BUSH VISITÓ LA ZONA DEL DESASTRE MIENTRAS LOS SOLDADOS BUSCAN VÍCTIMAS
Decidido a revertir las críticas por la demora y los errores de las autoridades frente al desastre que provocó Katrina, el presidente estadounidense, George Bush, visitó ayer por segunda vez en cuatro días la zona devastada por el huracán y afirmó que hizo “todo lo posible” para ayudar a las víctimas. Mientras los servicios de rescate iniciaron una gigantesca operación casa por casa en Nueva Orleans a la búsqueda de sobrevivientes y cadáveres, el alcalde Ray Nagin reiteró que los muertos en esa ciudad podrían llegar a 10.000.
Bush llegó a la mañana a Baton Rouge, la capital administrativa del estado de Louisiana, para verificar la organización de la operación de socorro y prometió “un esfuerzo enorme” para ayudar a los miles de damnificados por el paso de Katrina.
“Mientras haya una vida en peligro, tenemos trabajo por hacer”, declaró el presidente en el Centro Mundial de Oraciones Bethany en Baton Rouge, donde están alojados cientos de evacuados. La gira del presidente, acompañado por su esposa Laura, incluyó también una parada en la localidad de Poplarville, Mississippi. El jefe de la Casa Blanca había estado por primera vez en la zona el viernes.
“Cada nivel de la administración hace todo lo posible. Y si esto no funciona, haremos que funcione”, aseguró Bush, quien repartió abrazos, se sentó a charlar con las víctimas, tomó niños en brazos y escuchó los relatos de horror que le contaban.
En la devastada Nueva Orleans, los equipos de rescate continuaban sus patrullajes para ayudar a los sobrevivientes o encontrar cadáveres. “Vimos más muertos que vivos”, comentó un socorrista tras horas de recorrer calles todavía inundadas. Un 80% de la superficie de la ciudad —construida en su mayor parte bajo el nivel del mar— quedó sumergida tras el derrumbe de dos diques de contención que la protegían.
Según explicó el general Marvin Mayes, de la fuerza aérea, los soldados buscaban víctimas y sobrevivientes “puerta a puerta”, llegando hasta los barrios más desolados a pie o en botes. Camiones refrigerados o “morgues móviles” recorrían las calles para retirar cientos de cuerpos.
“Esta es la parte más dura” de las tareas de rescate, señaló Mayes, quien adelantó que la recorrida en busca de cuerpos y de las personas que resistieron el embate del huracán encerrados en sus casas “tomará algún tiempo”, posiblemente meses.
Las autoridades afirman que la situación “está mejorando” en Nueva Orleans, hasta hace diez días un destino turístico pintoresco y ahora símbolo de la catástrofe. El más importante dique que había cedido tras el pasaje de Katrina fue reparado, afirmó el portavoz del departamento de Transportes y Desarrollo del estado de Louisiana, Cleo Allen. Con todo, se estima que faltan varios meses para que los habitantes puedan volver a vivir allí.
El recuento de los muertos se mantenía aún en el nivel de los bajísimos números “confirmados”, pero un oficial de policía estimó que la cifra podrá llegar a los 20.000. “Será la escena más macabra que puedan imaginarse”, advirtió el jefe de la protección civil, Michael Brown.
Para el alcalde de Nueva Orleans, “no sería disparatado calcular que puede haber unos 10.000 muertos”, según afirmó a la cadena NBC. Mientras, las autoridades buscaban terminar de evacuar la ciudad.
El general del ejército Russell Honore, jefe de las operaciones militares de rescate, estimó que unas 10.000 personas permanecían en la ciudad destruida y anegada. Entre ellos, las bandas de asaltantes. Pero “no hay estado de sitio”, afirmó Honore.
En medio de escenas de desolación, miles de habitantes de un barrio periférico de Nueva Orleans intentaron retornar y provocaron un enorme embotellamiento en la única ruta de acceso, después de que un alto funcionario local indicara que era posible regresar sólo por 12 horas para inspeccionar las viviendas.
Es que, según el alcalde Nagin, un 80% de la población de la ciudad —480.000 habitantes— se había ido cuando el gobierno local ordenó la evacuación, el domingo 28 de agosto. Desde entonces, no pudieron volver.
Shaun McCarthy no ocultó su emoción, de pie frente a su casa, que sobrevivió en medio de árboles caídos y cables de electricidad que pasan apenas encima de esta calle inundada de Metaire, en las afueras de Nueva Orleans. “¡Es increíble!”, exclamó. “Vamos a reconstruirla. Vamos a volver”.
Los residentes llevaron sierras eléctricas, palas y camiones alquilados para buscar sus pertenencias y poner en orden todo lo posible. Las autoridades advirtieron a quienes regresaban a sus casas que llevaran agua y comida. No había electricidad y muchos caminos seguían intransitables.
El superintendente de la Policía de Nueva Orleans, Warren Riley, señaló que “nuestros oficiales le están diciendo a la gente que no hay ninguna razón para quedarse aquí. Le advertimos a la gente que la ciudad ha sido destruida”.
En los centros de refugiados avanzaba la tarea de reunificar a las familias separadas por la emergencia. Se estima que en los refugios quedan unas 500.000 personas. En Texas, donde se instalaron casi 220.000 evacuados, la infraestructura de socorro está ocupada al máximo y se comienza a organizar puentes aéreos para distribuir a los damnificados en otros estados.
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