BUSH GANÓ Y FUE EL CANDIDATO MÁS VOTADO DE LA HISTORIA DE LOS ESTADOS UNIDOS
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, logró ayer la victoria más importante de su vida. Fue reelegido con un margen rotundo que le permite permanecer cuatro años más en la Casa Blanca y reforzar su poder sobre el Congreso, en unos comicios que muchos norteamericanos y el resto del mundo vieron como un referéndum sobre su polémica política exterior y sus valores sociales.
Bush se llevó en las elecciones de anteayer casi todo lo que estaba en juego: aunque prosigue el escrutinio, triunfó en 29 estados, que le dieron 274 votos en el Colegio Electoral, cuatro más de los necesarios para ser reelegido. Con un récord de 59 millones de votos, superó por algo más de tres millones y medio de sufragios a su rival, el senador demócrata John Kerry. Tendrá además el control total del Congreso, donde los republicanos ampliaron su presencia.
Bush prometió ayer gobernar “para toda la nación” al agradecer a los estadounidenses tan rotundo respaldo. “Hoy quiero dirigirme a todos aquellos que han votado por mi adversario. Para hacer a este país más fuerte y mejor necesitaré su apoyo y trabajaré para ganarlo. Haré todo lo que pueda para merecer su confianza”, dijo el presidente.
Se lo interpretó como un intento de acercarse a los demócratas y como un llamado directo a la unidad del país, profundamente dividido por su decisión de invadir Irak, por las controvertidas medidas para combatir el terrorismo y por la guerra sucia que dominó la campaña electoral.
También Kerry, poco antes, había exhortado a “sanar las heridas” que dejó la campaña electoral, la más reñida y polarizada en muchas décadas.
El sólido triunfo de Bush, que se convirtió en el presidente norteamericano que más votos populares obtuvo en la historia, llegó después de diez horas de tensión. La amenaza de una nueva batalla legal por la Casa Blanca, esta vez en Ohio, postergó el resultado de las elecciones hasta recién ayer a media mañana. Tanto el presidente como Kerry necesitaban los 20 votos electorales de ese estado para ganar.
Ayer a la madrugada, las autoridades locales anunciaron que todavía faltaba escrutar los llamados votos provisionales, lo que tomará más de once días. La polémica se desató inmediatamente y reinó la incertidumbre. En ese momento, el mandatario aventajaba a su rival por 130.000 votos. Los demócratas estimaron que había por los menos 150.000 boletas provisionales -que, creían, le podrían otorgar la victoria-, por lo que estaban dispuestos a esperar lo que fuera necesario para saber quién había ganado en el crucial estado.
Sin embargo, tras deliberar durante horas con sus asesores, Kerry advirtió que, incluso computando esos votos, no había posibilidades matemáticas de revertir su desventaja en Ohio. Y, a las 10.30 (hora local), llamó a Bush para felicitarlo por su triunfo.
Así, en las primeras elecciones después del golpe del 11 de septiembre, el mandatario no sólo obtenía lo que su padre, George Bush, no pudo, en 1992 -la reelección-, sino que también conducía al Partido Republicano a una de las victorias más rotundas de su historia. Sumó además una gobernación y logró que la posibilidad de enmendar las constituciones de once estados para prohibir el matrimonio gay fuera aprobada en referéndums.
Eufóricos, cientos de republicanos se sumaron ayer a la tarde a la fiesta demorada que el oficialismo había preparado para celebrar su victoria, en Washington. Ovacionaron sin cesar a Bush, al vicepresidente Dick Cheney y a sus respectivas familias cuando subieron al escenario del Centro Ronald Reagan.
Sonriente y tranquilo, el mandatario agradeció a su mujer, Laura, a sus hijas, a Cheney y a su equipo de campaña, en especial al “arquitecto de la victoria”, Karl Rove, por el respaldo. Pero sobre todo a los norteamericanos. “Estados Unidos ha hablado. Me siento honrado por la confianza de sus ciudadanos”, dijo Bush, en lo que muchos analistas describieron después como un “cambio del tono” que el presidente usó durante su primer mandato.
El jefe de Estado aprovechó su discurso de agradecimiento para adelantar lo que serán las prioridades de los próximos cuatro años. Anticipó que intentará afirmar su millonario recorte de impuestos, reformar la seguridad social, mejorar cada escuela norteamericana. Y, finalmente, prometió estabilizar Irak, el país cuya violenta posguerra amenazó por momentos con truncarle la reelección, y resguardar la seguridad de cada estadounidense con una incesante lucha contra el terrorismo.
Divisiones
Las primeras palabras de Bush, sin embargo, estuvieron dedicadas a Kerry, otro intento de apagar los rencores partisanos que la batalla legal de Florida despertó en 2000 y que la campaña electoral agudizó este año. “El y sus colaboradores pueden estar orgullosos de sus esfuerzos”, dijo.
Dos horas antes, Kerry había reconocido su derrota públicamente, desde su ciudad natal, Boston. “En Estados Unidos, es vital que cada voto sea contado, pero el resultado debe ser decidido por los votantes y no por una lucha legal”, dijo el senador, en referencia al escándalo de Florida, que dio la victoria a Bush hace cuatro años tras la intervención de la Corte Suprema de Justicia.
A sus seguidores, el senador explicó que nunca hubiera abandonado la lucha “si existiera una chance de vencer” las elecciones. “No va a haber un gran número de votos para nosotros en Ohio, y en consecuencia no podemos ganar esta elección”, dijo. Alrededor suyo, muchos demócratas lloraban y su emoción contagió al senador. “Yo les agradezco con todo mi corazón todo lo que hicieron por mí”, dijo y se le quebró la voz. Sin dejar de sonreír, a su lado estaban su mujer, Teresa Heinz, sus hijas, y John Edwards y su familia.
Finalmente, Kerry prometió hacer todo lo posible para mantener vivos “los ideales del Partido Demócrata”.
Esta derrota tan poco esperada deja al Partido Demócrata, cuyos más altos dirigentes ayer anunciaron que renunciarían, sin un líder definido y en desorden. Ayer no pocos analistas hablaban de la oportunidad que se le presenta a Hillary Clinton de convertirse en la voz mandante de la oposición, desde el Senado, para así perfilarse como candidata a la presidencia en 2008
Otra persona sobre la que muchos demócratas depositan esperanzas es el senador Edwards. El ahora ex candidato a la vicepresidencia anunció ayer que los demócratas seguirán “luchando por cada voto”, en lo que se entendió como un anuncio de que intentará mantener la vibrante movilización que llevó a su partido a confrontar en una reñida campaña a Bush.
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