Casa de aves
Desde la costa, cuando la marea está alta y la Isla de los Pájaros es justamente eso, un islote donde los títulos de propiedad de la tierra y del aire son propiedad exclusiva de millares de aves marinas, se oye el trino sostenido de sus únicos pobladores, como quien grita la libertad o como quien chusmea que ahí han pasado cosas verdaderamente importantes.
La Isla de los Pájaros está ubicada a unos 800 metros de la orilla, sobre un istmo que se llama Carlos Ameghino. En las épocas de la conquista española fue un fuerte donde se oían gritos de aborígenes torturados, esos que un día se tomaron el desquite y arrasaron la fortificación que había mandado construir Juan de la Piedra durante una expedición tendiente a reafirmar el dominio realista.
Hoy, nada más se escuchan pájaros de las más variadas especies, que parecen haberse contentado cuando el gobierno impidió que la gente pudiera cruzar hacia la isla, después que la depredación comenzara a hacer mella. Con el estatus de reservar natural, para entrar a la Isla de los Pájaros solo hay que tener alas, condición de la que los humanos todavía no gozamos.
El Golfo San José, que baña la costa norte del islote, parece un lago de aguas estancadas y no un subsidiario del Mar Argentino. Las aguas tranquilas apenas hacen algo de batifondo dos veces al día, cuando bajan o suben hasta 12 metros entre pleamar y bajamar, contribuyendo a que –con la marea baja- se formen piletas naturales donde se puede tomar contacto con la vida submarina, como si se tratara de un acuario natural.
Los pulpos y los cangrejos espían de reojo y en silencio, como sin comprender a su quejosas amigas de las alturas, las gaviotas, quienes, junto a otras especies, se zambullen cada tanto a refrescarse a un costado del cachiyuyo, una alga marina abundante y grandilocuente que reina entre los vegetales de la mar y se guarece del viento hundiéndose bajo las aguas saladas.
La Isla de los Pájaros no es gran cosa en cuanto a su extensión. Apenas tiene 170 metros por 75. Sin embargo, le presta inspiración a todos los poetas y asilo a todos los pájaros. No conforme con ello, tiene leyendas de conquistadores prepotentes y tehuelches recios que, después de muchos años de una lucha que ya se sabe quien ganó, se han retirado para que allí vivan únicamente las aves, que saben guardar bien el secreto de quién merecía la victoria.
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