BRASIL EN SEMIFINALES
Ahí está Brasil, también en semifinales. Aun sin varias de sus figuras (Ronaldo, Roberto Carlos, Ronaldinho) el equipo de Carlos Parreira venció anoche a México y ahora enfrentará a Uruguay por un lugar en la final. No brilla, pero gana, golea. Y lleva la camiseta verdeamarela, con todo lo que significa.
Lo que parecía fortuna para México terminó siendo maldición: el equipo de Ricardo Lavolpe ganó el grupo abrazado a su pragmatismo y al azar favorable en el 1-0 contra Argentina, pero ese liderazgo lo hizo encontrarse con Brasil, ese rival que no es recomendable nunca (ni cuando juega con suplentes).
Y lo padeció. México armó el mismo plan que en el enfrenta miento con el equipo de Marcelo Bielsa. Pero eso le duró sólo 26 minutos. Porque entonces, después de un desarrollo sin demasiado para rescatar, el árbitro Oscar Ruiz vio un penal que no fue (supuesta infracción del arquero Oswaldo Sánchez a Adriano) y Alex, de zurda, lo cambió por gol.
Entonces ya no quedaba más lugar para la mezquindad de los mexicanos. No bastaba con controlar a Luis Fabiano y a Adriano, con rodear a Alex, con tapar las subidas de Maicon y de Gustavo Nery. Tenían que buscar…
Y así Brasil empezó a tocar, a defenderse con la pelota, pero sin entregar demasiado al juego. Y México no tuvo la capacidad para construir pequeñas sociedades creativas que le permitieran desequilibrar. En consecuencia, la única manera que tuvo el equipo de América del Norte fue con remates con pelota detenida y/o desde afuera del área. Un tiro libre de Altamirano y un disparo de Pavel Pardo fueron las únicas aproximaciones. Brotaba una impresión: Brasil estaba agazapado para dar el zarpazo final.
De todos modos, lo de Brasil no fue deslumbrante. Golpeó en el momento justo, mostró algunos destellos y le terminó sobrando. En el primer cuarto de hora del segundo tiempo lo pudo haber resuelto, pero Ruiz le anuló mal un gol a Juan y en un contraataque Luis Fabiano definió apenas desviado. Y poco después, a los 20, Adriano —zurdo, figura y goleador de la Copa América con cinco— definió de manera impecable otro contragolpe. Dos a cero. Después, fueron 25 minutos de más: de impotencia mexicana, de otro gol de Adriano, del cuarto de Oliveira, y de gozo brasileño.
Este contenido no está abierto a comentarios

