CASCIOLI: "LOS CENSORES DE LA DICTADURA NO ENTENDÍAN LOS CHISTES NI LOS DIBUJOS"
Le pusieron un equipo de señores tijera para tacharles en rojo lo que no podían publicar. Pero se encontraron con algo nuevo. Acostumbrados a censurar textos, se toparon con un universo de dibujos e historietas que no entendieron, mientras que el público sí. De este modo, Andrés Cascioli, quien fue director de la revista Humor, recuerda a ese gran fenómeno editorial que vendió 200 mil ejemplares en plena represión, y que llega hoy a Rosario convertido en el libro “La revista Humor y la Dictadura”. Una edición de colección que recopila lo mejor de la revista que le devolvió un poco de aire a los argentinos, cuando la dictadores del •76 se empeñaban en ahogarlos.
Hubo que revisar 10 mil páginas para seleccionar las 480 que componen el libro, una edición exquisita destinada a revivir esa pasión de la Argentina que resistió a la última dictadura militar. Un medio gráfico que nació en 1978 con mucho dibujo e historietas, antes que texto político. A esa altura de los tiempos, el terror militar continuaba en auge, pero en una grieta impensada abrevó un proyecto gráfico que terminó por convertirse en un canal cultural antidictadura de amplio alcance.
La colección de Humor de los años de plomo, revisada 25 años después, devuelve a la memoria “los detalles del grosero autoritarismo y la torpeza de Videla y compañía” -apunta Cascioli-, pero también permite ver cómo vivía la clase media en pleno festival represivo y el dólar barato, con el “déme dos” en Miami incluido.
Cascioli, Fontanarrosa, Tabaré, Grondona White, Crist, Oche Califa, entre otras firmas memorables del humorismo gráfico argentino, junto a los lectores que se involucraron de un modo militante con el proyecto, hicieron de Humor una experiencia política que logró horadar los consensos que buscaban los dictadores.
Logró, además, filtrarse a la férrea censura editorial de entonces casi por una casualidad. Un quinteto de hombres, tres representantes de la Iglesia, uno del gobierno y un periodista trabajaban con un lápiz rojo subrayando lo que no podía publicarse. Pero sucedió algo curioso, “no entendían las historietas y los chistes, entonces los dejaban pasar. Los lectores sí entendieron el código, los censores no”, recuerda Cascioli a La Capital, en una charla exclusiva en sus oficinas de la cortada Tres Sargentos, en el bajo porteño.
Cuando advirtieron que Humor les molestaba, y mucho, quisieron golpearla, pero ya era tarde. La sostenían demasiados lectores, el costo político hubiera sido impagable.
Entre los aspectos que alumbra revisar la revista a la distancia, Cascioli destaca el señalamiento que hizo en su momento a los socios civiles de los militares. “El libro cuenta quiénes fueron los Martínez de Hoz, Alemann, Cavallo, Neustadt y Grondona, todos los voceros asociados a los dictadores que nunca fueron castigados, a pesar de que les enseñaron a esconder la plata. Los militares fueron y son perseguidos por la Justicia, pero sus socios civiles no, para ellos no hubo Justicia”.
Cascioli supo desde siempre que el humor es la forma más eficaz de hacer crítica política. “No es nuevo, cuando Perón llegó al poder (en 1946) lo primero que hizo fue cerrar la mejor revista de humor político de la época, que se llamaba Cascabel. No quería que nadie analizara crudamente -como puede hacerse a través del humor- sus políticas. Por el contrario, los militares del 76 no entendieron el código, ellos sólo estaban preparados para censurar textos y no sabían muy bien qué hacer con los dibujos. Eran muy brutos, decadentes -lo demostraron en Malvinas-, a diferencia de Perón, que fue un militar lúcido”.
Para Oche Califa, en tanto, Humor es parte de una tradición del dibujo satírico argentino. “El dibujo que expresa al personaje por dentro, en sentido crítico profundo, que fue muy fuerte en las primeras décadas del siglo pasado y que luego se interrumpió hasta la aparición de Satiricón, en 1972. En el medio hubo humor gráfico, pero con personajes dibujados por fuera -define Oche Califa-, lo meramente gracioso y nada más, como fue el Perón de Lino Palacios, o el Onganía con bigotes como una foca que dibujó Landrú”.
Oche Califa, además, analizó a la revista Humor como el medio que articuló el cambio de la cultura de lo escrito a la cultura de la imagen, claramente dominante en las últimas dos décadas. “La democracia permitió escribir libremente, pero los políticos buscan en la actualidad tener un férreo control de sus imágenes en público, ahí ponen mucho cuidado, buscan asesores, porque descubrieron que es el instrumento de comunicación más poderoso”.
La presentación del libro será hoy, a las 19, en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia. Allí estarán Cascioli, Roberto Fontanarrosa, Tomás Sanz, Enrique Vázquez, Oche Califa y Juan Carlos Muñiz.
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