BRASIL ADMITE LA GESTIÓN DE LULA, PERO ARGENTINA SE DESPEGA
La Cancillería brasileña confirmó ayer que el presidente Lula da Silva mantuvo “contactos” con su par de Finlandia para buscar una solución al conflicto de las papeleras, al tiempo que el Gobierno argentino reaccionó airadamente a la información de que esa gestión de Brasil fue “secreta” e insistió en que el diferendo con Uruguay es “exclusivamente bilateral”.
Clarín publicó en su edición de ayer que Brasil buscó “ayudar” a resolver el conflicto entre la Argentina y Uruguay y con ese fin, Lula conversó personalmente con la presidenta de Finlandia, Tarja Kaarina Halonen, y le solicitó que hiciera una “gestión” ante la empresa Botnia para parar las obras de construcción de su fábrica de celulosa.
Esa cita y el contenido del diálogo, que los gobiernos de Lula y Néstor Kirchner nunca informaron oficialmente, ocurrió el 6 de abril durante un vuelo en el avión presidencial brasileño que compartieron Lula y Halonen.
Los gobiernos de la Argentina y Brasil se apuraron ayer en acordar declaraciones de desmentida de que esas gestiones reveladas recién ayer por este diario hubieran sido “secretas”.
Durante una rueda de prensa en el Palacio San Martín, el canciller Jorge Taiana sostuvo que “en nuestro habitual diálogo con el canciller de Brasil (Celso Amorin), coincidimos en que las informaciones difundidas esta mañana (por ayer) no reflejan la visión compartida de que la naturaleza del diferendo con Uruguay sobre las plantas de celulosa es de naturaleza exclusivamente bilateral”.
“Mal puede interpretarse que Brasil efectúe gestiones secretas sobre una temática cuyo carácter bilateral se encuentra claramente definido”, añadió.
El canciller, que hizo estas declaraciones al asistir a un evento dedicado a la inclusión social del que participaron parlamentarios de la Unión Europea, afirmó además que Kirchner y Lula “nunca hablaron sobre la cuestión suscitada con Uruguay ni se solicitó intervención alguna en ese sentido”.
Aunque la Cancillería hizo saber que esperaba un comunicado de Itamaraty en la misma línea, lo que hubo fue una declaración del portavoz de Amorim, Ricardo Neiba Tavares.
Este afirmó a Clarín y otros medios que “Brasil no está haciendo mediación o gestión secreta” y por tanto “no tiene ningún fundamento la afirmación de la prensa argentina” al respecto.
Sin embargo, confirmó que “el gobierno brasileño mantuvo contactos con varios interlocutores sobre la cuestión (de las papeleras) como hace habitualmente en circunstancias como ésta”.
La semana pasada, la iniciativa de Lula fue retomada por Amorim, quien conversó con el canciller finlandés Erkki Tuomioja para plantearle la “preocupación” brasileña por el conflicto entre sus vecinos del Mercosur. La gestión involucró al propio canciller Taiana y al uuguayo Reinaldo Gargano.
Pero la trascendencia de esos contactos cayeron mal en el Gobierno argentino, cuya estrategia es mantener el conflicto con Uruguay en el ámbito bilateral.
“Que Brasil aparezca haciendo una supuesta gestión secreta lleva este asunto al ámbito regional del Mercosur, y eso es lo que busca Uruguay”, sostuvo una fuente oficial. El miércoles, el presidente Tabaré Vázquez se quejó de que el Mercosur estaba “tardando demasiado” en responder a su pedido de intervenir en el conflicto y cuestionó duramente al bloque regional, al afirmar que “no sirve”.
Kirchner y Lula podrían verse la semana que viene en una nueva trilateral en Brasilia de la que también participará el venezolano Hugo Chávez. El anuncio de este cónclave, lo hizo ayer el propio Chávez (ver Otra reunión…). Y aunque este supuesto viaje de Kirchner no figuraba en agenda, no sería la primera vez que el venezolano oficia de vocero de actividades compartidas con sus pares de la región.
Cuando Lula habló con Halonen para explorar una vía negociadora, tuvo en cuenta que Botnia es una empresa privada con participación estatal. Ese diálogo ocurrió dos días después de que Botnia decidiera suspender sus obras por tan solo diez días, cuando se le pedía que lo hiciera por tres meses para poder hacer un estudio acabado del impacto ambiental de la instalación de las papeleras. Esa negativa de Botnia fue la que hizo caer una cumbre entre Kirchner y Tabaré.
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