CASO CABRERA: LA HISTORIA DEL CRÍMEN QUE CUENTA EL SUMARIO
El martes 27 de enero la ciudad se despertó con una noticia conmocionante: Sandra Cabrera, titular en Rosario de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar), había sido asesinada con sesgo mafioso y a 48 horas de la última de sus numerosas denuncias sobre corrupción policial en la zona de la terminal, donde trabajaba y vivía. Pocos meses antes había hecho caer a la cúpula de la sección Moralidad Pública de la Unidad Regional II, que con su cadáver aún en la sala de autopsias, el gobierno provincial ordenó disolver. El entonces titular de la cartera política, Alberto Gianeschi, también prometió terminar con los artículos del Código de Faltas que penalizan la prostitución, algo que todavía no sucedió. A cuatro meses y medio del crimen, el juez Carlos Carbone concluyó que el ex agente federal Diego Parvluczyk es el autor, aunque las connotaciones del asesinato aparecen más pasionales que institucionales. ¿Cuáles fueron las alternativas de la investigación, que hasta la semana pasada permanecieron bajo secreto de sumario?
Lo primordial para el magistrado, según el auto de procesamiento, fue “abordar la actividad de la omnipresente sección de Drogas Peligrosas de la Policía Federal en la zona de la terminal y en particular la de Parvluczyk y su relación con Cabrera”. La misma que él redujo a la de mero intercambio de información (dijo que sólo tuvo sexo con Cabrera dos veces, la última la noche del crimen). Sin embargo, los testimonios recolectados situaron el vínculo en el plano afectivo. Compañeras de la víctima relataron que desde 2000 –cuando el ex policía fue trasladado a Rosario– los encuentros fueron frecuentes, aunque a partir de noviembre y durante dos meses habían estado distanciados. Justamente por ese entonces, Parvluczyk inició un romance con otra mujer, a quien veía casi a diario. Aunque la noche del crimen de Cabrera no fue a visitarla. Esta relación finalizó en febrero, después de que el sospechoso se presentara espontáneamente en Tribunales para contar que había compartido con la víctima un rato de su última noche.
Los testigos consultados consignaron que el imputado iba a la casa de Cabrera, en San Lorenzo al 3200, le dejaba plata e incluso conocía a su hija de ocho años. Que ella estaba enamorada y vivía hablando de “Diego”, aunque a veces la relación era tormentosa. Al punto que lo llamaba por teléfono al trabajo o amenazaba con aparecer en su casa, donde vivían además su esposa e hijos. Dos personas mencionaron que la meretriz quedó embarazada de Parvluczyk, pero luego perdió el bebé por un aborto espontáneo o provocado.
Una pareja
La pareja se había conocido porque el agente antinarcóticos detuvo a Cabrera en el marco de una causa federal por droga. Con el tiempo, “ella le entregaba los trabajos, él después iba y los volteaba (a los vendedores o distribuidores)”, reveló una meretriz. Otra dijo que Parvluczyk “le dejaba lo que sacaban de un procedimiento y lo guardaban para meterlo en otro procedimiento”, y que “Diego le había dado droga (a Sandra) para que vendiera… por eso eran las discusiones”. Para el juez, “en este contexto, en que se tejen relaciones matizadas con episodios de connotaciones delictivas, es evidente que la relación ocultaba un costado oscuro”. Ese costado, con aristas laborales y afectivas, habría tratado de borrar para siempre el policía, eliminando a la dirigente de Ammar.
Él desde luego lo niega, sostiene su inocencia e incluso apeló el procesamiento. Pero su “coartada” para la madrugada del 27 de enero es desvirtuada, según el juez, por declaraciones que reunió durante la investigación. En verdad, la única que vio a Parvluczyk cerca del lugar donde apareció el cadáver es una qiosquera del barrio, que conocía a Cabrera y sabía de la relación entre ambos. Esta mujer compareció en varias oportunidades: la primera, en la comisaría 7ª, no mencionó la presencia del agente. Pero al día siguiente del crimen le contó a una meretriz que Sandra se había retirado a las cinco de la mañana con “el federal”. Más tarde agregó que no le había suministrado el dato a la Policía.
Entonces la compañera de Cabrera decidió alertar por teléfono a la Brigada de Homicidios. Lo hizo el 29 de enero en forma anónima, algo que mucho después declararía en el sumario judicial. Carbone chequeó los registros policiales y encontró la llamada. Concluyó que para esa época Parvluczyk “no había sido siquiera mencionado en la causa, ni ningún otro miembro de la Policía Federal, lo que descarta que la testigo haya inventado aquella historia”.
Sin arma
Aunque el arma homicida, calibre 32, no apareció, ni tampoco testigos presenciales del asesinato, Carbone cree que el agente detenido es quien mató a la dirigente de Ammar. “Si yo pierdo, vos también perdés”, le dijo una vez Cabrera a Parvluczyk, según el expediente. La tarde del lunes 26 los dos se encontraron y él le sugirió que esa noche evitara salir a trabajar. Pero Cabrera no fue a dormir, a pesar de que al otro día viajaba a Cosquín con una amiga, por lo que estaba contenta. En cambio, un transeúnte la encontró baleada en la nuca, boca arriba y con los ojos abiertos, frente a un pasillo de Iriondo al 600. Hoy Parvluczyk está preso y procesado por su alevoso final.
Maniobras para desviar la atención
La pesquisa también incluyó maniobras para desviar la atención de los detectives hacia otros agentes de Drogas Peligrosas, según la resolución. Un intento fue la aparición de una gorra de la Policía Federal, supuestamente encontrada por Cabrera padre en el domicilio de su hija. La presencia de la gorra, que pertenecería a un compañero del imputado, se descarta al momento de la muerte: no surgió del allanamiento en la vivienda, practicado ante los ojos del propio Cabrera. En el mismo marco se inscriben los anónimos que empezaron a circular haciendo referencias desfavorables al jefe de Diego Parvluczyk, subcomisario Alberto Lomonte, y a otro miembro de Drogas Peligrosas. Cuando se hizo pública la relación entre Parvluczyk y la fallecida, éste fue pasado a disponibilidad. Más tarde también Lomonte fue separado de la fuerza.
La cuestión de la custodia policial retirada antes de la noche fatal
La titular de Ammar, Sandra Cabrera, había ganado notoriedad en los últimos años en su rol de dirigente sindical de las meretrices. Su voz se escuchaba cada vez con mayor frecuencia en los medios de comunicación, para denunciar atropellos de parte de la policía de la provincia. Raramente hablaba de la Federal. Como ella y su hija –que hoy vive en San Juan– habían sido amenazadas, el gobierno santafesino les asignó una custodia que poco antes del asesinato fue retirada.
Este punto siempre fue cuestionado por sus allegados, aunque el juez Carlos Carbone finalmente lo minimizó. “Es probable que no hubiera tenido efecto sobre el homicidio porque a pedido de la propia Cabrera se limitaba a cuando estaba en su casa y no cuando salía ni mucho menos cuando ejercía la prostitución”, sostuvo el magistrado en su resolución del jueves pasado.
El magistrado también descartó la existencia de una zona liberada y la hipótesis de que el tiro hubiera venido de Moralidad Pública. Por cierto, seis de sus integrantes prestaron declaración informativa en la causa.
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