BUENA VISTA SOCIAL ROCK
Mirá, va a ser mejor que empecemos la entrevista solos. No sé qué pasó con Edelmiro. Para mí que lo detuvieron por el auto; ya nos pasó esto de esperarlo al pedo en algunos ensayos. Estuvo viviendo unos años en Chile y no hizo el cambio de patente. Es increible, pero el tiempo pasa y nuestros problemas con la cana no se terminan. Primero era por el pelo largo, después por la marihuana, por la cocaína, porque decían que éramos zurdos… Y ahora por un Volkswagen rosa con chapa chilena”, se queja, con una sonrisa cómplice, Héctor Starc, aquel guitarrista del mítico Aquelarre, mientras sus dedos recorren el mástil de su Stratocaster como si fueran las patas de una veloz araña. Los minutos pasan y Edelmiro Molinari —ex Almendra, ex Color Humano— no da señales de vida. Entonces, Starc, al que nadie podría acusar hoy de consumir drogas ni mucho menos de usar pelo largo, habla, abrazado a su guitarra.
“Siempre tuve ganas de armar una reunión importante con músicos de bandas de los 60 y 70. Afuera es muy común; uno ve verdaderos seleccionados de jovatos ingleses o norteamericanos tocando sus viejos hits. Acá, en cambio, es muy complicado. Uno te dice: No puedo porque yo estoy con el productor X y aquel con Y. Otro te dice: Yo con tal ni me hablo. Además, es dificil encontrar a tipos de mi generación que estén bien de salud, no sé si me entendés… Pero el año pasado, cuando Ciro Fogliatta volvió de España después de 23 años me volví loco: para Black Amaya y para mí ver a Los Gatos en los 60 era como ver a Pink Floyd. Invité a Ciro a casa a tocar el órgano Hammond y así fue naciendo La Superbanda. Ibamos a presentarnos en abril de este año, pero se nos cayó el bajista y ahí entró Edelmiro, que recién volvía de Chile”.
Finalmente, La Superbanda hará su presentación en un agosto de 2003 que, casualidad o no, se transformó en un mes de retornos setentistas también en la música. Empezó con el relanzamiento en CD de una serie de discos clave del rock nacional, algunos de ellos de Pescado Rabioso, Aquelarre y Color Humano. Continuó con la vuelta de Gabriela, primera solista del rock nacional. Seguirá hoy a las 20 en el N/D Ateneo con el retorno de Alas, banda que fusionó el tango y el rock a mediados de los 70, formada por Gustavo y Martín Moretto, Alex Zucker, Carlos Rigante, Pedro Aznar y Néstor Marconi. La Superbanda, por último, hará su debut este viernes a las 21, también en el N/D Ateneo.
“Vamos a tocar 25 temas; de Los Gatos, Almendra, Aquelarre, Pescado Rabioso, Pappo’s Blues, Sacramento y todas las bandas en que estuvimos. Y no me gustaría que ningún pelotudo dijera que hacemos covers. El otro día me preguntaron eso. ¿Cómo vamos a hacer covers de nuestras propias canciones?”, se enoja Starc, antes de mirar su reloj y preguntarse qué pasa con Molinari.
¿Te parece que serán vistos como mitos en acción o como esos jugadores que vuelven a sus clubes ya grandes, aclarando “No vengo a robar”?
Querría que nos vieran como a cualquier otro músico. Trabajamos muy bien, con honestidad. Reconozco que hay grupos de rock nacional que se reúnen cada vez que tienen que pagar la boleta de la luz. Este no es el caso. No nos juntamos para pagar el seguro del auto. Nos juntamos porque nos gusta.
¿Hay una especie de revival de los 70 en el plano musical?
No sé si tanto… Tal vez se dieron algunas casualidades. No creo que se haya puesto de moda el rock antiguo. Nadie está especulando ni produciendo a viejos grupos. Yo mismo llamé a todos los productores que hay y nadie fue capaz siquiera de llamarme para decirme: Lo tuyo no me interesa. Si pensás que esta vuelta de los grupos viejos es por guita, a mí no me tocó.
¿Y no puede haber razones sociales?
Sí, en el plano social siento que es un buen momento para volver a tocar. Veo que en el país hay como un brote de querer hacer las cosas mejor. Quizás en otro momento uno no hubiera estado de ánimo para un proyecto así. En los 90 tuvimos diez años de cultura cero. No digo que tengas que ser ingeniero para escuchar rock nacional, pero si no tenés un ápice de cultura te vas a la bailanta y de ahí no salís. Nuestro antiguo presidente inauguró su casa de Anillaco llevando a un grupo cumbianchero en el avión. No se llevó a Luis Alberto Spinetta.
