CARRIÓ SE LANZA A LA CAMAPAÑA Y PROMETIÓ NO HABLAR MÁS DE LOS DEMÁS
“No creo en Roma”, dice la mujer a la que bien se le podría adjudicar la mayor concentración de vírgenes y santos de la Ciudad. Habla sobre la asunción de Benedicto XVI y de la poca atención que le prestó. Es la misma mujer que dos años atrás arañó la presidencia haciendo campaña con un inmenso crucifijo colgado al cuello.
Elisa Carrió comenzará este martes una nueva campaña. Ya no será por la presidencia, aunque en verdad la encarará como si se tratara de una pelea nacional en la que será la figura central de su partido. Esta vez, sólo será candidata a diputada por la Ciudad de Buenos Aires, y aunque ya no lleva más una cruz gigante, la concentración de imágenes santas en su departamento de la avenida Santa Fe parece no detenerse ante nada.
“Es un deber, no un placer”, dice Carrió sobre su regreso a la campaña. Acaba de romper el silencio en el que se recluyó durante varias semanas. “Necesitaba estar sola antes de empezar con todo esto”, explica sobre su mutismo. Honduras fue el destino impuesto por un seminario, y Jerusalén el elegido para cumplir su sueño de pasar allí las fiestas judías de Pesaj. Entre esos dos destinos se enteró de que había nuevo Papa, y en medio de esos dos viajes decidió también dar un vuelco en su perfil: ya no quiere ocupar más el rol de fiscal de la política. Después de haber levantado su dedo acusador contra buena parte de la dirigencia argentina, ahora Carrió parece agotada de tanta crítica: “Vamos a hablar de nosotros, de nuestra propuesta y nuestro proyecto político, ya dije todo lo que tenía que decir sobre los demás, al que le gusta bien, y al que no… bueno, allá ellos”.
De todos modos, Carrió no aguanta la tentación y cuando se le pregunta sobre el lanzamiento de su archienemiga Cristina Fernández —sus peleas llegaron a los gritos en el Congreso— concede entre risas: “Yo, de la telenovela venezolana no quiero opinar”.
Este martes, Elisa Carrió dejará inaugurada la sede central de su partido, el ARI que estará ubicada justo debajo de su instituto, el Hannah Arendt, en Rivadavia al 1400. Allí se montará el centro de acción de lo que será su campaña con una estrategia similar a la que usan las vendedoras de cosméticos a domicilio: A cada simpatizante que se acerque sólo se le pedirá que sume a otros diez que, a su vez, traerán a otros. A ninguno le reclamarán que su simpatía se convierta en sacrificio, ni que asista a reuniones aburridas o tengan que firmar la ficha de afiliación. Sí ese efecto multiplicador da resultado el ARI habrá logrado solucionar dos problemas, el de la falta de recursos y de militantes.
Por eso, en la nueva sede del partido funcionará un call center —el 0800-555-ARI— para canalizar a los fans de Carrió. Allí también se distribuirá la nueva campaña gráfica que el martes estará en la calles porteñas.
Acorde con el discurso más optimista de su jefa, los afiches, calcomanías y señaladores vendrán en multicolor y contendrán los ejes del “contrato moral” al que Carrió convirtió en el centro de su campaña. Serán frases como “si pensás que la palabra vale” o “si pensás que no hay que robar ni mentir”.
Lo llamativo es que en ninguno de los afiches aparece el nombre o el rostro de Carrió. El ARI intenta así empezar a identificarse como partido aunque su líder tenga que volver a llevar la carga de la campaña.
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