Brillará Blanca, Celeste y Dorada
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Emotiva despedida de la Selección, con un nuevo triunfo, y ya con las valijas armadas para viajar a Río de Janeiro. Mostró un nivel altísimo que abre una ventana para volver a soñar con grandes resultados.
Se puede soñar una vez más
Están los más chicos, esos nenes que llegan al estadio con camiseta del ídolo de turno e ilusionados por esas hazañas que les contaron sus padres. También los adolescentes, los que eran niños cuando el mundo conoció a la leyenda. Por supuesto que aparecen los adultos, quienes vivieron aquel hito en plena juventud y deliraron en el festejo. Y no faltan los más veteranos, esos que sufrieron otras épocas menos competitivas y, quizá, nunca soñaron con lo que esos muchachos consiguieron más adelante.
Hace unos días en Tecnópolis. El domingo en el Carlos Cerutti para una práctica abierta. En cualquier rincón del país con algún televisor. En una computadora buscando un streaming y peleando contra la mala calidad del mismo que lleva a mirar con ojos achinados. O anoche en el Orfeo Superdomo, con 10.000 personas que se acercaron para tener lo que al final consiguieron, una fiesta. El fenómeno de seguir al equipo se multiplica, porque la comunión de la gente con la Selección argentina de básquet es total. Y si bien dejó de existir desde la práctica, la Generación Dorada encendió hace 12 años (y quizás un poco más también) una llama que será eterna y nunca se apagará por su legado de valores y formas que rompieron las barreras de cualquier resultado. Una grandeza pocas veces vista en el deporte nacional y mundial. Una leyenda que aún está encarnada en esos sobrevivientes que están ahí, en el medio de la cancha, bañándose del cariño en forma de nostalgia. Claro, por más que el foco sea prepararse para Río 2016, en Córdoba está prohibido no disfrutar. Porque acá pasó la última función de Manu Ginóbili en Argentina. Y quizá también la de Andrés Nocioni. Y vaya uno a saber si fue además la de Luis Scola y Carlos Delfino. Sí, fue la hora del agradecimiento eterno hacia los dorados.
La emoción estuvo antes, durante y después del 86-79 ante Francia para cerrar el Súper 4 La Caja. La gente llegó temprano al estadio y trató de quedarse con cualquier tipo de recuerdo, desde el choque de mano cuando los jugadores salieron a mirar el duelo previo entre Serbia y Croacia, hasta la foto o video de todo lo que hizo el equipo en la cancha. La fiesta comenzó rápido con un momento único. Porque la cadena de homenajes que realizó la CABB en la presentación del plantel llegó hasta Delfino (antes, Luifa, Chapu, Manu y Gonzalo García). Piel de gallina, ojos vidriosos y aplausos gigantescos para el hombre que está escribiendo una historia cada vez más increíble. Manu, por su parte, fue el imán constante para todo. Si genera devoción hasta para atarse los cordones, qué decir cuando a los 39 juega como en estos partidos. Una locura. Y ahí también aparece el “olé, olé, olé, Chapu, Chapu” para pedir por el guerrero mientras descansaba en el primer tiempo. Ah, el capitán Luifa también hace levantar a la gente de sus asientos. Y en estos pagos donde se baila cuarteto, justo un local arma el quinteto de ovaciones. Porque en el entretiempo, la pantalla gigante mostró un video para Fabricio Oberto, quien se lleva otra hermosa mención. Y todo el estadio de pie, y las lágrimas vuelven a asomar, porque en el saludo en el centro del campo se juntan los cinco, casi la mitad de aquellos del oro en Atenas.
Ahí están los dorados, cerrando una noche imborrable. Con lo que fueron, lo que son en esta nueva ilusión y lo que serán. Porque ellos son parte de un equipo que enamoró y lo seguirá haciendo con los nuevos. Son nuestra bandera, más que celeste y blanca.
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