Caja, papel y tijera
A tres semanas de las elecciones nacionales, la atención del electorado se centra en la categoría presidencial, y muy poco se habla de las legislativas que definirán a la mitad de los representantes de la Cámara de Diputados y a un tercio de los senadores nacionales. En nuestra provincia, se eligen ambas categorías y las PASO anunciaron un escenario muy difícil para el oficialismo santafesino que necesita representantes alineados para fortalecer sus reclamos ante el Estado nacional. Encima, se avecinan tormentas internas. Por Coni Cherep.
El escenario económico de la provincia de Santa Fe que se manifiesta en estos días con algunos indicadores deficitarios tiene una explicación ineludible; la provincia sufre desde hace 12 años una clara discriminación de la gestión central, que se evidencia leyendo un solo dato: desde que asumió el Frente Progresista, la Nación prácticamente no cumplió con su obligación de enviar los fondos para cubrir el eterno agujero de la Caja de Jubilaciones de la provincia.
No es un reproche exclusivamente político, sino que se asienta en razones estrictamente legales que llegaron a la Corte Suprema Nacional y que está plenamente respaldado por el acuerdo de 1999, cuando se firmó el Compromiso Federal (ratificado por las leyes 25.235 y 25.400) en el que la Nación se comprometió a financiar los déficits de los sistemas provinciales no transferidos. A su vez, las provincias debían armonizar en un plazo de 180 días sus sistemas “en función de las pautas nacionales en cuanto al régimen de aportes y contribuciones, así como de los requisitos para acceder a beneficios en el futuro”. Es decir ajustar su sistema jubilatorio al esquema nacional.
Esta normativa general fue complementada con convenios particulares entre cada provincia y la ANSES, a los que accedieron diez de las 13 jurisdicciones que mantuvieron el sistema previsional en su poder. Y desde entonces, los aportes se convirtieron casi en discrecionales, beneficiando a las provincias amigas y perjudicando a las opositoras, como Santa Fe.
Para algunos especialistas, como el tributarista y profesor de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Salvador Treber, un problema es que el mismo gobierno nacional, que es parte del conflicto, sea quien decide cuando se rompe el acuerdo: “El Estado se ha erigido como juez y parte, porque firma un convenio como parte, pero por su cuenta define que la otra parte no cumplió, en lugar de recurrir a la Corte Suprema de Justicia como árbitro o al tribunal administrativo que existe”.
Lo cierto es que según un informe publicado hace un año ya, por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en el que se detalla de qué manera se realizaron las transferencias de fondos discrecionales desde la Nación hacia las provincias desde 2003 a la fecha, esto sin contar los recursos coparticipables por ley que se transfieren de manera automática. El estudio revela que la provincia de Santa Fe ha perdido poco más de 11.154 millones de pesos. Esto ubica a nuestra provincia en el lugar 24º del ranking nacional, o lo que es lo mismo: la provincia más discriminada durante la “década ganada”. Y esos 11 mil millones –que es apenas una parte de lo que la provincia reclama– resolverían prácticamente todos los problemas financieros (aunque económicos, dicen) de la crítica realidad del bolsillos.
En esos números, y frente a las tormentas económicas nacionales e internacionales la preocupación central del futuro gobernador, Miguel Lifschitz, es esa: cuál es la proyección económica con la que se encontrará su gestión en el despegue, y con qué herramientas políticas contará, a la hora de negociar los dineros que se le adeudan al Estado del que se hará cargo.
Frente a esto, los resultados electorales de octubre se vuelven centrales para la gestión provincial en sus expectativas de correlación de fuerzas frente al nuevo gobierno, y tras las PASO, reiniciaron su campaña apelando a la tijera. Más allá de las simpatías del Socialismo, del GEN local, PARES, SI y buena parte del radicalismo santafesino, que manifiesta sin vueltas el vicegobernador Jorge Henn, hacia la figura de Margarita Stolbizer; termina siendo una propuesta más abierta que se podría resumir en “Voten al presidente que quieran, pero elijan legisladores que defiendan a la gestión provincial”, en las figuras de Hermes Binner, Hugo Marcucci y Chiqui González.
Claro, quien resulte electo presidente, no es un dato menor.
Los ejes Scioli – Perotti; Macri – Reutemann – ¿UNL?
La gestión Lifschitz deberá enfrentar, además, un escenario político crítico. Si bien la Legislatura será en términos formales más cómoda para el FPCyS, no menos cierto es que los resultados de agosto dejaron la sensación de que en el jardín provincial, han crecido protagonistas que ya están pensando en 2017 y 2019.
Omar Perotti no solo aspira a ser senador, sino que un triunfo en la provincia lo convertirá –más si Scioli resulta electo– en un referente indiscutido del peronismo, que se unificará –prácticamente ya lo hizo– detrás del rafaelino, para encarar el camino hacia la recuperación de la Casa Gris.
Eso se puede manifestar también en la Legislatura, donde algunos senadores peronistas que han sido amables contrincantes de las gestiones de Binner y Bonfatti, puedan empezar a sentir el calorcito de la posición privilegiada de “Omar” en Buenos Aires y comiencen a tomar distancia del oficialismo local.
“Scioli no es Cristina” se dicen, y se ilusionan con un nuevo esquema de construcción política, con ayuda nacional para sus asuntos departamentales.
Con un Perotti lanzado a la gobernación y un peronismo unificado, la cosa no resultará tan sencilla para Lifschitz en sus relaciones con la oposición.
Mientras Reutemann, que se escuda en la comodidad de ir pegado a la boleta de Mauricio Macri sin hacer ningún esfuerzo ni correr mucho riesgo, aspira a jubilarse en el Senado de la Nación por la minoría, la suerte de su candidato a presidente puede modificar sustancialmente la salud del Frente Progresista.
Muchos avizoran en la foto innecesaria de José Corral con Mauricio Macri (Barletta aparece en ella, pero su figura ya no pesa demasiado en el futuro) un anticipo de salto. Una derrota de Macri no cambiaría mucho el escenario, pero la gran pregunta es: ¿en qué lugar se ubicarán los radicales “universitarios” si la presidencia terminara en manos amarillas?
El ruido en medio del silencio es atronador. Algunos dirigentes del Socialismo, contestes a las declaraciones del vicegobernador Henn, están enojados con la foto y advierten tormentas cualquiera sea el resultado: “Si gana Macri, habrá que empezar a verlos como adversarios, eso está claro, sobre todo teniendo en cuenta que el propio Macri fue el que intentó quedarse con la provincia acusándonos de fraude. No nos imaginamos una relación sencilla, ni con Macri, y en ese caso, se complicará con Corral y los universitarios”.
¿Y si Macri pierde? El interlocutor prefiere no responder. Si eso ocurre, ocurrirá algunas horas antes del anuncio del gabinete de Lifschitz, y no son pocos los que se preguntan en cuánto puede impactar el resultado nacional en la conformación del mismo.
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