BUSH: “ASUMO PLENA RESPONSABILIDAD”
Decidido a combatir las crecientes críticas en su contra y a recuperar el apoyo popular perdido tras la tragedia del huracán Katrina, el presidente norteamericano, George W. Bush, asumió ayer la “plena responsabilidad” por la lenta respuesta de su gobierno al desastre y afirmó que se encargará personalmente de averiguar qué funcionó mal.
“Si el gobierno federal no cumplió sus funciones debidamente, yo asumo plena responsabilidad”, afirmó Bush en un tono decidido durante una conferencia de prensa junto al presidente iraquí, Jalal Talabani.
“Katrina reveló serios problemas en nuestra capacidad de respuesta en todos los niveles de gobierno”, dijo el mandatario. “Quiero saber qué se hizo bien y qué se hizo mal.”
Bush expresó preocupación al preguntar: “¿Somos capaces de lidiar con un fuerte ataque u otra fuerte tormenta? Esa es una pregunta muy importante y es de nuestro interés como nación descubrir exactamente qué sucedió para poder responder mejor”.
Además de este mea culpa, el presidente anunció que mañana viajará nuevamente a Louisiana, en la que será su cuarta visita a la región desde que Katrina azotó las costas del Golfo de México, el pasado 29. Desde ese estado, uno de los más afectados por el huracán, Bush dará un discurso a todo el país en la hora de máxima audiencia en la televisión estadounidense. Será su primer discurso desde que se desató la tragedia.
La lenta e ineficaz respuesta del gobierno federal a la catástrofe provocó una ola de críticas contra la Casa Blanca y empujó la popularidad de Bush a su mínimo histórico (38 por ciento). Un sondeo de Gallup divulgado ayer indicó además que el 54% de los estadounidenses rechaza la forma en que Bush manejó la catástrofe.
Hasta ahora, la única víctima política de la tragedia ha sido el responsable de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), Michael Brown, que anteayer anunció su dimisión. Su sustituto, David Paulison, inició ayer sus tareas y afirmó que dará prioridad a la búsqueda de viviendas permanentes para las miles de personas que fueron evacuadas de las zonas más dañadas por el huracán.
“Vamos a sacar a la gente de los refugios, vamos a avanzar y a darles la ayuda que necesitan”, dijo Paulison.
La enorme región afectada está comenzando a recuperarse muy lentamente, gracias al trabajo de los equipos de rescate y reconstrucción.
El aeropuerto de Nueva Orleáns fue abierto ayer para vuelos comerciales por primera vez desde el paso del huracán y el puerto de la ciudad también reanudó sus actividades, mientras los residentes de la ciudad intentaban volver a la normalidad.
El puerto de Nueva Orleáns estaba listo para recibir ayer su primer barco de carga, que traía a bordo cargamentos de café y productos de madera de la Argentina, Brasil y México, según informó Gary LaGrange, presidente de la autoridad portuaria.
La otra cara del trabajo de los equipos de rescate no es tan agradable y tiene que ver con la recuperación de los cadáveres que aún quedan en la ciudad. El hallazgo de 45 cuerpos en un hospital de Nueva Orleáns, anteayer, elevó el balance total de muertos en toda la región a 657.
El macabro hallazgo desató ayer una polémica en torno de la supuesta responsabilidad de las autoridades del Centro Médico Memorial -acusadas de haber abandonado a los pacientes- y de la lentitud de los equipos de emergencia. El gobierno local anunció que se va a realizar una autopsia a los cadáveres para determinar las causas de su muerte (ver Pág. 3).
Un vocero de la empresa propietaria del hospital, Tenet Healthcare Corp., dijo que algunos pacientes habían muerto antes del arribo de Katrina y que ninguno de ellos había muerto por la falta de alimentos, agua o mal funcionamiento de equipos médicos.
Dave Goodson, un administrador del centro médico, dijo que los pacientes habían muerto mientras aguardaban la evacuación, cuando se cortó el suministro eléctrico y la temperatura en el hospital alcanzó los 41 grados centígrados. Familiares y enfermeras “acompañaban a los pacientes y los abanicaban”, dijo Goodson. “Estos pacientes no fueron abandonados”, afirmó.
Aunque hasta ahora se han hallado menos cuerpos de los que en un principio se temía -se llegó a hablar de 10.000 muertos sólo en Nueva Orleáns-, las autoridades advirtieron ayer que aún quedan lugares por investigar.
“Puede haber mucha gente en esas aguas profundas”, dijo el médico forense Frank Minyard. “Mi gran temor es que encontremos algo muy desproporcionado. Esperamos que no suceda, pero estamos preocupados.”
En efecto, el 40 por ciento de la ciudad aún está bajo el agua. A medida que se va perfilando con mayor claridad la dimensión de la catástrofe, un vocero militar dijo ayer que más de 160.000 viviendas están tan destruidas que no se podrán reparar.
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