BRASIL GANÓ CON SUSTO
Se presentaban ellos. Por fin. Ellos, los pentacampeones del mundo y siempre candidatos. Ellos, los que juegan el fútbol más lindo del planeta, los dueños del jogo bonito. Ellos, los que pueden darse el lujo de no depender de un resultado para juntar en la cancha a talentos como Kaká, Ronaldinho, Ronaldo y Adriano. No hace falta aclarar que estamos hablando de Brasil. El equipo de Carlos Parreira ponía primera en este ante Croacia, en Berlín, por el Grupo F.
Y no hizo falta esperar mucho para ver las primeras pinceladas de buen fútbol en los pies de los hombres de la Verdeamarelha. Un toquecito para acá, otro para allá. Siempre cerca del arco de Pletikosa, pero nunca tan cerca. Ahí, en la puerta del área, como esperando el momento justo para acelerar. En Croacia, en tanto, podía verse un equipo que no se dejaba intimidar por la hasta ese momento tibia presión de los brasileños y se paraba bien ordenado en el fondo, agazapado para armar la contra con Niko Kovac.
La primera del penta se hizo esperar, y llegó allá por el cuarto de hora, con un zapatazo con la marca registrada de Roberto Carlos. Cuándo no. Al lateral le dieron unos centímetros y él probó desde lejos los reflejos del uno croata, que respondió mandando la pelota al córner. Del tiro de esquina, llegó otra: Ronaldinho acarició con derecha y volvió a sacar Pletikosa con una estirada. Empezaba a avisar Brasil.
De todas maneras, ojo al piojo, porque el equipo de Parreira no era una maravilla. Si bien es cierto que no escatimaba recursos a la hora de ir a buscar el gol, atrás muchas veces dejaba bastante que desear. Los centrales, Juan y Lucio (algo flojos ellos), defendían solos: Cafú y Roberto Carlos iban más de lo que venían y sólo Ze Roberto y Emerson colaboraban (poco) con los del fondo. Niko Kranjcar pudo comprobarlo cuando tuvo todo el tiempo del mundo antes de darle desde afuera en la primera llegada croata, cuando se jugaban 22 minutos.
Brasil tenía la pelota, la hacía rodar, con paciencia. Pero no lastimaba. Los minutos pasaban y ellos seguían teniendo la pelota, y la hacían rodar con la misma paciencia. Nada parecía hacerles cambiar su manera de jugar. El 0-0 no los inquietaba aún sabiendo que todas las miradas estaban puestas sobre sus espaldas. El rendimiento colectivo del Scratch brillaba por su ausencia. Pero ellos no perdían la calma. Parecía que sabían que en algún momento, alguno de sus estrellas iba a sacar la cara por el equipo.
La vieja y conocida historia de las individualidades: no pueden conectarse, no logran asociarse, no encuentran espacios. Entonces, cuando eso sucede, una de las figuras saca de la galera alguna jugada producto pura y exclusivamente de su talento, su ingenio, su explosión, y cambia las cosas. Kaká agarró la pelota en el centro de la defensa croata, dejó a un hombre en el camino, y con la zurda, la de palo (?), sacó un disparo que se clavó en el ángulo. Así de sencillo. A los 44 minutos del primer tiempo, Brasil gritaba su primer gol en Alemania 2006.
Más allá del 1-0, estaba claro que Brasil no había hecho demasiados méritos como para estar en ventaja. Ronaldo no había logrado encontrar espacios, mucho menos Adriano, y Ronaldinho estaba intermitente. El único que se salvaba era Kaká. Croacia, un equipo duro, ordenado y con buen manejo de la pelota, podía llegar al empate. Sólo tenía que comprometerse un poco más en ataque.
Sólo iban cinco minutos cuando Dado Prso tuvo la primera clara del segundo tiempo. El delantero del Rangers escocés le ganó a Lucio en el mano a mano y metió un derechazo al primer palo que sacó Dida. Segundos después, le quedó un rebote en los pies a Klasnic y le dio de afuera: nuevamente el arquero del Milan salvó a Brasil.
Era cuestión de ir a buscarlo. Era el momento justo para presionarlo e ir por el empate. Brasil no daba ninguna garantía en el fondo y ya no tenía ni la pelota ni peso en ataque. Un cabezazo de Ronaldinho que sacó de manera espectacular Pletikosa era lo único que había ofrecido el equipo de Parreira en la primera media hora. Luego llegó una jugada clara de Prso, que si metía el centro encontraba solo a Srna debajo del arco, un remate del propio Srna que contuvo Dida y otro disparo desde lejos de Babic que cayó en las manos del uno del Scratch.
Para intentar tener la pelota, Parreira sacó a un peso pesado, Ronaldo, y metió a un peso mosca, Robinho. Pero nada cambió. Brasil seguía sin hacer pie en el medio y todo era de Croacia, aunque el conjunto de Zlatko Kranjcar había perdido profundidad y presencia en el área, por lo que no le alcanzó para llegar al empate.
“Los suplentes de Brasil están a la altura de los titulares de Croacia”, había dicho Parreira en la previa. Se le fue la mano. Los once que mandó desde el arranque no fueron más que su rival y terminaron pidiendo la hora. El Scratch fue un equipo pálido, con muy poco de fiesta y demasiado de temeroso. Un equipo que puede desnivelar en cualquier momento con sus hombres de arriba (esta vez apareció Kaká) pero que también sufre horrores cuando lo atacan.
Fue un debut con más dudas que certezas para el gran candidato. De todas maneras, esto recién comienza. No nos olvidemos, por favor, que estamos hablando de Brasil.
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