Camino del Cañón
Los sanrafaelinos se jactan del paisaje que ofrece el Cañón del Río Atuel. Y tienen mucha razón, claro. No es para menos. Es uno de los sitios naturales más bonitos que puede ofrecer la República Argentina, que –bien se ha dicho- es un país bien dotado en cuanto a la naturaleza. Los intrépidos eligen el rafting para bajar el río y los menos temerarios, como nosotros, desandar el camino rumbo a Nihuil, por una ruta más segura, dispuestos a mirar.
Atuel todavía no es Parque Nacional. Quizás no lo sea nunca porque se ha montado a sus márgenes un negocio de vivillos que construyeron cabañas y locales de alquiler de canoas que han sido beneficiados con concesiones ajenas a la defensa de la naturaleza. Pero francamente debería serlo, para que nada más que los ojos puedan posarse en semejante paraíso terrenal que se extiende por 70 kilómetros.
El río –que en su trayecto tiene cuatro diques que administran el caudal de agua- baja de las vertientes con color verde o azul, intenso, prepotente, espumoso, golpea en las rocas, se refleja en las montañas y las espeja en toda su dimensión, poniendo de relieve los recortes de los cerros que emergieron en el terciario y cuentan con formaciones que –la ciencia lo ha comprobado- no hay iguales en el mundo entero.
La imaginación vuela en la soledad de las montañas y los lagos que forman los diques. En un brazo escondido juran los lugareños que aparecen a menudo objetos voladores no identificados. Para los más escépticos, también alcanza con descubrir formas entre las piedras: el sillón de Rivadavia, cientos de caras, lobos marinos, focas, leones, de los colores que al sol se le antoje ese día reflejar, de las dimensiones que la mente lo permita.
La obra de los diques se inició en el primer gobierno de Perón y concluyó años después. Hoy hay una puja entre los ecologistas y los que manejan las turbinas de las represas. Pero lo que no admite discusión es la magnitud, que dota a la riqueza natural de la zona de la mano del hombre, no siempre certera y precisa. Con la caída de la tarde se avista Nihuil, la meta final y los sentidos quieren volver a acomodarse. Les llevará un buen rato.
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