Buscan regular los sonidos de bocinas y alarmas
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El proyecto se debate en el Concejo y es apoyado por especialistas y entidades como el Colegio de Ingenieros. Es un plan de mediano y largo plazo.
En el Concejo se busca establecer una nueva regulación de ruidos y vibraciones en Rosario con parámetros concretos y aceptables para la salud humana —en lugar de los indefinidos “ruidos molestos”—, limitando el uso de bocinas, alarmas y de los decibeles que emergen desde boliches, fábricas y construcciones. El impulso de una normativa de estas características, esta vez motorizado por la concejala Celeste Lepratti, lleva años de debates que no terminan de cristalizarse en una reglamentación debido a la amplitud de aspectos que contiene y el lobby de algunos actores clave de la economía local.
Desde el gobierno municipal admiten la necesidad del cambio legislativo. De hecho, el Ejecutivo está llevando adelante un “minucioso” relevamiento que terminará dentro de tres meses con la confección de un mapa de ruidos de la ciudad, tal cual adelantó la directora de Innovación Ambiental, Daniela Mastrángelo.
En tal sentido, la funcionaria puntualizó que desde fines del año pasado se está midiendo el nivel de ruidos en 1.300 puntos del ejido urbano.
La normativa vigente que aborda el tema data de 1972 (decreto municipal Nº 46.542) y contiene numerosas falencias en un contexto de creciente contaminación acústica. “El proyecto está en sintonía con normativas que actualmente son aplicadas en ciudades de países de la región como Uruguay, Chile y México”, consideró Lepratti, concejala del Frente Social y Popular, que retomó la iniciativa del ex edil Alberto Cortés. La misma había llegado a avanzar en algunos de sus aspectos con el Ejecutivo rosarino, pero terminó perdiendo estado parlamentario.
Respaldo profesional
Un cambio legislativo de estas características es respaldado por especialistas, entidades como la Asociación de Logopedia, Foniatría y Audiología del Litoral; el Grupo de Estudios de Ruidos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y el Colegio de Ingenieros.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentado en 2011, “la contaminación acústica de las grandes ciudades es la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales, por detrás de la polución atmosférica”. El relevamiento destaca que el ruido de vehículos puede provocar desde insomnio hasta ataques del corazón, pasando por problemas de aprendizaje y la enfermedad de tinnitus o acúfenos (oír ruidos cuando no hay una fuente sonora externa), entre otros padecimientos.
Los ediles de la comisión de Ecología también se expresaron a favor de la necesidad de modificar una norma que tiene 45 años de antigüedad.
Lo que viene
La ordenanza también prevé establecer límites y prohibiciones; como la propaganda o difusión comercial a viva voz y parámetros para el uso de equipos reproductores en espacios públicos. El proyecto apunta, además, a la regulación del tránsito, en el sentido que le otorga potestades al municipio para que, en caso de que los ruidos comprometan la salud y el bienestar público, pueda intervenir con medidas correctivas.
La iniciativa se ocupa en distintos artículos de las alarmas domiciliarias y de vehículos. Establece limitar a 10 minutos la emisión de este tipo de sonidos. Hoy, por todos lados se escuchan bocinas o sirenas que los propietarios no oyen y que quedan sonando por horas, afectando al resto de vecinos y transeúntes.
A su vez, expone la necesidad de tabular los decibeles no sólo de los vehículos sino también de comercios, fábricas y boliches, entre otros.En el caso de la construcción, regula la carga y descarga de mercadería, el funcionamiento de maquinaria —incluso sobre medianeras— y la inclusión de un estudio de impacto acústico, independiente o dentro del de impacto ambiental.
La norma establece un cambio de paradigma en la regulación de ruidos y vibraciones, esto último no incluido en una legislación local, aunque ya se cayeron varias paredes y propiedades por este problema.
En el articulado se establece un esquema de sanciones para los infractores, que van desde multas económicas a clausuras, inhabilitaciones, cursos de reeducación y servicios comunitarios.
Después de los argumentos presentados por especialistas que participaron del proyecto, el titular de la comisión de Ecología, Osvaldo Miatello, se expresó convencido de la necesidad de que Rosario avance en una ordenanza nueva sobre ruidos. “La vigente es muy obsoleta y actúa sobre el hecho consumado”, consideró.
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