Cambio de DT: Carlos Ischia llega a Racing
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De un club confiable y previsible a un castillo de naipes que se desmorona. Así está Racing, la institución que tras los duros años de la quiebra, el gerenciamiento y la Promoción intentó reconstruirse para imitar el andar de Vélez y Lanús. Aquél era el horizonte que se habían fijado sus dirigentes.
El envión institucional que generó el equilibrio político en 2009 dinamizó la vida de la Academia. Pero en menos de cuatro años, Racing parece estar perdiendo el rumbo. O, como mínimo, está dilapidando todo lo bueno que reconstruyó. ¿Cuál es el verdadero Racing? El del equilibrio político y la estabilidad económica o el de la feroz interna entre el presidente Gastón Cogono y el vice 1° Rodolfo Molina. El de la segunda mejor campaña en torneos cortos (62 puntos) después del campeón de 2001 con Mostaza Merlo (71 unidades) o el del peor arranque con tres derrotas en cuatro cotejos. El de la apuesta a la continuidad de un proyecto, tras 25 años sin renovarle a un técnico, o el que lo despide luego de cinco encuentros. El que sueña con imitar a la Masía catalana para nutrirse con talentos propios del predio Tita Mattiussi o el que vende a sus pibes por menos de lo proyectado porque las cuentas no cierran. El de los referentes que quieren vestir la camiseta de Racing (Saja, Ortiz, Pelletieri, Camoranesi, Villar), a jugadores que no hacen diferencia desde lo futbolístico (salvo Saja) ni tampoco desde el control sobre el grupo. El de los refuerzos de jerarquía (Sand, Camoranesi, Villar, Bolatti) o el de las incorporaciones que no potencian al equipo (Matías y Luis Ibáñez, Quilez, Regueiro). El del apoyo incondicional de sus hinchas o el que juega sin público porque sus dirigentes permiten que se asalte el Cilindro en dos oportunidades para festejar la caída en desgracia de Independiente.
Racing es todo eso. Y más también. Porque, en este cóctel explosivo, en una de sus sedes, la de Villa de Parque, asesinaron a un hincha, en enero pasado, y la investigación interna nunca avanzó. Un hecho policial que no es más que la punta del iceberg para el quiebre definitivo entre quienes siguen a Cogorno y continúan con Molina. Una interna que se extenderá hasta las elecciones de diciembre de 2014. Claro, salvo que alguna de las partes dé un paso al costado.
El doble cachetazo que le propinó Lanús por la Copa Sudamericana, sobre todo el de antenoche, pone blanco sobre negro y desnuda la realidad futbolística. El descontrol de jugadores como Bruno Zuculini o Centurión grafican la anarquía interna que zarandea a Racing. Los chicos, en un puñado de partidos, excedieron los carriles apuntados desde el cuerpo técnico que comandaba Luis Zubeldía. Luciano Vietto, sin compañía ni un patrón de juego, pierde cotización. Valentín Viola, que retornó de Portugal como un salvador, fue suplente ante Lanús. En este contexto, la infantil reacción de Centurión, provocada por el "stress lógico de un chico de 20 años", según lo justificó su representante Eduardo Rossetto, fue determinante para que los dirigentes aceptaran la oferta del Genoa, de Italia. "Tenemos que venderlo. No podemos mantenerlo así. La venta es lo mejor para nosotros y para el chico, que pide un cambio", confió un dirigente a La Nacion. El jugador viajará a Italia con su representante, el tesorero Pablo Mena y Alfredo Chiodini, responsable del sector de Infraestructura del club. El domingo se sumaría Cogorno para firmar el pase a préstamo por un año a cambio de 1.200.000 euros, con una opción de compra a junio de 2014 fijada en otros 3.200.000.
Los frentes de Racing, por inercia propia, se reproducen. En su habitual gimnasia de observar la vereda de enfrente, mientras el Rojo ya tiene DT (Omar de Felippe), Cogorno cerraría hoy el desembarco de Carlos Ischia. El ex ayudante de Carlos Bianchi se topará con la crisis interna, un grupo con la moral por el piso, lejos de su mejor versión y con desacoples al por mayor. Por eso, Ischia se vestirá de alquimista para recuperar a un equipo que, antes del inicio del semestre, era considerado uno de los principales candidatos. Un sitial que, en base a los resultados y a las decisiones de sus dirigentes, le quedó grande.
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