Brasil: Bolsonaro lanza su precandidatura y promete mano dura
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El diputado ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro, defensor de la dictadura militar y condenado en tres instancias por apología de la violación, lanzó oficialmente su precandidatura a presidente y admitió que no sabe de economía pero que aplicará las “enseñanzas que adquirió en Estados Unidos”, en caso ser elegido en los comicios de octubre.
Segundo en las encuestas y favorito absoluto en caso de que no pueda presentarse el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Bolsonaro, un ex coronel del Ejército, se afilió al diminuto Partido Social Liberal, que será la plataforma de su presidencia, y abandonó el Partido Social Cristiano, identificado apenas con el conservadurismo evangélico.
“Reconozco que no entiendo de economía y creo que es un mérito decir que no sé, eso es mucho mejor que decir que uno sabe y equivocarse. Estuve en Estados Unidos para traer enseñanzas de allí”, dijo el diputado del estado de Río de Janeiro.
Adelantó que trabajará, a la par de su candidatura presidencial, para ampliar el bloque conservador que busca endurecer las leyes penales y liberar la posesión de armas.
“El bloque de la bala, llamado así en forma jocosa, se transformará en el bloque de la ametralladora”, bramó anoche durante su fiesta de afiliación, donde decenas de seguidores le gritaban con devoción “Mesías”, “Mito” y “Presidente Militar”.
Bolsonaro, según la última encuesta del Instituto MDA para la Confederación Nacional del Transporte divulgada el lunes, tiene el 16% de intención de voto, menos de la mitad de Lula y el doble que sus perseguidores, la ambientalista Marina Silva y el gobernador paulista, Geraldo Alckmin.
Según varios analistas, si Lula es inhabilitado a presentarse a raíz de una condena por corrupción en segunda instancia, Bolsonaro tendría un lugar garantizado en la segunda vuelta electoral con chances de victoria ante cualquier otro oponente que no sea el líder del Partido de los Trabajadores (PT).
Bolsonaro, quien hace más de una década es diputado –lo era inicialmente por el Partido Progresista (PP, el más involucrado en el Lava Jato– fue sorprendido hace un mes por el diario Folha de Sao Paulo, ante el cual debió reconocer que mantenía a una empleada parlamentaria como “ñoqui”, haciendo de casera en su casa de playa, en Angra dos Reis.
En los últimos meses, Bolsonaro contrató a Paulo Guedes, economista ultraliberal de la escuela de Chicago, para que lo asesore en Economía. En su lanzamiento, Bolsonaro buscó desmarcarse de los achaques nacionalistas que le endilgan en materia económica hablando a favor de las privatizaciones que podría realizar en su gobierno.
“Hay países que compran tierras cultivables en Brasil, nuestro suelo. No podemos entregar nuestras riquezas minerales, nuestras hidroeléctricas a un país extranjero. Apoyo las privatizaciones, pero lo que es estratégico tiene que ser preservado”, aseguró.
Dijo, también, que podría convertir en 20 años al estado amazónico de Roraima, hoy en crisis por la inmigración masiva de venezolanos, en “un Japón” y que trabajará para que Brasil recupere “credibilidad internacional”.
Si bien algunos analistas comparan a Bolsonaro con el presidente estadounidense Donald Trump, su discurso forma parte de la clase política tradicional y de los partidos llamados “de alquiler”, que son claves para los gobiernos para formar mayorías y poder ejecutar sus políticas.
La línea discursiva expresada por el precandidato del PSL es combatir a Lula y a la ex presidenta Dilma Rousseff: “Tuvimos pésimos gobiernos que perdieron confianza externa. Quiero hacer un examen de evaluación educativa al lado de Lula y Dlma y si no tengo una nota mejor que ellos entonces no podré ser presidente”.
Anticipó que planifica un gabinete con militares y volvió a expresar su lucha contra el comunismo, al que vincula con el PT: “Aquellos que me llaman dictador olvidan que los militares fuimos amantes de la libertad y de la democracia. Sólo hay una manera de que la bandera de Brasil vuelva a ser roja, con mi sangre”.
En ese marco, pidió calificar como terrorista al Movimiento Sin Tierra porque “la violencia se combate con energía y, en caso necesario, con más violencia”.
Tuvo una leve crítica hacia el presidente Michel Temer al afirmar que “entrega cargos en ministerios y bancos públicos para satisfacer a grupos políticos”.
Bolsonaro también dijo que su ministro de Defensa será el general retirado Augusto Heleno, quien fue dado de baja la semana pasada luego de sugerir un golpe de Estado contra Temer.
Ambos, Bolsonaro y Heleno, comparten la reivindicación de la dictadura y del que consideran un héroe, el fallecido coronel del ejército Carlos Brilhante Ustra, ex jefe de la policía política del régimen de facto (1964-1985).
Ustra es considerado responsable de las sesiones de tortura que en San Pablo, en 1970, recibió durante 22 días seguidos la entonces activista de la izquierda armada Dilma Rousseff durante su estado de prisión política.
Bolsonaro saltó a la fama nacional como “mito” de la ultraderecha al reivindicar a Ustra durante la votación del juicio político contra Rousseff. “Ella le tenía terror”, festejó.
El diputado también se envuelve en polémicas con el colectivo LGBT pero estas fueron más allá de los límites cuando hizo una apología de la violación contra la diputada del PT y ex ministra de Derechos Humanos de Rousseff, Maria do Rosario Nunes.
La frase que le valió la condena en las tres instancias por apología de la violación, está bañada de violencia de género: “Ella no se merece ser violada porque ella es muy mala, muy fea, no es mi tipo, jamás la violaría. No soy violador, pero si lo fuera, no la violaría, porque no se lo merece”.
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