Camino a Jáchal
Jáchal es conocida por dos motivos. Porque allí nace la Ruta 152, que conduce al Paso del Agua Negra, rumbo a Chile y porque cada tanto, el río se ensaña con ella y baja contundente desde las alturas para lavarla a su antojo. Pero poco se habla del camino de Rodeo a Jáchal. Y eso es una absoluta injusticia.
Los cerros de la precordillera están allí tallados por artesanos viejos y de fuste: el viento y la lluvia. Y si el sol –que en San Juan es omnipresente- los encandila desde lo alto, estos dan un aspecto de pastel de chocolote almibarado capaz de saciar la gula visual del que sepa bien mirar.
Desde un túnel artificial en una montaña caprichosa que se negó a correrse del camino se puede ver el cauce tantas veces traicionero del río San Juan. Desde un recodo se puede acompañar la ventisca que irá a erosionar las cúspides para dejarlas de otros colores: ocre, azul, bordó. Todo sin distracciones. Es que hay más de 100 recodos y no será cosa de terminar en el lecho del San Juan.
El dique Cónquenes trata de almacenar agua cerca de Jáchal. Y además de peces que hacen del deleite de los amantes de la pesca, también habitan allí los secretos de los que lo construyeron para que cumpla una función que el pueblo reconoce como absolutamente ineficaz.
Pero los ojos, a veces eligen dejarse engañar, rendidos ante tamaña hermosura.
Para buscar postales de San Juan, muchos irán al Valle de la Luna o a Calingasta, al Parque España o a los viñedos, a Valle Fértil o a la Cordillera. Yo me quedo con el camino de Rodeo a Jáchal.
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