BUSH EN BAGDAD: “ES IMPOSIBLE ACABAR CON LA VIOLENCIA EN IRAK”
En un operativo rodeado de secreto y férreas medidas de seguridad, el presidente estadounidense, George Bush, realizó ayer una visita sorpresa de casi seis horas a Bagdad, para expresar su apoyo al primer ministro iraquí, Nuri al Maliki. Al regreso, aseguró que “es imposible” terminar con la violencia en el país del Golfo Pérsico.
“Si el estándar es la no violencia, ese es un estándar imposible de alcanzar”, afirmó Bush a los periodistas que lo acompañaron en el avión presidencial Air Force One, al volver de Bagdad. Pero agregó: “Si el estándar es un gobierno que está comenzando a adjudicarse la confianza de la gente, porque toma acciones inteligentes en términos de ayudar al retorno de la normalidad, entonces creo que este gobierno alcanzará ese estándar”.
En su reunión con el primer ministro Maliki, quien asumió hace poco más de un mes, el jefe de la Casa Blanca afirmó que “nos interesa que Irak salga adelante”, y remarcó que el futuro de Irak “queda en sus manos”. Pero aseguró que EE.UU. se quedará en el país árabe para ayudar a mantener la estabilidad, dijeron altos funcionarios que acompañaron al presidente.
Este segundo viaje de Bush a Irak desde que lanzó la invasión, en marzo de 2003 —el anterior había sido en noviembre de ese año— parece buscar un golpe de efecto, mientras su imagen pública está en caída debido en gran parte a la impopular guerra, en la que han muerto más de 2.000 soldados estadounidenses y una cantidad desconocida de iraquíes, que varias organizaciones ubican en decenas de miles.
Ni siquiera la muerte del terrorista jordano Abu Mussab al Zarqawi, la semana pasada en un ataque aéreo de las fuerzas estadounidenses en Irak, ayudó a elevar la popularidad del presidente. Zarqawi era conocido como el líder de Al Qaeda en Irak, y EE.UU. lo responsabilizó de todos los ataques allí desde 2003.
“He venido no sólo a hablarles directamente, sino también a decirles que cuando Estados Unidos da su palabra, la cumple”, le aseguró Bush al primer ministro iraquí, quien se enteró de la visita apenas minutos antes.
La agenda oficial de Bush indicaba que ayer continuaría la reunión iniciada el lunes en la residencia de Camp David con su gabinete y jefes militares, para analizar la estrategia a seguir en Irak. En ese marco estaba prevista una videoconferencia con las autoridades iraquíes. Pero, en el mayor sigilo, viajó a Bagdad.
El encuentro con Maliki se hizo en un palacio que fue de Saddam Hussein y donde está actualmente la embajada de EE.UU. en la “Zona verde”, el área férreamente custodiada de la capital iraquí.
“Las decisiones que usted y su gabinete tomen serán determinantes para que el país se gobierne, se mantenga y se defienda por sí mismo”, agregó Bush, y se declaró “impresionado por el Ejecutivo” que Mailiki terminó de formar la semana pasada.
Con todo, aclaró que por ahora no se irán los 132.000 soldados de EE.UU. destacados en Irak.
El premier iraquí, a su vez, afirmó que Irak “está decidido a triunfar. Tenemos que vencer a los terroristas y superar todos los obstáculos” con ayuda de EE.UU. “Con el favor de Dios, todos los sufrimientos se acabarán. Y todos los soldados regresarán a su país con nuestra gratitud”.
Ambos se sentaron frente a una larga mesa en un salón con dos pantallas de TV. Una mostraba a los líderes reunidos en Bagdad y la otra a los colaboradores de Bush en Camp David. Entre ellos estaban, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el de Defensa, Donald Rumsfeld.
El viaje se manejó en el más absoluto secreto. “Obviamente, cuando uno ingresa a un escenario donde el enemigo es tan activo, tenemos que tener cautela extrema”, dijo el asesor de la Casa Blanca, Dan Barlett. Y reveló que sólo lo sabían el vicepresidente Dick Cheney, Rice, Rumsfeld y la primera dama, Laura.
El lunes a la noche, Bush se despidió de su gabinete diciendo que estaba cansado, pero salió hacia la Base Andrews, donde tomó el Air Force One y aterrizó en Bagdad 11 horas después.
El presidente llevó puesto un chaleco antibalas de 11 kilos durante el vuelo en helicóptero hasta la Zona verde, contó Barlett más tarde.
La visita duró 5.40 horas. Bush también se reunió con el general George Casey, comandante de las fuerzas de EE.UU. en Irak, y saludó y agradeció a sus tropas.
Mientras, la violencia no da tregua. Cerca de 30 personas murieron ayer y decenas resultaron heridas en unas serie de atentados en Bagdad, Kirkuk y otras ciudades.
Este contenido no está abierto a comentarios

