BUSCO MI DESTINO
Aquel equipo que parecía un relojito en el verano anda queriendo salir de la “tempestad” de la que habla su propio DT. Ese otro equipo que a puro fútbol se adjudicó el Pentagonal, sigue peloteando arqueros en busca del gol desaparecido. Y el que se suponía que había recuperado la mística con Pastoriza, anda derecho en la Copa y más que torcido los fines de semana. Ni Racing, ni San Lorenzo ni Independiente encuentran su destino en este Clausura que ya oxidó seis fechas. Sí, ninguno de estos tres grandes está como quisiera.
¿Para qué están?, valdría preguntarse a esta altura. Y una primera respuesta, lógica y atinada, es para mejorar. Para ponerse a tono con el nombre que portan y justificar eso que insinuaban para, de una buena vez, prenderse en serio en la lucha por el campeonato. Un campeonato que, no por usar aún pañales, deja de marcar tendencias.
Como la de un Talleres grato pero no imparable. Como la de un Boca que, justo ante Racing, descubrió que si aprieta puede repetir. Como la de un River que parece haberse descarrilado del fútbol espectáculo para caer en los vaivenes tan comunes en el fútbol nuestro de cada día.
Lo cierto es que los otros tres equipos grandes amagaron con mucho y entregaron menos de lo pensado. Tal vez el que menos sorprenda con su presente gris sea Independiente, que por su plantel cortito y apretado eligió de entrada la Libertadores. Como en los viejos buenos tiempos, también de la mano del Pato mayor. O sea, mientras haya Copa en su presente, Pastoriza y sus jugadores no parecen preocuparse demasiado por la suerte que corran en el Clausura.
Sí, en cambio, hay preocupación —y mucha— en los campamentos de Racing y San Lorenzo, los dos grandes que esta vez no les toca recorrer Sudamérica. Ellos dos sí que tienen como único caramelo a este Clausura.
El Racing del Pato menor va y viene de la Gloria a Devoto desde que sonó la campana. Tan capaz de golear 4-0 a San Lorenzo y ganarle a Vélez con un “fútbol total” —palabras de Fillol— como de caer ante el Central B. Tan desconcertante como para igualarle a Boca y desmoronarse un rato después para terminar 4-1.
En las sucesivas reuniones de autocrítica —lunes, entre los jugadores; ayer, el plantel con Fillol— se llegó a una conclusión: que el equipo es muy joven y demasiado carente de oficio. Y que se precisa con urgencia absoluta un caudillo: vendido Ubeda, Cuenca no puede salir del área y el chileno Pablo Galdames, el otro candidato, tal vez reaparezca recién dentro de tres fechas.
En San Lorenzo, retirado el canoso Beto Acosta, ahora las canas le están saliendo a su amigo Gorosito. Que ya probó cuatro fórmulas de ataque (Carreño-Luna; Román Díaz-Luna; Carreño-Román Díaz y Luna-Peirone), pero ninguna lo colmó: el equipo crea una situación tras otra pero no las concreta. Así, el cuadro de Pipo empata más de lo que gana.
Pastoriza vive con sus sueños coperos y parece razonable. Fillol se escuda en que el objetivo inicial es mejorar la campaña pasada, lo que suena a muy poco ya que en el Apertura salió 11°. Gorosito no se desprende de sus ilusiones de campeonato, pero sabe que si no encuentra el gol, de poco le servirá jugar bien.
Los tres equipos buscan su destino, con los apuros y reparos de cada cual. Saben que están en deuda y que tiempo y paciencia no es lo que justamente sobra. De ellos dependerá el ubicarse en el sitio que les corresponde.
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