BUSH VIAJÓ A BRASIL Y RESALTÓ SU LIDERAZGO
En las tres reuniones públicas que lo tuvieron como protagonista en la capital brasileña, donde llegó desde Mar del Plata el sábado por la noche, George W. Bush enfatizó el liderazgo regional y hasta mundial del Brasil. Subrayó que a EE.UU. “le conviene trabajar con el país más grande de la región. También se refirió de manera indirecta al mal trago que pasó en la Argentina. Señaló que “hay una visión que busca hacer retro ceder el progreso democrático de las últimas dos décadas, enfrentando vecino contra vecino y acusando al resto por sus fracasos”.
Su primera visita oficial a Brasilia fue un exacto contrapunto de sus vivencias en Argentina. No sólo porque no existieron las enormes marchas en su contra. Ayer, aquí, apenas se juntó un centenar de personas para repudiar su visita. También, porque el presidente Lula se esmeró en darle a Bush una cálida bienvenida. “Las relaciones con EE.UU. están en el punto más alto de la historia de Brasil” festejó ayer un importante colaborador de Da Silva, en un aparte con Clarín.
Bush había salido el sábado de la Argentina sin poder imponer el tratamiento del ALCA en la IV Cumbre de las Américas, por la oposición que ejercieron los cuatro socios del Mercosur más Venezuela. En el balneario marplatense, argentinos y brasileños empujaron hasta último minuto un frente que se opuso al intento de Washington, México y Canadá, de poner fechas al relanzamiento del libre comercio hemisférico. Pero ayer, el brasileño resolvió que era preciso atenuar la sensación de derrota que le dejó a Bush el fracaso de la cumbre de Mar del Plata. Así, el comunicado final sostiene que ambos países reafirmaron el compromiso con el proceso del ALCA y manifestaron expectativas por retomar las negociaciones.
Dicen que fue un gesto para que evitar que el resto del mundo leyera el viaje de Bush a la cumbre como una derrota. A cambio de esta concesión, Bush llenó con elogios sus discursos: “Brasil es un amigo de EE.UU.”, repitió en varias oportunidades. Y sobre Lula dijo en particular: “Le agradezco por su liderazgo en el hemisferio y alrededor del mundo. Embalado, llegó a describir a EE.UU. y a Brasil como “las dos mayores democracias en el mundo” y dedujo que ambos países “tienen la obligación de promover en forma conjunta la paz y la prosperidad en el planeta”. Para Lula, fue un respaldo único del jefe de la primera potencia mundial, en un momento en que la figura presidencial se ve debilitada por la crisis política interna.
Pero no debería leerse que Brasil aflojó con su oposición a lanzar ahora la integración hemisférica. Bush admitió que todavía debe esforzarse para convencer a Lula y al pueblo americano de que “los arreglos comerciales en nuestro hemisferio son buenos para generar trabajo y mejorar la calidad de vida”.
Lula contó que trató “con franqueza las comprensibles diferencias de puntos de vista sobre cuestiones de agenda regional y mundial”. Y aclaró que lo hizo “sin sobresaltos y sin confrontación”. El brasileño subrayó que hay una decisión de colaborar con EE.UU. para un final exitoso de la Ronda de Doha (de la Organización Mundial de Comercio) hasta fines de 2006. Y la prioridad es la rebaja y eventual eliminación de subsidios agrícolas.
Después del encuentro, este diario conversó con el asesor internacional de Lula, Marco Aurelio García. Dijo que las posiciones brasileñas no habían cambiado ni una coma en relación a las sostenidas en conjunto con la Argentina en Mar del Plata. Destacó incluso como “espectacular” el durísimo discurso pronunciado por Néstor Kirchner en la apertura de la cumbre. Ese discurso molestó a Bush. También señaló que en Mar del Plata el Mercosur “recuperó la fuerza de los mejores momentos”. Igual se expresó el canciller Celso Amorim.
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