CARLOTTO: “ESTOS HUESOS HABLAN”
Para la titular de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, el anuncio oficial sobre la identificación del cadáver de Leonine Duquet, -una de las monjas secuestradas y asesinadas durante la última dictadura militar-, marca el “el doloroso final de una búsqueda dura y triste” y es una “prueba contundente” de los delitos de lesa humanidad cometidos durante ese período.
En un reportaje con LA NACION LINE , Carlotto aseguró que la identificación del cuerpo de Duquet, secuestrada, trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y luego desaparecida junto a la religiosa Alice Domon “permite ir aportando pruebas a la crueldad e ignominia de la dictadura”.
“Esto es para la sociedad la prueba contundente de que lo que denunciamos hace 28 años es cierto. Estos huesos que hablan van a servir para determinar la forma de la muerte (de la monja)”, aseguró.
Otros cuerpos. En este sentido, Carlotto recordó que el cadáver de Duquet apareció junto a los de las fundadoras de la agrupación Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Caeraga y María Eugenia Ponce de Bianco, que habían sido encontrados en la costa atlántica en diciembre de 1977.
“Restaban otros cadáveres por identificar de aquel hallazgo, y por la coincidencia en la fecha y en el lugar en el que las monjas fueron secuestradas se suponía que uno de los cuerpos podía ser el de Duquet”, precisó.
El papel de Astiz. La dirigente recordó además el papel del ex capitán de fragata Alfredo Astiz en el secuestro y posterior desaparición de las monjas. “Astiz se infiltró en las Madres como presunto familiar de desaparecidos. Fue el entregador, el que encabezó el operativo en el que fueron secuestradas 11 personas, entre ellas Domon y Duquet”.
Un tribunal de París juzgó a Astiz en ausencia en 1990 y lo condenó a prisión perpetua, pero el marino cumple prisión preventiva en la Argentina por aquellos y otros crímenes.
En la Argentina, Astiz fue procesado por el caso de las monjas francesas en mayo del año último en una causa que lleva adelante el juez federal Sergio Torres.
Luz y escalofríos. Carlotto también evaluó el impacto de la identificación de Duquet en el trabajo de los organismos de defensa de los derechos humanos. “Esto agrega luz, pero también da escalofríos que seres humanos sean capaces de cometer semejante ignominia contra otras personas por el hecho de pensar distinto”, concluyó.
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