Boca y River chapotearon nueve minutos bajo el diluvio
Apenas 9 minutos le bastaron al árbitro Héctor Baldassi para decidir algo más que lógico: suspender el superclásico entre Boca y River, que jamás tendría que haber comenzado.
La abundante lluvia que cayó sobre el campo de juego de la Bombonera, que jamás se detuvo, derivó en una determinación histórica y entendible, pese al disgusto de los hinchas, que insultan al árbitro y se van con toda la bronca a sus casas.
Dos intentos de Riquelme que se frenaron por el agua, y la casi imposible visibilidad de las líneas de las áreas y los laterales hicieron que el juez cordobés tomara la decisión, junto a los capitanes de Boca y River, Palermo y Gallardo, de dar por suspendido el clásico.
Una pena para la expectativa, un malestar para los hinchas que se acercaron a la Boca, pero una decisión acertada desde todo punto de vista la tomada por Baldassi.
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