Ustedes empezaron sus carreras en una época de alta politización…
Sí. Había un alta politización y muchos músicos comprometidos con ciertas ideas en un momento muy jodido. No digo que ahora pase lo mismo. Pero hay algo en el aire, ganas de cambiar muchas cosas.
¿Cómo eran percibidos los rockeros desde la militancia? Javier Martínez dijo alguna vez que la izquierda veía al rock como un hecho burgués, capitalista, decadente; y que la derecha lo veía como ateo y destructor de valores occidentales…
Había de todo. Desde músicos como Emilio Del Guercio, que integró listas políticas, hasta gente que decía Yo hago música, de política no me hablen. Aunque yo no milité en ningún partido, desde Aquelarre defendíamos ideas de libertad, no estábamos del lado de los milicos. Emilio escribió Violencia en el parque evocando la matanza de Ezeiza con la vuelta de Perón.
Andrés Calamaro sostuvo que en aquellos años muchos jóvenes se salvaron de la muerte por haberse volcado al rock
A mí me parece un argumento demasiado simplista. Nosotros no estábamos tan al margen: íbamos en cana cada cinco minutos, por la camisa floreada o por el pelo largo. Y si no hubo ningún músico de rock desaparecido fue porque los milicos no entendían nuestras letras, porque no les daba el bocho. Ahora me doy más cuenta de que nos jugábamos la vida. Así como íbamos en cana, podríamos haber desaparecido si a algún coronel se le hubiera ocurrido.
En una nota del 99 decías que Black Amaya te había llevado a un lugar donde te enseñaron a vivir. ¿Qué lugar era?
Bueno, hace ocho años que dejé el alcohol, la noche, los cigarrillos, la cocaína, todo junto. Gracias al Negro, que lleva 13 años limpio. Una noche en que tocamos juntos me llevó a un bar y yo, por supuesto, me pedí una botella de cerveza. Me preguntó: ¿No podés tomarte un café conmigo? Desde ahí me metí en una institución y nunca más tomé. Ahora, cuando formamos La Superbanda, me costó mucho encontrar tipos de mi generación que estuvieran bien. Gracias a Dios logré zafar. Me he convertido en un tipo más o menos normal.
Pappo y Adrián Otero decían el año pasado que los excesos duran lo que dura el hígado. ¿Se cambia por convicción o por falta de alternativa?
No puedo hablar por ellos. Pero en algún momento hay que madurar… Yo dejé a los 45 años. Tenía 45 y andaba con la camperita de cuero haciéndome el Keith Richards con Charly García en el Roxy. Eso ya no puede ser. Gracias a mis cambios pude iniciar este proyecto de La Superbanda y encargarme de tantas cosas que nunca había hecho: hacer de productor, alquilar un teatro… Si yo siguiera tomando falopa y alcohol estaría tirado en la cama y ni hubiera venido a esta reunión. Estoy muy contento de estar sano.
Sos coleccionista de instrumentos y objetos de rock nacional. Parece que no sólo buscás rescatar todo aquello a través de La Superbanda…
Alguna vez hasta pensé en poner una especie de Hard Rock argentino. Pero la verdad es que no puedo estar en un lugar en donde todo el mundo se la pase chupando. Voy a tener que poner una verdulería, un museo, algo lejano al alcohol. Tengo hasta pedazos de guitarras que destruyeron amigos míos como Charly, Spinetta o Pappo. Tengo hasta un Mercedes que no funciona y que fue de Spinetta… Se suele pensar que lo histórico es lo lejano. Pero no. Todo bien con Eric Clapton, pero prefiero coleccionar cosas de mis amigos. Escucho a Edelmiro y se me pone la piel de gallina, aunque en su momento consideraba a la música de Almendra como blanda (toca Muchacha en su guitarra, la canta con tono amanerado y rie).
Sé que tenés una guitarra que era de Nito Mestre, que se la sacaste en malas épocas para él.
Sí, pero la recuperó. Se la había sacado en una época en que Nito estaba muy jodido. Pensé: La va a terminar cambiando por un vaso de vino. Pero dejó de tomar hace mucho años y me la sacó. Si hubiera sabido, lo habría instigaba para que siguiera…
El ulular del teléfono corta la risa. Starc charla en voz baja, corta y dice: “Era Edelmiro. Está demorado por la cana. Me río de los nervios, pero lo mataría.”
Este contenido no está abierto a comentarios

