BRASIL GANÓ CON LO JUSTO
Mucha expectativa generaba la segunda presentación de Brasil. Es que si bien el debut de los pentacampeones fue con triunfo, el rendimiento en los primeros 90 minutos del Scratch en el Mundial había estado muy por debajo de lo esperado. Con Australia como rival, era hora de que las grandes figuras del máximo favorito al título aparecieran. Para ello, Parreira volvía a apostar en ataque por sus cuatro estrellas: Kaká, Ronaldinho, Ronaldo y Adriano.
Por el lado de los australianos, la idea era repetir lo hecho en el segundo tiempo ante Japón, cuando los ingresos de Cahill y Aloisi le dieron otra dinámica al equipo e hicieron posible remontar el marcador adverso. Además, el 0-0 entre croatas y japoneses con el que se abrió la jornada le daba al conjunto de Hiddink la gran oportunidad de acomodarse en el grupo y soñar seriamente con el pase de ronda.
Brasil fue protagonista en el comienzo, con un Zé Roberto que aparecía más liberado que de costumbre y desbordaba por la izquierda. La primera clara llegó cuando sólo se jugaban dos minutos. Ronaldo dibujó una fantasía en la puerta del área rival y habilitó a Kaká. El volante del Milan le dio de aire y la pelota se fue cerca del primer palo. ¿Australia? Proponía poco, con una línea de cuatro de la que no se desprendían los laterales y un mediocampo batallador que intentaba cortar la lícita asociación entre Ronaldinho y Kaká.
A los 9, Markus Merk (aquel de la recordada tarjeta roja a Messi) sólo cobró falta ante una brutal plancha de Grella sobre Ronaldo. Era jugada de expulsión, pero el árbitro alemán tomó la lamentable decisión de apercibir verbalmente al volante australiano. Mientras, los minutos pasaban y el equipo de Parreira volvía a mostrar pocas variantes en la ofensiva, ya que las proyecciones de Cafú y Roberto Carlos no llevaban peligro al arco de Schwarzer, y Ronaldo y Adriano eran bien contenidos por la defensa rival.
La paciencia del público comenzó a agotarse cuando promediaba la primera etapa. Brasil no tenía profundidad, las individualidades eran contrarrestadas por el juego colectivo del conjunto de Hiddink y algunos silbidos empezaron a bajar desde las tribunas. La imagen de Ronaldinho pisando la pelota y cayéndose solo al piso reflejaba perfectamente la impotencia de los brasileños. Para colmo, el lateral Chipperfield se empezaba a soltar a espaldas de Cafú y le provocaba algún que otro sofocón a Dida.
La lesión de Popovic obligó a Hiddink a mandar a Bresciano a la cancha a los 41. El volante del Parma se ubicó por la izquierda y en tiempo de descuento sacó un interesante remate de derecha que se fue por el segundo palo. Así se cerró una primera parte que entregó poco en el juego de parte de los sudamericanos y en la cual se destacó el empeño y la fuerza física de los australianos. La cara de Parreira camino al vestuario lo decía todo.
¿Cambios para el complemento? Nada de eso, aunque seguramente debe haber habido un pequeño lavado de cabeza, ya que Brasil volvió un poco más enchufado. Y a los 3 minutos, pegó.
Ronaldo recibió de Ronaldinho, la abrió hacia la derecha y encontró a Adriano, quien aparecía en el borde del área. El delantero del Inter dominó la pelota, enganchó para adentro y le pegó rasante, de zurda, anticipando el cruce de Chipperfield. Abrazos, sonrisas y 1-0 para los pentacampeones. Además, por qué no decirlo, mucho desahogo.
Pudo haberle durado poco la alegría a los brasileños, cuando a los 8 Bresciano picó por la izquierda y encaró hacia el arco de Dida. Claro que al jugador australiano le faltó oficio de delantero y su lentitud permitió la recuperación de los defensores rivales. Y tres minutos más tarde, un blooper del arquero brasileño le dejó la pelota servida al recién ingresado Kewell, pero el zurdo del Liverpool la mandó por arriba del travesaño.
El reloj marcaba 20 y el partido era muy malo. La gente en el estadio se preguntaba por el paradero de Ronaldinho, desaparecido en acción. ¿Ronaldo? Lento. ¿Kaká? Impreciso. ¿El resto? Muy tibios y sin ideas. Así, Australia fue ganando en confianza y tuvo una nueva chance en los pies de Kewell, quien de contragolpe volvió a definir por arriba del horizontal. Hiddink vio que la puerta del empate se iba abriendo y se la jugó: Aloisi por Moore.
Contestó Parreira con dos modificaciones (Robinho y Gilberto Silva por Ronaldo y Emerson), tratando de sacar a su equipo del letargo y darle un poco de dinámica y sorpresa. En un rato, el joven del Real Madrid -aprovechando los espacios que dejaba el adelantamiento de Australia- le cambió la cara al ataque de su equipo. Desequilibró a pura velocidad y logró contagiar a Robinho y Adriano.
Bresciano tuvo una muy buena chance de empatar a los 35 con una volea, pero Dida voló para la foto y tapó con mano derecha. Tuvo otra más el volante, con un tiro libre que salió pegado al segundo palo. También Brasil estuvo cerca del segundo, pero el travesaño devolvió el cabezazo de Kaká.
La más clara fue para Viduka, quien luchó toda la tarde contra los centrales brasileños y recién pudo ganar a cinco del final. Definió por arriba, ante la salida de Dida, y la pelota cayó en el techo del arco. Dejó pasar esa gran oportunidad Australia y enseguida estaba lamentándose porque Brasil liquidó el partido de contra. El ingresado Fred tocó para Robinho, quien le pegó por abajo. La pelota dio en el palo y el jugador del Lyon quedó solo y la empujó al gol.
Final relajado, entonces, para los pentacampeones. Lograron la clasificación a octavos de final, aunque no les sobró nada y volvieron a quedar en deuda con el espectáculo. Por ahora, a los de Parreira les alcanza con enchufarse un rato y mostrar su oficio. De todas formas, el equipo deberá crecer en sus próximas presentaciones si es que quiere ratificar su condición de favorito.
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