BOGGIANO DIJO QUE EL JUICIO ES UNA “INFAMIA”
El suspendido juez de la Corte, Antonio Boggiano, abandonó su habitual actitud de reserva y estalló frente a las cámaras de TV: “¡Cómo me van a decir que actué maliciosamente! ¡Eso es una infamia, una infamia!”, gritó. Fue ayer, al salir de la sesión del Senado, donde hizo el último alegato en el juicio político abierto en su contra y dijo que no piensa en renunciar.
Senadores de los bloques mayoritarios dejaron trascender que el juez sería destituido la semana que viene. Boggiano dijo tener el mismo pronóstico. La sesión en la que se votará el veredicto fue adelantada siete días, y se fijó para el miércoles a las 14.
“Si me destituyen, de ahora en más todo juez deberá temer un juicio político antes de dictar cualquier sentencia”, dijo, y calificó su situación como de “enorme gravedad institucional”.
—¿Quiere decir que no hay estado de derecho?—, le preguntaron.
—Depende de si me destituyen o no—, contestó.
Boggiano está acusado por mal desempeño a raíz de varias causas, entre ellas la conocida como “Meller”, la misma por la que ya fue destituido el ex juez Eduardo Moliné O’Connor. Si finalmente es condenado, se convertirá en el quinto juez de la Corte que deja su cargo desde que asumió Néstor Kirchner como presidente.
Ayer hubo una sesión del Senado de casi cinco horas, especialmente dedicada a escuchar los alegatos finales. La acusación, liderada por el diputado tucumano Ricardo Falú, repitió sus argumentos y dio por cerrada la etapa de “renovación” de la Corte.
Uno de los abogados del juez, Marcelo Sancinetti —que compartió la defensa María Angélica Gelli— repasó los aspectos jurídicos y comparó el caso con el juicio a Sócrates en el año 399 A.C. Y pareció lanzar una advertencia a los senadores, al recordar que de los tres acusadores del filósofo, “dos fueron al destierro y uno fue probablemente ejecutado”.
Boggiano acaparó la atención cuando, en medio de un pesado silencio, hizo su alegato. Entre otras cosas, dijo:
“Este juicio, como diría Cátulo Castillo, es una herida absurda… a todo el poder judicial”.
“Una condena sería absurda y aberrante. Si es así, la vida y la libertad serán concesiones graciosas en manos de quienes tienen el poder de otorgar esa gracia”.
“No renunciaré, porque tengo que defender la dignidad inalienable de la condición de juez”.
“Mantener cuatro años a la Corte bajo juicio político deja la impresión de que no va a quedar ninguno”.
“Un señor senador ha anunciado que votará en mi contra porque aprobé la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, no por las causas que me imputan” (altas fuentes dijeron que se habría referido al tucumano Ricardo Bussi).
“Hay un total desprecio por la verdad, la verdad queda reducida a las mayorías”.
“Lo que importa es destituirme, hacerme desaparecer —jurídicamente, espero—, silenciarme y excluirme de la Corte”.
“Si me destituyen, es más grave que la muerte de Sócrates, es la muerte en su sentido más profundo y existencial (…) Sólo se puede condenar a un juez por algo muy grave, jamás por aplicar la ley como es mi caso”.
Boggiano, que comenzó su alocución con 31 senadores presentes y la terminó con 36, también dio una especie de clase sobre las instituciones republicanas. Dijo que la independencia de los jueces, la defensa de los derechos humanos y la libertad de prensa, “son tres pilares esenciales para que exista un estado de derecho”.
Al salir, un poco más distendido, aclaró que al único jefe de bloque que conoce es al del PJ (Miguel Pichetto). Lo mencionó como “Miguel Piketto”.
—¿Por qué lo pronuncia con “k”?—, le preguntaron.
—Yo siempre lo llamé así… lo que pasa es que ahora se puso de moda eso de la “k”—, ironizó.
Antes de irse, dijo que desde el Gobierno le mandan a decir que “ya no pueden hacer más nada” por él. Y repitió que el juicio es “inconstitucional”, aunque dijo que aún tiene “esperanzas”.
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