Causa Ilarraz: el fiscal Ramírez Montrull espera que se resuelva la apelación del procesamiento para pedir la elevación a juicio
La defensa apeló el procesamiento del sacerdote acusado por abusos en el Seminario de Paraná.El viernes 10 de julio, la titular del Juzgado de Transición Nº 2, Susana María Paola Firpo, dictó el procesamiento del cura Justo José Ilarraz en la causa penal que investiga los abusos a menores en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo. La decisión de la magistrada se conoció alrededor de las 22 de ese día, el último día hábil en la Justicia, previo a la feria judicial que se extendió durante las últimas dos semanas. El receso impidió cualquier resolución posterior a esa medida de la magistrada. Aunque vuelta la actividad en los Tribunales, lo primero que ocurrió es la apelación a ese procesamiento por parte de la defensa del cura Ilarraz, a través de sus defensores; Juan Ángel Fornerón y Jorge Muñoz. Recién cuando ese procesamiento quede firme, el fiscal Juan Francisco Ramírez Montrull hará el pedido de elevación a juicio oral y público de la causa de los abusos en el Seminario. De modo que la causa “Ilarraz Justo José s/Promoción a la corrupción agravada”: tiene dos frentes abiertos: el recurso extraordinario presentado ante el Superior Tribunal de Justicia (STJ), para que habilite el camino de la Corte Suprema de Justicia de la Nación respecto al rechazo de la prescripción dictado por la Cámara de Casación Penal; y la apelación al auto de procesamiento dictado por la jueza Firpo.
En su resolución, la jueza se inclinó por la credibilidad del relato que formularon las siete víctimas, todos exestudiantes del Seminario, quienes declararon haber sido abusados por Ilarraz cuando estudiaban el secundario como pupilos, y el cura era prefecto de disciplina, entre 1985 y 1993. En su resolución, Firpo sostuvo que “la coherencia mantenida por las víctimas en los relatos de los hechos a través del tiempo y su comunicación a terceros ?sin variaciones en lo esencial- desde antes, incluso, de la denuncia ante Karlic, permiten otorgar a estas versiones testimoniales un margen de credibilidad que aporta un peso extra de convicción que quiebra el equilibrio probatorio”.
Víctima
Entre esas siete víctimas está P, quien relató en la Justicia de qué modo fue abusado por Ilarraz cuando tenía apenas 12 años, y también contó el flagelo de los adoctrinamientos de las víctimas que ejecutaba el cura para vender su reticencia. “P, no basta con ser bueno, tenés que ser muy bueno”, le decía Ilarraz. Ser muy bueno para el cura suponía acceder a todos sus requerimientos.
P salió de la Iglesia, rearmó su vida pero cargó por demasiados años con el dolor de los estragos que le produjeron aquellos abusos de Ilarraz. Y por eso ahora solamente espera que el cura vaya a juicio oral, y así, dice, “poner las cartas sobre la mesa. Es hora de la verdad, le cueste a quien le cueste. A nosotros, lo que nos duele profundamente es que haya sacerdotes, e incluso el obispo, que salgan a decir semejante barbaridad y semejante mentira de que nosotros queremos ensuciar a la Iglesia. Todo lo contrario. La Iglesia hace rato que está sucia y nadie la limpia”.
“Esa frase la dijo el padre Juan Diego (Escobar Gaviria, de la Cruzada del Espíritu Santo, discípulo del padre Ignacio, NdelR). Es vergonzoso. No sé si se le terminaron los oráculos a ese cura o qué. ¿Cómo va a tener ese tipo de expresiones? A mí no me entra en la cabeza que tenga expresiones de ese tipo, como decir también que nosotros denunciamos después de tanto tiempo. Eso es desconocer la subjetividad de las personas, desconocer el dolor, es desconocer la aflicción y la angustia que padecen las víctimas. Un hombre de Dios, como se dice de sí el padre Juan Diego, un hombre de Dios que cura, que desconozca lo más profundo del dolor, es totalmente vergonzoso”, contó la víctima.
Dice que si es así, que hablaron después de tantísimos años, es solamente “porque nos ha callado el dolor”. Pero por eso, por todo eso, afirma P, “no nos creemos especiales ni nada por el estilo. Solamente queremos sanar nuestro dolor, nada más”.
“Ellos (se refiere sobre todo a la jerarquía católica de Paraná) no quieren perder. Primero, no quieren perder la credibilidad frente a la gente sencilla; segundo, no quieren perder los privilegios. Reconocerse que hicieron mal es perder eso, es perder privilegios, credibilidad y perder lo que a ellos les interesa, el poder sobre las conciencias. Entonces, yo creo que principalmente les duele esto. Frente a Dios y frente a la gente sencilla, tienen que reconocer que se han equivocado, y que están sucios. Y eso automáticamente le deviene en una pérdida de credibilidad, que ya la han perdido. Lo que pasa es que ellos tienen que sostener un discurso frente a la gente que los rodea todos los días. Pero lo lamentable para ellos es que se van a despertar algún día y van a ver que están solos. La mentira y el encubrimiento los va a dejar solos”, remarcó.
Sobre el hecho de que la Iglesia de Paraná no reconoce culpas propias en el caso Ilarraz, el joven manifestó: “A mí me sorprende la frialdad y la distancia que ponen estas personas al decir que no sabían nada, que no había ninguna denuncia. Esto, todo esto del caso Ilarraz, se sabía ya desde hace tiempo. Nadie puede decir que no lo sabía. Lo que pasa es que ellos se atajan en la formalidad. Y para ellos, la carta de un cura no es formalidad. Cuando las víctimas de Ilarraz fuimos a tocar el timbre del Arzobispado para presentar una denuncia, nos recibió un empleado administrativo”.
En esa línea, añadió: “Se creen de una clase superior, como que están a la altura del Dios que ellos proclaman, incluso más allá de la Justicia. Se creen capaces de decir y de hacer. Retan a las conciencias de las víctimas, retan a lo que sea. Realmente se han puesto en el lugar de Dios. Para mí, eso es lo más grave de todo, que no se ponen en el lugar de donde Dios realmente está, que es en el dolor de las víctimas. Me parece que se están equivocando. La pregunta es qué están escondiendo. ¿Están escondiendo complicidad? ¿Qué es lo que esconden que los compromete?”.
Más adelante se le consultó sobre qué les pasó a las víctimas después del fallo del procesamiento: “Desde el inicio de la causa, muchos apostaron a esconder y que esto prescriba. Y cada paso que se va dando en la Justicia es como que a ellos les va tirando abajo ese plan macabro. A nosotros, claro, cada vez que la Justicia falla a favor nuestro, nos da más esperanza. Nosotros crecemos en nuestra esperanza mientras a ellos se les desvanece el encubrimiento y la mentira. Yo creo que esto es un signo claro de Dios, si uno lo quiere mirar con fe. En el Dios que nosotros creemos, no en el que ellos proclaman. Nosotros, a partir de este fallo, no tenemos palabras para definir lo que sentimos: es un alivio”, consignó El Diario.
Fuente: Análisis Digital
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