Cae un funcionario clave de Hollande por corrupción
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Un canal reveló que cuando era legislador el ministro del Interior contrató como “asesoras” a sus hijas adolescentes.
Destituido en menos de 24 horas. Ministro del Interior de Francia desde diciembre, Bruno Le Roux tuvo que renunciar a su cargo después de saberse que, cuando era diputado, empleó a sus dos hijas adolescentes en trabajos probablemente ficticios como colaboradoras parlamentarias. Como en el caso del candidato presidencial de la derecha, François Fillon, la justicia abrió ayer una investigación preliminar.
Le Roux, que se había hecho cargo del Ministerio del Interior en diciembre cuando su antecesor, Bernard Cazeneuve, fue nombrado primer ministro, fue ayer reemplazado por Matthias Fekl, que estaba a cargo de Comercio Exterior.
El ex ministro socialista sabía que tenía las horas contadas desde anteanoche, cuando Quotidien, un popular programa de televisión, reveló que el ex diputado de Seine-Saint-Denis había hecho trabajar regularmente a sus dos hijas, de 15 y 16 años, como asistentes parlamentarias entre 2009 y 2016. Esa práctica no es ilegal, pero también -como en el caso de Fillon- existen serias dudas de que realmente hayan desempeñado esa labor.
El presidente, François Hollande, no dudó un segundo en pedir la renuncia de Le Roux. El jefe del Estado buscó al parecer adoptar una medida ejemplar para marcar una clara diferencia con el escándalo de Fillon, inculpado por la justicia, que lo encuentra sospechoso de haber acordado durante años un empleo ficticio a su esposa, Penelope, y a dos de sus hijos. A pesar de su promesa de retirar su candidatura si era imputado, Fillon se mantuvo en la carrera presidencial. Como en el caso del candidato conservador, el ex ministro deberá ahora rendir cuentas a la justicia.
Le Roux precisó que durante las vacaciones escolares sus hijas realizaron para él tareas simples de oficina: archivo, secretariado, atender el teléfono o redactar textos para su blog. En total, las dos acumularon 10 y 14 contratos cortos, respectivamente, por un total de 55.000 euros.
Aunque escandalice a sus homólogos del resto de Europa, dar trabajo a sus allegados es muy común entre los parlamentarios franceses. Se estima que uno de cada cinco lo hace regularmente.
Pero se trata de una práctica sometida a reglas estrictas. Un parlamentario puede emplear como asistente hasta cinco colaboradores, que retribuye con un sueldo de 9618 euros. El reglamento estipula que un empleo familiar no puede superar la mitad de esa suma. Además, desde 2013 los parlamentarios están obligados a declarar ante la Alta Autoridad para la Transparencia de la Vida Pública no sólo su patrimonio, sino sus eventuales conflictos de intereses. Le Roux no hizo esa declaración.
Por otra parte, en 2013 una de sus hijas parece haber estado simultáneamente en la Asamblea Nacional en París y haciendo una pasantía en Yves Rocher, en Bélgica. La misma capacidad de ubicuidad parece haber tenido su hermana, que ocupó durante algunas semanas un puesto a tiempo completo en 2015, mientras seguía un curso de clase preparatoria en la universidad.
La justicia tendrá que decidir. Pero desde el punto de vista político su situación era indefendible.
Desde hace dos meses, cuando estalló el caso Fillon, la clase política francesa no deja de clamar la necesidad de “una mayor transparencia” y una “moralización” de la vida pública. Un aggiornamento imprescindible para recuperar la confianza del electorado 31 días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
En ese clima, la lluvia de denuncias contra Fillon parece no tener fin. Según el semanario satírico-político Le Canard Enchainé, el candidato habría recibido 50.000 dólares de un industrial libanés para presentarle al líder ruso, Vladimir Putin, y al presidente del gigante petrolero francés Total.
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