BRASIL NO RENUEVA SU ACUERDO CON EL FMI, PERO LO ELOGIAN EE.UU. Y EL PROPIO FONDO
Tal como se había anticipado en setiembre pasado durante la visita de Rodrigo Rato a Brasilia, el gobierno de Lula anunció su decisión de no renovar el acuerdo alcanzado en 2002 y extendido un año más tarde con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La decisión de Brasilia fue elogiada por el propio director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, y el titular del Tesoro de EE.UU., John Snow. El FMI “apoya totalmente” la decisión de las autoridades de Brasil de no firmar un nuevo acuerdo, dijo el jefe del organismo de crédito. Y agregó que la decisión de no firmar un programa no implica que se interrumpa la relación entre Brasil y el Fondo.
“En vista del sólido marco macroeconómico e institucional vigente, el compromiso del gobierno de avanzar en más reformas, y la posición en la balanza de pagos mucho más sólida que lo que había sido anticipado antes, las autoridades de Brasil han decidido no solicitar apoyo al Fondo para un nuevo acuerdo. El staff y la gerencia del FMI apoyan totalmente la decisión de las autoridades”, dijo Rato.
A su vez, el secretario del Tesoro de EE.UU., John Snow, dijo que la decisión de Brasil de no renovar su acuerdo con el FMI es una “noticia estupenda” y un “sello” de su éxito económico. “Esta decisión refleja el vigor de la economía de Brasil y de su política económica”, dijo Snow en un comunicado, en el que expresó su “agradado” por el anuncio del Ministerio de Hacienda brasileño.
“Es una noticia estupenda, un sello de los logros financieros del país, y el crédito de este éxito hay que dárselo al presidente Lula”, añadió. “Bajo su liderazgo, la buena política macroeconómica de Brasil redujo la inflación, la deuda del país y colocó los cimientos de un crecimiento económico sólido tras la crisis financiera de 2002”, dijo el funcionario estadounidense. “Las buenas noticias de hoy muestran que se pueden lograr buenos resultados cuando se aplican y se siguen buenas políticas”, recalcó.
Cuando Lula asumió como presidente, anunció una prórroga del acuerdo, por el que recibió críticas, pero que le dio al país acceso a créditos por más de 42.000 millones de dólares, de los cuales sólo fueron utilizados 26.400 millones de dólares.
El actual acuerdo con el FMI había fijado como principal meta la obtención de un superávit primario del 4,25 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI). Sin embargo, el gobierno de Lula optó, en forma voluntaria, por elevar esa meta a un 4,5 por ciento del PBI, como forma de reducir el peso de la deuda pública, que llegó a ser casi del 60 por ciento del PIB, y actualmente está en torno al 51,3 por ciento del PBI.
Tras la crisis cambiaria que castigó a Brasil antes de las elecciones presidenciales de 2002, el gobierno de Lula puso en marcha un drástico programa de ajuste fiscal, que logró restablecer la economía e impulsar el crecimiento económico del 5,2 por ciento registrado en 2004, el más alto en 11 años. Además, el gobierno logró reducir el peso de la deuda pública en relación al PBI y estimular los flujos de inversión privada en la economía, que aumentaron en el 11 por ciento el año pasado, con respecto a 2003.
La decisión del gobierno brasileño contrasta con la opinión de la mayoría de los analistas del mercado financiero. “Es el seguro más barato, en especial en un contexto de menor liquidez internacional. Es cierto que el balance de pagos está muy bien, pero creo que al gobierno no le conviene abandonar ahora al Fondo para tener que volver a principios de 2006, en un año electoral, por la volatilidad internacional”, opinó Marcelo Salomón, economista jefe de Unibanco.
Para Octavio de Barros, economista jefe del banco Bradesco, “los números de la economía brasileña son muy buenos, pero el escenario global es nebuloso. Mantener el acuerdo sería la opción de menor riesgo”.
El Fondo había anunciado la semana pasada la aprobación del décimo y último tramo del préstamo. Y aunque elogiaba “los impresionantes éxitos económicos de Brasil en los dos últimos años”, advertía que la economía brasileña sigue siendo “sensible a las condiciones financieras globales debido a que su deuda pública continúa alta”.
Este contenido no está abierto a comentarios

