CARNE: TODA LA VERDAD DEL TEMA QUE PREOCUPA AL PRODUCTOR
Realmente debemos mirar todos los días el almanaque, para corroborar que estamos transitando el 2006. Parecería que estamos en el período 2000/2001 con todos los mercados cerrados, por el fatídico virus aftósico.
Pero a nadie se le podrá escapar que aquello fue una desgracia biológica, manejada groseramente por el Gobierno de turno, con la política del ocultamiento, a la cual llamamos virus “ST” (silencio tramposo).
Sin imaginar nuevos virus, pero volviendo al año que transitamos, nos resulta inaudito ver cerrados todos los mercados que tanto trabajo, esfuerzo y dinero nos costó conseguir, por la extemporánea resolución 114/2006, que suspende por 180 días nuestras exportaciones cárnicas.
Como podrá apreciarse, ahora un nuevo desacierto político no biológico nos invade a todos los que estamos en la cadena de ganado y carne.
Esta impericia, no sólo la sufrimos y sufriremos los que estamos en la producción sino que será mucho peor para el consumidor, eje y razón de ser de nuestra existencia.
De allí que nos permitimos algunas sugerencias. Antes de tomar medidas extremas hay que ir al escenario, caminarlo y verlo en profundidad. El no hacerlo trae estas consecuencias no deseadas. Es indispensable tener un diálogo constructivo, sin aprietes, sin amenazas, solo así se llegará a la solución de un problema no originado ni querido por la producción. Evidentemente ello no ocurre ahora. Perder oportunidades es muy difícil de revertir. Recientemente nos visitó la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Ahora se acaba de retirar la reina Beatriz de Holanda, con la princesa argentina y en ambas ocasiones no estuvo el producto emblemático local; no sólo no estuvo, sino que también fue atacado por argentinos.
Parece de otro planeta, pero es de este país que todavía tiene forma de costeleta. Nos llevó mucho tiempo mejorar nuestros rodeos. La presión agrícola y su mayor rentabilidad hizo perder a la ganadería últimamente 7 millones de hectáreas en manos de la soja y otros cultivos, que hizo arrinconar a nuestras vacas. Por ello vemos ahora con preocupación que se pretenda arrinconar a quienes las producen. Evidentemente, la solución pasa por no atacar a quienes forman la oferta en toda la compleja cadena de la carne vacuna, sino en estimularla. De persistir esta medida, se adelantarán procesos de faena, hipotecando kilos que faltarán mañana. También bajará el precio de los vientres y habrá menor inversión en genética por el desánimo generalizado e incertidumbre que nos invade.
Este contenido no está abierto a comentarios

