Capital del contraste
Más que el camino hacia la capital provincial, el viaje de Clorinda a Formosa se parece un túnel abúlico rumbo al sol. Al menos, éste se hace sentir como si estuviéramos en sus barbas. La ruta 11 se hace una recta infinita y caliente. Sólo las víboras se animan a cruzarla y los caranchos carroñeros esperan expectantes que los zorros despistados sean atropellados por los automovilistas veloces. Las palmeras mandan denunciando el suelo subtropical a un costado y otro del camino y sólo una de ellas se ha rebelado a la monotonía y dejó crecer su tronco en “V”, nomás para decir que es única en el mundo.
Formosa está por cumplir 50 años desde que se hizo provincia. Antes era un territorio nacional que se gestó después de la Guerra de la Triple Alianza.
El Archivo Histórico Provincial dice que el General Lucio Mansilla le encargó al Mayor Fontana que fundara una población para controlar la frontera naciente del país que acababa de aplastar al Paraguay.
El Archivo Histórico Provincial no dice que el Cacique Nenaloik, jefe toba, guió la expedición y es probable que haya sido más fundador que Fontana.
Se sabe que hacia 1882, la población se componía de aproximadamente 78 familias que sumaban un total de 441 personas. De ellas 213 eran austriacos, 196 italianos, 38 argentinos, 8 franceses y 6 españoles. Hoy, las almas que pueblan la capital se cuentan hasta 240 mil, aunque parece que solamente viviera el gobernador Gildo Isfrán. Él y sólo él está en todos los carteles, en pasacalles, paredes, unidades básicas, inauguraciones de obras, actos oficiales y cordones de las veredas.
Pero no fue difícil averiguar que además de Gildo, (y Floro, su compañero de fórmula) en Formosa viven muchos tobas olvidados, tantos otros beneficiarios de planes sociales y algunos que lo pasan fenómeno, como los que tienen suerte de que Gildo los coloque como diputados y pueden llevarse 20 mil pesos por mes a la casa.
Ahora el sol prepotente se marchó a dormir la siesta formoseña y llueve torrencialmente. No será posible entrometerse en el interior porque hay poco asfalto y muchas necesidades. Quedará para otro día.
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