CASO BASEOTTO: EL GOBIERNO ESPERA AHORA LOS CAMBIOS DESDE EL VATICANO
E l Gobierno ratificó que el obispo Antonio Baseotto “jamás” volverá a ser vicario de las Fuerzas Armadas. Lo hizo a través del canciller Rafael Bielsa, que se reunió ayer con corresponsales extranjeros, en momentos en que la atención del ministerio, y del propio Gobierno, respecto del caso Baseotto se centra en las designaciones que hará el flamante papa, Joseph Ratzinger, en la Curia romana.
Tratándose de un conservador, celador de la doctrina de la Iglesia, la expectativa del Gobierno es moderada respecto de los cambios que podría introducir Ratzinger en el sistema de poder de la Santa Sede.
Sin embargo, en la Cancillería se descuenta el alejamiento definitivo de la secretaría de Estado vaticana del cardenal Angelo Sodano, figura anatemizada por sus fuertes vínculos con el menemismo —a través del ex embajador Esteban “Cacho” Caselli— y quien tuvo en sus manos el caso Baseotto hasta el último día de vida de Juan Pablo II.
La especulación es que, si bien Sodano habría acompañado la elección de Ratzinger en el cónclave, el canciller no sería elegido por el nuevo Pontífice para continuar en el cargo.
Sodano habría sumado por descarte su voto, y el de una buena cantidad de cardenales, a Ratzinger ante la posibilidad de que creciera la candidatura del progresista Carlo Martini, arzobispo de Milán.
Ambos, Ratzinger y Sodano, han sido dos piezas fundamentales del papado de Karol Wojtyla, pero no son personalidades que se tengan afinidad e incluso, tienen perfiles bien distintos.
“Sodano fue operador político. El nuevo Papa siempre ha sido un intelectual”, mencionaban ayer en la secretaría de Culto.
No es seguro en la Cancillería el destino que podría tener el arzobispo argentino Leonardo Sandri, virtual ministro del Interior de la Santa Sede y sustituto de Sodano, otro de los que actuó en el caso Baseotto. Lo más probable es que también deje el cargo.
En el Gobierno sin embargo saben que según la tradición vaticana, los nuevos papas no suelen apurar sus designaciones. Y aspiran a resolver el conflicto en torno a Baseotto en el ámbito reservado de las negociaciones diplomáticas.
El punto de contacto es el actual secretario de Relaciones con los estados, arzobispo Antonio Laiolo, de los pocos que permanecieron en su cargo después de la muerte de Wojtyla.
El Gobierno confirmó que el presidente Kirchner viajará mañana para asistir a la asunción de Benedicto XVI, el domingo, en un gesto de acercamiento hacia el nuevo papado (ver páginas 24 a 28).
Con todo, Bielsa no mostró una sola hendidura en el discurso oficial cuando habló del caso Baseotto ante un grupo de periodistas de medios extranjeros.
El canciller dijo: “La posición del Gobierno es irreductible e irreversible en el sentido de que monseñor Baseotto jamás será el ordinario militar”.
La situación del obispo castrense llevó las relaciones entre los dos estados a un punto muy bajo.
El Gobierno, mediante un decreto del presidente Kirchner, despojó el 18 de marzo a Baseotto de sus atribuciones de subsecretario de Estado y lo desplazó la de vicaría castrense, donde había sido designado durante el gobierno de Eduardo Duhalde por recomendación de “Cacho” Caselli, entonces secretario de Culto.
Un mes antes, Baseotto había enviado una carta al ministro de Salud, Ginés González García, en la que cuestionó sus posición favorable a la despenalización del aborto con una cita bíblica: “A los que escandalizan a los pequeños habría que atarles una piedra al cuello y arrojarlos al mar”.
El Vaticano respondió con dureza. A través de su vocero cuestionó la libertad religiosa en la Argentina y reclamó precisiones sobre el alcance de la medida que afecta a Baseotto.
El sábado 2 de abril, el día de la muerte de Juan Pablo II, la secretaría de Estado envió una nota verbal que, si bien proponía una solución negociada desconoció la autoridad del Presidente para revocar la designación de Baseotto, atribución exclusiva del pontífice.
La carta pasó desapercibida en medio de la agonía del Papa, y acaso ese haya sido el objetivo. Fue el último acto administrativo de Sodano, que ese mismo día cesaba en sus funciones.
Como sea, nadie arriesga que un papado como el que se espera de Ratzinger, con o sin Sodano, vaya a reconocer ninguna validez a la medida de Kirchner.
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