CADA AÑO MUEREN UNAS 500.000 PERSONAS POR ARMAS “PEQUEÑAS” EN TODO EL MUNDO
Las estimaciones son alarmantes. Cerca de 500.000 personas mueren cada año víctimas de ataques con armas pequeñas. Más del doble de las muertas en 1945 por las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki. Con estos datos, representantes de todo el mundo debatirán desde hoy en la ONU cómo puede defenderse el planeta de la circulación ilegal de estas armas, que van desde pistolas hasta ametralladoras y fusiles de asalto y se están convirtiendo en una mortífera “pandemia”, según denuncian distintas organizaciones internacionales.
“Teniendo en cuenta el baño de sangre que causan, estas son las verdaderas armas de destrucción masiva”, alertó días atrás el secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien desde hoy encabezará en Nueva York la conferencia de dos semanas para examinar los progresos alcanzados en la ejecución del Programa de Acción para prevenir, combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras, acordado en 2001 por los países miembro.
Las armas ilegales representan un 25% del comercio global de armas pequeñas, un negocio de 4.000 millones de dólares por año, según el informe “Small Arms Survey”, del Instituto de Graduados sobre Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza.
El estudio calculó que llegan a 108.000 las muertes anuales por armas pequeñas en zonas en conflicto, y señaló como los escenarios de violencia más importantes a Irak y la República Democrática del Congo. El documento agregó que este tipo de armas también posibilitan la intervención de niños-soldados, sobre todo en Africa.
La Red Internacional de Acción contra las Armas Ligeras (IANSA) estima que otras 200.000 personas mueren en el ámbito civil por asesinatos, tiroteos o suicidios con estas armas. Otras organizaciones estiran esta cifra a casi 400.000 muertos.
Según IANSA, hay cerca de 640 millones de estas armas en el mundo y cada año se producen 8 millones de unidades nuevas. Gran parte se fabrica en Estados Unidos y Europa, pero otros productores importantes son Brasil, China, Canadá y Rusia.
“Las armas matan, hieren y dejan discapacitadas a cerca de un millón de personas al año. Seguramente se haría algo al respecto si murieran mil personas por día a causa de la gripe aviar. Esta es una epidemia que demanda acción internacional inmediata”, remarcó la directora de IANSA, Rebecca Peters.
De acuerdo con la definición de la ONU, armas “pequeñas” son “las destinadas al uso personal y comprenden, entre otras, los revólveres y las pistolas automáticas, los fusiles de asalto y las ametralladoras ligeras”.
Las armas “ligeras” suelen ser usadas por grupos de dos o tres personas, aunque algunas pueden ser transportadas y utilizadas por una sola. Son, entre otras, ametralladoras pesadas, lanzagranadas portátiles, cañones antiaéreos y antitanque portátiles, fusiles sin retroceso y morteros de calibre menor a 100 milímetros.
Estas armas, según IANSA, se encuentran en su mayoría en manos de civiles (el 59%), mientras el 37,8% está en manos de las fuerzas armadas y los gobiernos. Al mismo tiempo, cada año se producen entre 10 y 14 mil millones de municiones, suficientes para disparar dos veces a cada habitante del mundo.
Los resultados del Plan de Acción firmado en la primera Conferencia Internacional de la ONU sobre el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras, hace cinco años, parecen poco alentadores a primera vista. Según los documentos presentados este fin de semana, sólo uno de cada cuatro países cumplió su promesa e implementó controles más estrictos para luchar contra el tráfico ilegal de este tipo de armas. Sesenta países, casi uno de cada tres miembros de la ONU, eliminó sus depósitos de armas.
La conferencia de este año dará a los gobiernos de todo el mundo “la oportunidad de revisar sus promesas de 2001 y liberarse de las armas ilegales”, adelantó el embajador de Sri Lanka ante la ONU y presidente de la conferencia, Prasad Kariyawasam.
Activistas presionarán a los participantes para que garanticen que las armas cortas no se usen para violar los derechos humanos. Varias organizaciones de derechos humanos y funcionarios alientan un nuevo enfoque para la comercialización de armas livianas: los gobiernos deben hacerse responsables de todas las que venden. Esa filosofía se aplica para armamentos de destrucción masiva pero no para armas cortas, y será el centro de atención de gran parte de los debates.
“Es un desafío para los gobiernos porque no han pensado antes de esta forma”, dijo la directora de IANSA, que con Oxfam y Amnistía Internacional propone los “Principios globales” para la venta de armas pequeñas.
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