CADA 20 HORAS SE FUGA UN PRESO DE UNA CÁRCEL O UNA COMISARÍA
Franco Rano y Víctor Serrano esperaron hasta la llegada del atardecer con la paciencia que sólo puede tener un preso. Unos días antes habían conseguido un arma, nada extraordinario pero suficiente para el plan que pusieron en marcha a las siete en punto. En minutos iniciaron un falso motín, con falsos rehenes y todo. Así lograron atraer a los guardias hasta su pabellón, donde los fueron desarmando uno a uno. Luego, les quitaron los uniformes a dos carceleros y se disfrazaron con ellos.
Salieron del pabellón y obligaron a un oficial superior a acompañarlos, de manera tal que nadie sospechara lo que estaban haciendo. Una por una, les abrieron todas las puertas hasta la libertad. Llegaron a la salida de la Unidad 34 de Melchor Romero y allí tomaron prestado el auto del subdirector del penal. Sin más dudas, Rano y Serrarno aceleraron para entrar en una estadística particular: durante 2005 se escapó un preso cada 20 horas.
Un relevamiento realizado por Clarín en Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, Neuquén, Córdoba, Tucumán, La Rioja, Catamarca y el Servicio Penitenciario Federal —los distritos que aceptaron aportar datos— determinó que a lo largo del año pasado se produjeron 435 escapes de cárceles y comisarías. Si bien la población penitenciaria crece a un ritmo de casi 5.000 presos cada doce meses, de todas formas en 2004 la cantidad de evasiones había sido mucho menor: 358 casos (1.410 lo habían intentado, según el Sistema de Estadísticas de Ejecución de la Pena).
El distrito más caliente en lo que hace a fugas y evasiones es, sin dudas, la provincia de Buenos Aires. De acuerdo a datos entregados a Clarín por el Ministerio de Seguridad bonaerense, a lo largo de 2005 se escaparon 216 presos de las comisarías provinciales. El año anterior se habían registrado 177 casos.
En el Ministerio nadie quiso hablar sobre este fenómeno. Pero son conocidas las quejas de los funcionarios bonaerenses por la cantidad de policías que tienen que usar para custodiar a presos en comisarías. La solución que siempre proponen es el traslado de esos detenidos a cárceles.
Pero claro, las cárceles no alcanzan. El Servicio Penitenciario Bonaerense está abarrotado, con varias unidades que superan el 50 por ciento de sobrepoblación, según el último Censo Penitenciario (diciembre de 2004). Durante 2005, de este sistema se escaparon 30 detenidos.
En la lista de prófugos bonaerenses obtenida por Clarín, además de Rano y Serrano aparecen Carlos Catrini (22) y Vicente Samaniego (31). Presos en el penal de Junín, escaparon el 8 de mayo pero fueron recapturados porque se perdieron.
Durante traslados huyeron la única mujer de la lista, la homicida Graciela Hammes (ver página 43), y Raúl Tejera. Este hombre, de 25 años, estaba preso por robo calificado en el penal de Magdalena. El 12 de abril lo llevaron a Melchor Romero para un examen y al regresar dio el golpe.
Eran las 12.30. En la parte trasera de un camión Mercedes Benz, Tejera se zafó de las esposas, tomó una varilla y se puso a hacer palanca sobre la puerta trasera. Así, por arriba, abrió una hendija suficiente para pasar el cuerpo y llegó al techo. Esperó una curva de la ruta 11 y entonces sí, saltó a la libertad.
Policías a pie y a caballo salieron a buscarlo. Pero lo que lo condenó fue un helicóptero con rayos infrarrojos, que lo ubicó a las dos horas en un monte. Lo devolvieron al penal, sin que nadie hasta ahora haya podido saber si tuvo alguna ayuda.
Ocho presos escaparon de unidades bonaerenses de “régimen abierto”, las destinadas a aquellos que están por ser liberados. El caso más saliente fue el de Alberto Kicherf, Esteban Ponce y José Quevedo: el 26 de octubre saltaron la cerca de la Unidad de Gorina, entraron a robar en una casa donde dormía una mujer con sus hijos y los atraparon cuando volvían a la cárcel con el botín.
Otros once no regresaron de las salidas laborales que les habían concedido, una de las formas de evasión más comunes en todo el país. En Buenos Aires son 499 los presos con salidas, lo que marca que si bien el porcentaje de fugas no es tan alto, los controles tampoco son buenos.
Mendoza y Tucumán también registran cantidades elevadas de prófugos. De la primera provincia se escaparon 69 personas a lo largo de 2005, algo que no sorprende si se tiene en cuenta que alberga una de las peores cárceles del país, “La Penitenciaría”. En la segunda, hubo 58 fugas.
En cuanto a Rano y Serrano, su suerte no fue mucha. Del penal llegaron a una remisería, donde tomaron un auto a La Plata. Allí subieron a un tren, pero en la estación de Avellaneda los encontraron. Todavía vestían el mismo traje que los guardias encargados de regresarlos a sus celdas.
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