CANNES: SE ACERCA LA HORA DE LAS DEFINICIONES.
Mientras todavía se sigue festejando el premio al mejor director joven latino del festival obtenido por Pablo Reyero (“La cruz del Sur”) entre 42 largometrajes de 13 países, la delegación argentina disfrutó ayer de otra gran jornada con las dos proyecciones a sala llena en la imponente sala Claude Debussy de “Hoy y mañana”, el segundo film nacional que compite en la sección oficial Un certain régard y que, por tratarse de una opera prima, también aspira a la codiciada Cámara de Oro.
Acompañado por la protagonista absoluta de la historia (Antonella Costa) y otros integrantes del equipo, Alejandro Chomski no sólo presentó anoche la película ante el público sino que en las últimas horas también participó de una avalancha de entrevistas con la prensa internacional y de encuentros con productores interesados en financiar sus dos próximos proyectos: la transposición de la novela “El país de las últimas cosas”, de Paul Auster, por filmarse en Buenos Aires; y “L.A on bike”, una historia sobre inmigrantes a rodarse en Los Angeles.
“Hoy y mañana” es una arrolladora y moderna fábula sobre la decadencia, sobre ese desenfrenado descenso a los infiernos al que son empujados muchos jóvenes de clase media en un país en el que la crisis parece no perdonar a nadie.
Paula (otro convincente trabajo de Costa) es una típica chica “progre” de Palermo Viejo; vital, emprendedora, testaruda y apasionada por el teatro (trabaja en obras del circuito off). Sin embargo, su micromundo autosuficiente empieza a desmoronarse en pocas horas, cuando le cortan el gas, su cuenta bancaria está en rojo, pierde su precario trabajo como moza, el dueño del departamento que alquila amenaza con desalojarla por una deuda acumulada de cuatro meses, y ni sus amigos ni su padre están en condiciones de (o no quieren) ayudarla. El único camino que encuentra la antiheroína es incursionar en el submundo de la prostitución porteña de la mano de la Claudia (la gran Romina Ricci), una vieja compañera de colegio.
Rodada en formato súper 16, con cámara en mano (se utilizó un moderno equipamiento muy ágil y liviano) y un montaje frenético, “Hoy y mañana” remite en sus búsquedas estéticas a “Contra viento y marea”, del danés Lars von Trier; a “Rosetta”, de los belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne; y a cierta sofisticación visual y narrativa del francés Olivier Assayas. En este sentido, el trabajo del fotógrafo Bill Nieto (“Bonanza”, “El bonaerense”) es uno de los puntos más altos de un film que, quizá, tenga algunos baches en su consistencia y desarrollo dramático, pero que resulta siempre potente y fascinante, incluso en la utilización “a la nouvelle vague” de la caótica geografía porteña como un personaje central de la historia.
Visiblemente nervioso antes de las funciones (tanto la de prensa como las del público en general), Chomski vive de manera intensa cada minuto en la Croisette. Si bien, con apenas 34 años, ya ha trabajado como asistente de Spike Lee y de Emir Kusturica durante su etapa de formación en Nueva York, sabe que presentar un film propio en el marco de Cannes demanda una exposición muy fuerte. La tensión se extenderá hasta hoy, cuando se publicarán las reseñas en los medios más importantes del mundo, aunque en charlas informales con prestigiosos críticos extranjeros LA NACION pudo comprobar la buena repercusión que logró esta segunda representante del nuevo cine independiente argentino.
Jerarquía
La competencia principal continuó ayer con dos películas muy disímiles: “La petite Lili”, sólida incursión del prestigioso director francés Claude Miller en el universo de Antón Chéjov con una muy libre y contemporánea transposición; y “Purple butterfly”, una ambiciosa y convencional épica histórica del chino Lou Ye.
Miller (de quien se estrenó hace poco en la Argentina “Betty Fisher”) continúa en “La petite Lili” con su tradición de adaptar novelas de manera muy libre y personal (lo hizo con Patricia Highsmith, John Wainwright, Emmanuel Carriére, Siri Hustvedt y Ruth Rendell, entre otros autores). Ex asistente de Marcel Carné, Robert Bresson, Jacques Demy, Jean-Luc Godard y François Truffaut, este realizador de 61 años y dueño de una docena de largometrajes ofrece una reflexión sobre el cine (y sus implicancias en las relaciones humanas) a través de un fascinante juego de espejos en el que dosifica con maestría elementos del drama familiar y la comedia.
La primera parte de “La petite Lili” transcurre en una casa de campo donde se suceden enredos y conflictos entre los integrantes de un grupo familiar que en su mayoría se dedican al cine, a partir de la llegada de una bella y joven vecina del lugar, mientras que la segunda se desarrolla en un set, donde se filma la película basada en las situaciones vividas en el comienzo.
La destreza narrativa de Miller y la categoría del elenco (Ludivine Sagnier, Robert Stevenin, Nicole Garcia, Bernard Giraudeau, Julie Depardieu y los veteranos Michel Piccoli y Jean-Pierre Marielle) hacen de “La petite Lili” un film tan inteligente como disfrutable.
En cambio, no resultó tan lograda “Purple butterfly”, tercera película de Lou Ye, director que llegaba con importantes antecedentes -“Suzhou river” ganó el Festival de Rotterdam en 2000-. Esta superproducción de 8,5 millones de dólares, que combina una historia romántica con hechos reales ocurridos durante la invasión japonesa a China, arranca en 1928 con una relación pasional entre una joven de Manchuria (Zhang Ziyi, vista en “El tigre y el dragón”) y un poderoso hombre de Tokio (Toru Nakamura) y continúa hasta 1937 con el sangriento bombardeo de Shanghai. El film es vistoso pero previsible por la acumulación de clisés vistos en historias de espías cruzados, comandos terroristas y revueltas callejeras. Un film que no pasará a la historia grande de Cannes.
Este contenido no está abierto a comentarios

