BRASIL: EL CONGRESO ANALIZA EL ESCÁNDALO
Un día antes del inicio de la investigación parlamentaria sobre los presuntos sobornos en el Congreso brasileño, el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva intentó pasar a la ofensiva ayer al afirmar que quiere “aprovechar” las denuncias de coimas para demostrar su firme compromiso en la lucha contra la corrupción.
“Me gustaría que aprovecháramos este momento para hacer lo que tiene que hacerse en Brasil, porque debemos mostrarle a la sociedad brasileña que es posible acabar con la corrupción”, dijo Lula en su programa quincenal de radio “Café con el Presidente”.
“Me gustaría que un día Brasil alcanzara el nivel al que llegó el operativo Manos Limpias en Italia”, añadió el Mandatario, en alusión al operativo Mani Pulite de los años ‘90, en que las profundas investigaciones de un grupo de fiscales hicieron temblar al escenario político italiano.
“En lo que atañe al Poder Ejecutivo, no dejaremos piedra sobre piedra, vamos a investigar”, añadió Lula, cuyo gobierno atraviesa su peor crisis política en 30 meses. Días atrás había dicho que estaba dispuesto a “cortar en la propia carne” para extirpar la corrupción, lo que desató rumores de inminentes cambios en su Gabinete.
Las declaraciones de ayer del Presidente brasileño tienen lugar en un clima político cada vez más enrarecido por las denuncias del diputado Roberto Jefferson, Presidente del Partido Trabalhista de Brasil (PTB).
La semana pasada, el legislador acusó al oficialista Partido de los Trabajadores (PT) de “comprar” apoyos en el Congreso brasileño con pagos de hasta 12.000 dólares durante los dos primeros años de gestión. Y anteayer amplió sus denuncias al implicar en el esquema de sobornos al jefe de Gabinete de Lula, José Dirceu, así como a varios de sus ministros.
Jefferson declarará hoy ante una Comisión de Etica de la Cámara de Diputados, en una jornada que despierta gran expectativa mediática y que ha sido calificada ya como el “supermartes de la corrupción”.
De hecho, también hoy el líder del PTB podría declarar ante un tribunal interno de la Cámara que inicialmente pensaba interrogarlo mañana, indicaron fuentes legislativas. Y a primera hora del día, además, deberían ser elegidos el presidente y el relator de la comisión parlamentaria que investiga supuestos sobornos en la empresa estatal de Correos, un caso en que, paradójicamente, el principal sospechoso es el propio Jefferson, hasta hace dos semanas un firme aliado de Lula.
TRIBUNA ELECTORAL
El Mandatario brasileño se había opuesto a la creación de esa comisión investigadora por temor a que sirviera de tribuna electoral para la oposición socialdemócrata y de derecha cuando falta poco más de un año para las elecciones presidenciales y legislativas de octubre de 2006.
El PT negó reiteradamente las acusaciones, y también rechazaron las denuncias el Partido Progresista (PP) y el Partido Liberal (PL), las dos agrupaciones aliadas del gobierno de Lula involucradas por Jefferson en el supuesto cobro de sobornos.
Sin embargo, pese a que el diputado del PTB admitió no contar con pruebas para respaldar sus acusaciones, el escándalo tuvo ecos en la Bolsa brasileña, que la semana pasada retrocedió 7 por ciento. Ayer, los mercados volvieron a caer en medio de nuevas versiones sobre renuncias en el gabinete: el índice Bovespa cerró con una caída de 0,2%.
RUMORES DE CAMBIOS
Lula mantiene desde anteayer reuniones con sus principales colaboradores en un ambiente plagado de rumores que contemplan al menos dos opciones: o bien una “limpieza” en el gobierno con el alejamiento de funcionarios investigados o la formación de una nueva coalición que ponga orden en la alianza.
Ayer, las informaciones de prensa eran contradictorias, pero algunos diarios vaticinaban la posible salida de Dirceu, la figura más poderosa del Gobierno brasileño después de Lula.
El propio Dirceu alimentó las versiones al declarar, anteayer, que podría dejar su cargo y “ocupar cualquier (otro) lugar”. De abandonar el Gabinete, el funcionario podría volver a ocupar su banca en el Congreso y defenderse desde allí de las acusaciones.
Pero la crisis política podría dar pie a un recambio mayor en el gabinete de Lula, del que también podría quedar afuera el ministro de Previsión Social, Romero Jucá, y el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles.
Fuentes oficiales admitieron ayer que las actuales discusiones en el oficialismo apuntan a garantizar la gobernabilidad en medio de la crisis y que la intención es formar un eje entre el PT, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, de centro), el Partido Socialista (PSB) y el Partido Comunista de Brasil (PCB).
“Con esa alianza conseguiríamos un piso de unos 200 votos asegurados en la Cámara (sobre 513 escaños), con lo cual estaríamos al abrigo de cualquier riesgo serio”, indicaron las fuentes. El PT necesita alianzas porque sólo tiene 91 Diputados y 13 Senadores (sobre 81).
Así y todo, se resiste a perder la hegemonía en el Gabinete. El partido de Lula ocupa 19 ministerios y secretarías con rango ministerial, contra dos del PMDB, dos del PCB y uno del PSB. El Gabinete está integrado además por dos miembros del PL, uno del PTB, un Verde, un disidente del PPS (ex comunistas) y seis independientes.
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