BUSCAN DESTRABAR EL CONFLICTO QUE PARALIZA A NUEVA YORK
A pesar de la multa aplicada por la Justicia contra el sindicato del transporte público, de un millón de dólares por cada día de paro, los neoyorquinos se enfrentan hoy al segundo día de una huelga del sector que ayer, en su primera jornada, provocó un caos vehicular y obligó a muchos a moverse a pie en medio de las heladas temperaturas de la ciudad.
El paro que comenzó ayer fue decretado por el Sindicato de Trabajadores del Transporte (TWU, en inglés) tras el fracaso de las negociaciones de última hora y el rechazo de los trabajadores a la pretensión de la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA, controlada por el estado de Nueva York) de aumentar la edad de jubilación a 62 años para los futuros empleados, en lugar de los 55 años que rigen para los que ya están en la empresa, e incrementar los aportes jubilatorios del 2% al 6% del salario durante los primeros diez años de trabajo. Además, los sindicatos reclamaban un aumento de 24% en 36 meses y la patronal ofrecía 4% en dos años.
La huelga, la primera del transporte público neoyorquino en 25 años, afectó a los casi siete millones de pasajeros que utilizan cada día la red de subtes y ómnibus de la ciudad.
Hoy entró en su segundo día pese a que las leyes locales prohíben paros en el transporte público y prevén descontar de los salarios de los huelguistas una suma equivalente a dos días de trabajo por cada día de huelga.
Ayer a la tarde, el juez neoyorquino Theodore Jones impuso además al sindicato una multa de un millón de dólares por cada día que dure la protesta, y tanto el alcalde Michael Bloomberg como el gobernador George Pataki inistieron en señalar la ilegalidad de la huelga y en considerarla “un golpe” contra la ciudad. Según había dicho el intendente, el paro costará unos 400 millones de dólares diarios a la ciudad.
Los dirigentes del sindicato anticiparon que apelarán la decisión judicial y que, incluso si hoy se retoman las negociaciones, ven difícil que haya un acuerdo antes del viernes.
Ya ayer se puso en marcha un plan especial que sólo permite el acceso a Manhattan de autos en los que viajen al menos cuatro personas, por lo que miles de conductores aceptaron llevar a desconocidos, mientras que algunas calles fueron reservadas para ambulancias y transporte escolar en medio de enormes atascos en toda la ciudad.
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