BRASIL PIDE ELIMINAR TRABAS COMERCIALES
El ministro de Desarrollo de Brasil, Luiz Furlan, llegó ayer a la tarde a Buenos Aires para firmar hoy el acuerdo que regulará el comercio de autos entre los dos países hasta 2008. Pero Furlan no se tomó ayer un pequeño Lear Jet para 12 personas desde San Pablo sólo para ponerle su rúbrica a un documento ya acordado.
Llega con una oferta y una reivindicación: va a ofrecer financiamiento del poderoso Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) para la compra de autopartes argentinas, pero pedirá formalmente que la Argentina elimine las medidas pararancelarias que poco más de dos años atrás, durante la crisis económica, fueron adoptadas para evitar la invasión de productos brasileños como electrodomésticos de línea blanca, calzado y muebles.
“La fotografía de la Argentina de hoy es mucho mejor que la de dos años y medio atrás, cuando la Argentina dijo que tenía problemas” y que por eso debía tomar aquellas medidas, según dijo Furlan a LA NACION y a otro medio argentino en el aeropuerto de Guarulhos, minutos antes de embarcarse rumbo a Buenos Aires. “Lo que preguntaremos es si aquella situación continúa. Tienen ahora una ventaja sobre Brasil del 40% en el tipo de cambio”, completó.
“ENTRE AMIGOS”
“Es una conversación entre colegas, entre amigos. En aquel momento, comprendimos sus problemas; ahora traten de entender el nuestro. Las empresas brasileñas perdieron competitividad”, lamentó Furlan. “La industria de electrodomésticos de línea blanca, por ejemplo, tuvo una caída en su producción el año pasado.”
La Argentina y Brasil acordaron en febrero la creación de un mecanismo de adaptación competitiva (MAC), que permitiría aplicar salvaguardias de consenso para “frenar” la exportación de un producto al otro mercado, cuando esa exportación produzca daño en la industria del vecino. La MAC todavía no fue aplicada para ningún producto, pero las restricciones que habían sido establecidas por la Argentina -o por Brasil, pidiéndoles a sus industrias que restringieran sus ventas a la Argentina mediante acuerdos privados- siguieron rigiendo.
Furlan se quejó de que las exportaciones brasileñas comenzaron a sufrir una desaceleración en los últimos meses. Sin embargo, cuando se le pidieron las cifras en relación con la Argentina, él mismo se sorprendió al hojear las estadísticas que traía en una carpeta: entre enero y mayo, Brasil acumuló un superávit sobre la Argentina de US$ 1500 millones -que se suman a dos años consecutivos de saldos favorables. Y en ese período, Brasil exportó hacia a la Argentina el 18,5% más que en el mismo período del año pasado, contra un aumento del 16,1% de la Argentina.
Igualmente, insistió en su argumento: “Hoy tenemos un cambio de 2,20 reales por dólar, contra 3 pesos por dólar en la Argentina. Eso es el 40% de ventaja”, calculó.
Como contrapartida para que las autoridades argentinas reciban con buenos ojos la posibilidad de eliminar las restricciones comerciales, Furlan llega con una oferta: “Le vamos a comentar a la ministra Felisa Miceli la posibilidad de considerar que el Bndes financie al sector automotor argentino, en particular la compra de autopartes”, comentó.
“NO PARECE UN MERCOSUR”
Furlan era favorable a que el texto del acuerdo contuviera alguna referencia al libre comercio de autos en el bloque. (La posición argentina es que todavía no hay condiciones para eso, porque Brasil, por tener el mercado mayor, captaría la mayor parte de las inversiones.)
“Ya deberíamos tener libre comercio, si no fuera por las cicatrices que dejaron las crisis económicas de fines de los 90. Ahora, nosotros creemos que el destino del sector automotor es el libre comercio, que es el primer mandamiento del Mercosur”.
Según Furlan, en los próximos seis meses se iniciará un proceso para que el acuerdo sea extendido a los demás países del Mercosur. “Existiendo el Mercosur desde hace tantos años, no hay por qué tener un acuerdo bilateral y no algo para todo el bloque.”
Como un fiel representante del empresariado brasileño en el gobierno de Lula, Furlan no dejó pasar las críticas a los gobiernos en su papel de facilitar el desarrollo económico. “Nuestro gran problema en el Mercosur hoy es reducir costos de infraestructura y de burocracia para atraer inversiones.” Y remató: “No parecemos un Mercosur. ¿Cuánto nos cuestan los camiones parados en la frontera, las demoras en los puertos?”.
Este contenido no está abierto a comentarios

