CALLERI: TAN CERCA
No era fácil. Se trataba de enfrentar al mejor jugador de polvo de ladrillo del mundo en su propia casa, y justamente allí donde había debutado en la Copa Davis tres años atrás, el año en que España consiguió su primera Ensaladera. Lejos de asustarse, Agustín Calleri apretó los dientes y jugó el que él mismo definió como “el partido de mi vida” ante Juan Carlos Ferrero para ganar por 6-4, 7-5 y 6-1. Una ovación cálida y respetuosa saludó al ganador cuando dejó el enorme estadio de Málaga después de hacer historia.
Lograr el cuarto punto terminó de darle dramatismo a una serie que parecía perdida el viernes. Argentina se puso de nuevo en carrera tras ganar el punto más inesperado. Y Calleri, cuyo sentido de equipo le hizo decir a lo largo de toda la semana que estaba para sumar y para jugar donde lo pusieran, sabía que tenía en sus manos una chance única: de dejar a su equipo a un punto de la gloria y de recibirse, definitivamente, de jugador de Copa Davis, un rótulo que no le queda bien a cualquiera.
Una imagen, la última, sirve para dimensionar el logro: en el primer match-point que dispuso, el Gordo se preparó para recibir el saque de su oponente y se corrió para pegar de derecha aún antes de que la pelota llegara. El latigazo paralelo picó cerca del fleje y el español casi no se movió. El hombre se dejó caer de rodillas sobre el polvo de ladrillo y se abrazó con su capitán antes de recibir a Arnold y a Zabaleta, testigos, compañeros y partícipes.
Y hay otra: la de su rival, un Ferrero en general imperturbable, con el brazo izquierdo en jarra en pleno segundo set, mirando al cielo, buscando explicaciones después de estrellar el trigésimo revés en la red.
Se trata de imágenes que serán difíciles de olvidar para quienes lo vivieron de cerca tanto como para quienes habrán arrancado el domingo temprano, con la ilusión de un batacazo. Pero que se combinan con otras, más lejanas pero claves para entender éstas…
Ahí está Calleri aprendiendo a jugar al tenis en Atenas de Río Cuarto con la profesora Dora Suárez. O escuchando a papá decirle que no le pegue a todas las pelotas, que las meta y que elija a cuál darle duro. O jugando a ser bombero. O ayudando en el negocio del viejo cuando el tenis no era un destino seguro y el mandato familiar decía “trabajás o estudiás”.
Calleri, el joven que festejó justamente en Málaga la semana pasada su cumpleaños número 27, habrá extrañado ese día el pastel de papas de la abuela María. Y habrá entendido, o soñado, que semejante sacrificio tendría premio. “Me gusta mucho formar parte de un equipo, sentirme uno más. Ayer (por el sábado) a la tarde me enteré de que jugaría y me puse muy feliz, porque lo estaba esperando”, dijo ayer, antes de aclarar que no tuvo el menor problema para dormirse esa noche porque nunca los tiene, pero que “ahora, con esta victoria encima, a lo mejor es distinto”.
Ya ganador, Calleri tuvo tiempo para elogiar al capitán: “Para mí Gustavo Luza es muy bueno, y creo que tendría que seguir”. Y para desatar un loco festejo en el vestuario “como si fuera una cancha de fútbol” junto al resto del equipo pese a que faltaba un punto, sencillamente porque la tensión debía salir por algún lado. Y luego, con Gastón Gaudio en la cancha. el cordobés se dedicó a alentarlo en todo momento desde el palco reservado para el equipo argentino.
Es que Calleri había llegado a Málaga como el argentino de mejor ranking de los cuatro que conformaron el equipo. Y sonaba extraño que no jugara alguno de los dos individuales. Acaso fue su tenis explosivo, más audaz que cerebral, amigo de los lances y no de la planificación estratégica, el que lo ubicó debajo de Mariano Zabaleta en la consideración de Luza. Pero Calleri, que juega la Davis desde 2000 y que llegó a España con un récord de 3-1 en single y de 2-0 en dobles, tenía las cosas claras: “Tenía que sacar muy bien y no darle ritmo, porque si pasa varias bolas Ferrero es muy peligroso”. Así le jugó y así le fue.
Si la Davis no es para todos, y si la historia está llena de tenistas de paso intrascendente por el circuito pero rutilante por ella, Agustín Calleri puede ilusionarse. No es uno más en el circuito y desde ahora tampoco lo será a la hora de las convocatorias a la Davis. Sea quien fuere el capitán y el rival. Aquel pibe de Atenas es ya un tenista consagrado.
Este contenido no está abierto a comentarios

