CASARETTO DICE QUE "FALTÓ DIÁLOGO Y PRUDENCIA" EN EL CASO BASEOTTO
Un hombre clave de la relación entre el Gobierno y el Episcopado nacional salió ayer a poner paños fríos en el conflicto que se planteó entre la Casa Rosada, por un lado, y el Vaticano y la Iglesia local, por el otro, a partir de la decisión del presidente Néstor Kirchner de remover unilateralmente al obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, por sus duras críticas al ministro de Salud, Ginés González García.
El obispo de San Isidro y presidente de Cáritas —la principal supervisora de los planes sociales oficiales—, monseñor Jorge Casaretto, opinó que una eventual declaración de la Santa Sede diciendo que el Gobierno viola la libertad religiosa por no aclarar por escrito que Baseotto no está impedido de cumplir su labor pastoral “sería tan exagerado como si se impidiera a un obispo ejercer su ministerio religioso”.
En coincidencia con el Vaticano, Casaretto destacó la necesidad de que el Gobierno aclare por escrito la situación de Baseotto. E instó al diálogo. “Como muy bien dijo el Episcopado, desde el principio faltó prudencia, faltó diálogo, que es fundamental en democracia y para la Iglesia”, dijo.
Casaretto pronunció estas palabras cuando insistentes versiones dicen que ya habría llegado a la Nunciatura Apostólica una carta del secretario de Estado del Vaticano, cardenal Angelo Sodano, criticando a la Casa Rosada por las “restricciones a la libertad religiosa”. La nota se daría a conocer el lunes, si el Poder Ejecutivo no precisa antes por escrito la situación de Baseotto.
También se afirmaría en la carta que el decreto por el cual Kirchner le quita su aval a Baseotto y pide la designación de un sucesor, rescinde “de modo unilateral” el acuerdo de creación de la diócesis militar, firmado por el Vaticano y la Argentina en 1957. El texto establece que la designación del obispo castrense requiere el aval presidencial. Pero nada dice sobre su remoción.
El presbítero Guillermo Marcó, vocero del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, dijo ayer que “es posible” esa declaración. “Es que, por un lado, lo que está escrito le impide a monseñor el ejercicio de su ministerio. Con lo cual se rompe en forma unilateral un tratado con rango internacional, que es el concordato con la Santa Sede”, señaló.
Por el otro lado, agregó, “el canciller (Rafael Bielsa) dijo que Baseotto puede ejercer su ministerio. Esto es contradictorio y lo que está pidiendo el Vaticano es que se deje sentado por escrito” que éste no está impedido. “La realidad es que es una potestad de la Santa Sede remover al obispo y el Estado no puede impedir el ejercicio de su ministerio”, concluyó.
Todo comenzó cuando el obsipo Basetto sugirió en una carta —a partir de una cita bíblica— que González García merecería que “le cuelguen una piedra al cuello y lo arrojen al mar” a raíz de sus declaraciones a favor de la despenalización del aborto y el reparto de preservativos a los jóvenes ante el sida.
La alusión de Baseotto provocó un profundo disgusto en el Gobierno por su familiaridad con los métodos de desaparición de peronas empleados durante la última dictadura. Kirchner llegó a pedir al Vaticano su remoción del Obsipado castrense, pero Roma rechazó esa solicitud.
Este contenido no está abierto a comentarios

