Antico, nexo de la Conmebol y Fox Sports; Eduardo Ostrogovich, representante de la organización; y por Boca, el vicepresidente Pedro Pompilio y otros dos dirigentes, Juan Carlos Crespi y Luis Buzio. Unos minutos después arribó Michael Rodas, responsable del Lockhart Stadium, propiedad del condado de Broward.
Pero el encuentro a cara de perro comenzó a las 10.25, porque esperaron a Miguel Angel Brindisi y a los cinco enviados de Cienciano, encabezados por el presidente Juvenal Silva y el vice del club peruano Alex Cornejo.
A todo esto, el hotel seguía sin aire acondicionado, hecho que molestó sobremanera al plantel, porque el calor hizo complicado el sueño. Y cuando el encuentro comenzó, para darle un toque bizarro, sonó dos veces la alarma contra incendios.
Todo se definiría en un salón. Justo ayer, el Día del Trabajador en Estados Unidos, hubo mucha tarea para hacer. Boca y Cienciano concordaron en jugar el martes a las 20.30. Tuvieron el aval de la Confederación Sudamericana y de Fox Sports, que adelantó el partido entre River y Arsenal por la Copa Sudamericana.
Los problemas surgieron cuando Rodas explicó que el estadio tenía dificultades con la energía, el agua y la seguridad. Por el huracán Frances, claro. Pero también porque la policía trabajó en turnos de doce horas y necesita descanso legal.
Rodas, su chomba azul y su brillosa calva salieron del salón a las 11.17. El regordete encaró hacia los teléfonos públicos, tomó la guía y buscó un número. Dio media vuelta y regresó.
—¿Qué pasa con el estadio?
—Tiene problemas.
Esta única pregunta le hizo olvidar el teléfono que había buscado. Rodas tomó de nuevo la guía, se la llevó al lobby y la dejó abierta en las páginas 338 y 339. Esta vez no lo traicionó la memoria y llamó desde su celular.
Brindisi salió a las 11.27 y regresó 22 minutos después. Miró a un par de periodistas y, cómplice, entró con un gesto sugestivo: se puso en guardia como al ingresar a un ring.
Llegó el tiempo del almuerzo del plantel. Guillermo Barros Schelotto preguntaba a esa altura cuándo se jugaba. “Les aviso que se juega el miércoles”, dijo Alfredo Cascini con sorna cuando pasó.
Hasta que el reloj marcó las 12.55 y llegó la confirmación de esta Recopa Sudamericana que quedará en la historia como un ejemplo de mala organización, por la falta de profesionalismo y por el abuso de una mentalidad mercantilista que transforma al deporte fútbol en una mercancía donde todo puede manipularse.
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