CADA 10 DÍAS MUEREN TANTOS JÓVENES COMO EN CROMAGNON
En la Argentina mueren anualmente 5728 chicos de menos de 24 años por lesiones, según las últimas estadísticas del Ministerio de Salud. El 53% de esos hechos fatales ocurre en la calle, mientras que el 39% se produce en el hogar. El resto, en la escuela (3%) y durante actividades recreativas (5%).
Pero la dimensión de esta realidad se comprende mejor con una simple ecuación matemática, al dividir esa cifra por los 365 días del año: “Cada diez días, en la Argentina ocurre un Cromagnon que podría evitarse y, aunque es una triste realidad, la verdad es que nadie le presta atención a esto”, dijo a LA NACION el doctor Alberto Iñón, presidente de la Asociación Civil Prevención del Trauma Pediátrico y titular de la Subcomisión de Prevención de Accidentes de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
Hasta los cuatro años, la causa del 31,5% de los decesos es un trauma. Entre los 5 y los 14 años, la cifra trepa a 45,5% y a 68% en la población de 15 a 24 años.
“Para resolver el problema, el primer paso es tomar conciencia de que existe. Sin embargo, la gran mayoría de los adultos aún piensa que lo que se conoce como accidente es siempre resultado de una fatalidad, cuando en realidad son eventos que se pueden evitar. Por lo tanto, no es mucho lo que se puede hacer sin planes de prevención”, explica el doctor Iñón, que presidirá del 14 al 16 de este mes el II Simposio Internacional sobre Trauma Pediátrico ( www.ptp.org.ar ).
Este evento coincide con la celebración de los 15 años del Programa de Trauma Pediátrico que un grupo de especialistas comenzó ” a pulmón” en distintas ciudades del país con el objetivo de crear una conciencia de prevención de factores de riesgo.
Hoy, desde la Asociación Civil, trabajan en la provincia de Neuquén y en cinco ciudades más del país con un presupuesto financiado por el Programa VIGI+A, responsable de la vigilancia de la salud y el control de las enfermedades en el territorio nacional.
La primera experiencia de los expertos fue en la ciudad de Rafaela. Allí, donde los especialistas dirigidos por el doctor Iñón evaluaron cuáles eran los riesgos más comunes a los que estaba expuesta la población local, el plan de prevención de traumas logró reducir del 15 al 5% en cinco años las muertes con sólo mejorar la atención que recibían los pacientes lesionados.
“De 1998 a 2000 la tasa de mortalidad por accidentes de tránsito descendió de 17 personas por cada 100.000 habitantes a 10 personas”, sintetiza Iñón. En los chicos, el equipo logró reducir un 40% los casos de quemadura en ese mismo período.
“La realidad es que no hay fondos nacionales para la prevención y, así, se hace muy difícil prevenir los traumas -dice sin resignarse el especialista-. Para cualquier campaña se necesita inversión, y las (campañas) nacionales no sirven mucho, ya que el secreto está en trabajar sobre la población.”
Por edades
El Manual de Prevención de Accidentes, que la Fundación Sociedad Argentina de Pediatría (Fundasap) editó para la comunidad en general, explica de manera práctica para los padres que las lesiones varían por grupo etáreo y los comportamientos correspondientes a cada edad.
En los bebes hasta seis meses, en los que la dependencia de los adultos es absoluta, los eventos más peligrosos son las caídas de los cambiadores, la cama de los padres, las escaleras o los andadores. Además, son habituales las quemaduras (con fuego o líquidos calientes), las lesiones por falta del uso de sillas de seguridad en los automóviles, la asfixia en la cuna y la intoxicación por medicamentos sin consulta con el pediatra o por el monóxido de carbono que desprenden estufas y braseros. Además, la inmadurez biológica para tragar sólidos favorece el atragantamiento.
“Todas las lesiones por causas externas, ya sean no intencionales, intencionales o por autoagresión, son traumatismos -explica el doctor Iñón, cirujano pediátrico del Hospital Italiano-. Y ellos son la primera causa de muerte entre 1 y 40 años: en el mundo mueren 750.000 chicos por año por este motivo.”
Aunque a los seis meses los chicos ya pueden sentir el peligro, su mayor capacidad motriz aumenta el riesgo de sufrir los “accidentes” como el aplastamiento de los dedos al cerrarse las puertas, meter los dedos en los enchufes o las lesiones con objetos cortantes.
Sin lugar para la fatalidad
A partir del año, según el manual de Fundasap, por la imitación de la conducta de los adultos y el rápido olvido del significado del “no” de los padres son frecuentes las caídas desde escaleras, balcones o terrazas y las intoxicaciones con medicamentos y productos tóxicos al alcance de la mano.
“No son «inevitables» ni «obra de la fatalidad», como se suele escuchar. En la mayoría de los casos son producto de la desinformación, imprevisión o franca negligencia de los adultos”, señalan la licenciada Verónica Dimarco y el doctor Carlos Nasta, coordinadores del manual que cuesta 18 pesos y se puede obtener en la sede de la SAP ((011) 4821-8612).
Entre los 2 y los 5 años, una mayor curiosidad y la necesidad de “aventurarse más allá de lo posible” elevan el riesgo de caídas, quemaduras, ahogamiento e intoxicaciones. A partir de los 6 años, y hasta los 12, una mayor cantidad de actividades fuera del hogar y una noción del peligro aún incompleta los exponen a lesiones como peatones o ciclistas y hasta abusos.
La actitud de desafío constante y la sensación de invulnerabilidad propias de la adolescencia los hacen propensos a la intoxicación por adicciones y los accidentes de tránsito y en la práctica deportiva.
Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION
¿Accidente o lesión evitable?
“La recomendación de evitar el uso de la palabra ?accidente´ se fundamenta en su connotación, que nos lleva a pensar que ese tipo de eventos son fortuitos y no se pueden prevenir ni evitar.” Así intentaron explicar dos especialistas argentinos en prevención de las lesiones la naturaleza de lo que suele llamarse accidente, a través de un artículo editorial publicado en julio de 2004 por de la revista especializada Prehospital and Disaster Medicine.
Según el doctor Jorge Neira, coautor del artículo, “una lesión o un traumatismo son un daño que se produce al organismo cuando se expone a una fuente de energía, que puede ser mecánica (un choque o una caída), química, eléctrica, radiante o térmica, que sobrepasa el margen de tolerancia del organismo”.
Por definición, todo daño puede ser intencional o no. “Accidente se refiere a un hecho que se produce por azar o mala suerte. Sin embargo, siempre que ocurre una lesión, antes hay un hecho que puede prevenirse y esto es lo que no se hace”, agrega Neira, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Sanatorio de la Trinidad y jurado de los estudios que se presentarán en el IX Congreso Mundial de Cuidados Intensivos, en agosto próximo ( www.sati.org.ar ).
Para la psicóloga Laura Bosque, coautora del artículo y titular de la Comisión de Prevención de las Lesiones de la Sociedad Argentina de Medicina y Cirugía del Trauma, en el país “falta un plan nacional de prevención del trauma”.
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